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23/01/2026

Primer contacto...en la Tierra

Me interesa anticipar que el artículo que viene a continuación es un "reblog" (republicación, copia) desde Cultura Cientifica, acorde con la licencia Creative Commons que reza al pie de su sitio. Es un artículo muy interesante que quiero compartir, pero tambien tenerlo a mano en mi blog:

¿Y si no estamos buscando en el lugar adecuado? ¿Y si antes de plantearnos cualquier intento de comunicación con una civilización extraterrestre deberíamos intentar entendernos con las otras especies que pueblan nuestro planeta? Se sabe que cetáceos, aves, elefantes, pulpos utilizan formas de comunicación que apenas estamos aprendiendo a descifrar y que se encuentran profundamente ligadas a la corporalidad, al entorno, al modo de existencia… No son humanas, no se articulan en lenguaje humano y, sin embargo, cumplen perfectamente la función de transmitir información relevante entre individuos, coordinar grupos o estructurar relaciones sociales complejas. La ciencia ficción, así como las metáforas y tropos de los que hace uso este género llevan décadas explorando esta cuestión: la de intentar comunicarnos con «algo» que no entendemos, y la mayor parte de las veces no plantea la cuestión como una imposibilidad técnica, sino como un choque, bien cultural, bien biológico, entre otros enfoques.

La comunicación es la excusa que le permite a la ciencia ficción hablar de diferentes maneras de ser, estar y entender el mundo. A veces el conflicto pasa por asumir que el lenguaje no es separable del cuerpo ni del entorno. En Embassytown (2011), de China Miéville, conseguir comunicarse con los Ariekei es una cuestión, por un lado, de que su lenguaje está anclado a su fisiología —tienen dos bocas y dos cerebros sincronizados, algo indispensable para poder entenderse con ellos—, y, por otro, de que son una especie incapaz de mentir ni de separar el lenguaje de la realidad —no utilizan, por ejemplo, metáforas—. En esa misma línea, Ursula K. Le Guin en El nombre del mundo es bosque (1972) sugiere que a veces el problema no es hablar ni transmitir, sino escuchar, y que el canal comunicativo puede ser el propio medio en el que se vive, no un «código» abstracto. Otras obras insisten en que el obstáculo no está solo en el cuerpo físico, sino en las categorías cognitivas desde las que se ordena la experiencia. Probablemente, la gran mayoría haya visto La llegada (2016) —basada en el relato «La historia de tu vida» (1998), de Ted Chiang— y recuerde cómo la percepción no lineal del tiempo de los heptápodos es esencial para entender su idioma; se nos exige cambiar por completo de marco mental. Por otro lado, en Babel-17 (1966), de Samuel R. Delany, el lenguaje no solo describe el mundo, sino que le da estructura. Hay otras historias que van más allá y ponen en duda que comunicación implique necesariamente comprensión, empatía o consciencia, como Visión ciega (2006), de Peter Watts. Por no mencionar a uno de los escritores que más exploró las fronteras de la comunicación interespecie, Stanislaw Lem, como podemos ver en Edén (1959), Solaris (1961), El invencible (1964), La voz del amo (1968), Fiasco (1986)… Pero no es necesario, en cualquier caso, irse a otro planeta para enfrentarse a lo desconocido. A Ray Nayler no le hizo falta en La montaña en el mar (2023), porque para él, lo alienígena no es lo que está más allá de la Tierra, sino, simplemente, aquello a lo que no prestamos atención. En conjunto, todas estas historias apuntan a lo mismo: entender al «otro» implica, para empezar, desconfiar de nuestras intuiciones sobre qué es lenguaje, qué es significado y qué condiciones hacen posible la comunicación.

comunicación no humana
Muchas novelas de ciencia ficción han explorado cómo se relacionan el lenguaje y la comunicación con la propia existencia.

Pero ¿qué tiene que ver todo esto con la ciencia y con nuestros intentos de comunicarnos con otras especies terrestres? Como siempre, más de lo que parece. Porque las preguntas que lleva planteando décadas la ciencia ficción son las mismas que se plantea hoy la ciencia: ¿cómo podemos comunicarnos con una forma de vida que no comparte nuestras categorías cognitivas, sensoriales ni simbólicas?

Desde que, alrededor de las décadas de los sesenta y setenta se demostrara que los cantos de las ballenas jorobadas seguían ciertos patrones, se planteó que los cetáceos podían estar utilizando sistemas complejos de comunicación. Fue un tema que estuvo bastante de moda durante un tiempo. Personalidades como Carl Sagan se aproximaron a él —en su caso, estudiar el posible lenguaje de los delfines era una especie de «ensayo general» para poder enfrentarnos algún día a la comunicación con formas de vida extraterrestres— y la comunicación con ballenas también forma parte importante de la trama de Star Trek IV: Misión salvar la Tierra (1986). Hoy, la cuestión está más viva que nunca gracias al Proyecto CETI[1] (Cetacean Translation Initiative), que, desde 2020, intenta descifrar el lenguaje acústico de los cachalotes gracias a un equipo pluridisciplinar formado no solo por biólogos marinos y lingüistas, sino por perfiles diversos dentro del ámbito de la computación y la inteligencia artificial. Gracias a los métodos actuales —hidrófonos, etiquetado contextual y modelos de aprendizaje automático— pueden recopilar grandes volúmenes de datos acústicos y analizarlos con modelos similares a los que hoy se están utilizando para representar el lenguaje humano con modelos de IA. En este caso, no se trata tanto de buscar palabras o frases que puedan asemejarse a las que nosotros usamos, sino de buscar patrones, de detectar estructuras jerárquicas, regularidades… y estudiar cómo se relacionan con las dinámicas sociales de estos animales.

comunicación no humana
Un cachalote hembra y su cría. Entender cómo se comunican estos animales podría ayudarnos a entender la complejidad de sus relaciones sociales. Foto:: Gabriel Barathieu CC BY-SA 2.0

El momento en el que ha aparecido un proyecto como CETI no es casual. Por primera vez en la historia tenemos datos, cantidades ingentes de datos, a nuestra disposición, así como capacidad para analizarlos. El uso de modelos de inteligencia artificial en este campo nos permite, además, buscar patrones reduciendo el sesgo de imponer categorías humanas, algo que, como bien nos enseñó la ciencia ficción, es el primer prejuicio que deberíamos eliminar al abordar una empresa como esta. El Earth Species Project se fundó en 2017, precisamente, con ese propósito, pero con una visión más amplia que CETI: no se limita a cachalotes, sino que cualquier especie de nuestro planeta tiene cabida. Han desarrollado incluso su propio gran modelo del lenguaje «de la naturaleza»: NatureLM-audio. BirdNet, por otro lado, es un proyecto que detecta y clasifica sonidos de aves tanto para uso científico como general haciendo uso de redes neuronales, y cuenta con una aplicación móvil a la que cualquier ciudadano que quiera colaborar con el proyecto —o disfrutar de él— puede acceder. Por último el Elephant Listening Project, estudia la comunicación de los elefantes africanos mediante vocalizaciones infrasonoras y vibraciones del suelo, un pequeño recordatorio de que, tal y como propusieron Le Guin y Miéville, el canal comunicativo puede ser el propio entorno y escuchar puede implicar ir más allá de las impresiones sensoriales a las que estamos acostumbrados.

Esquema del funcionamiento de NatureLM-audio. Fuente: Robinson et al. (2025) / MIT License / Earth Species Project

Como ya adelantó la ciencia ficción, estos proyectos demuestran que, con toda probabilidad, entender al «otro» implica, para empezar, dejar de hablar en nuestro propio idioma e intentar salirnos de nuestro propio mundo comunicativo, sensorial, físico y cultural. Quizá el lenguaje, en general, no sea solo lo que nosotros entendemos por lenguaje. Quizá traducir no sea siempre el verbo más adecuado para describir lo que supone entender formas de comunicación de especies distintas a la nuestra. Y quizá los alienígenas estén más cerca de lo que pensamos.

Bibliografía

BirdNET

Earth Species Project

Elephant Listening Project

Project CETI

Robinson, D., Miron, M., Hagiwara, M., y Pietquin, O. (11 de noviembre de 2024). Introducing NatureLM-audio: An audio-language foundation model for bioacousticsEarth Species Project.

Robinson, D., Miron, M., Hagiwara, M., & Pietquin, O. (2025). NatureLM-audio: An audio-language foundation model for bioacoustics. En Proceedings of the International Conference on Learning Representations (ICLR 2025)OpenReview.

The Care Project Foundation (8 de junio de 2022). A secret language: Infrasonic communication in elephantsThe Care Project Foundation.

Nota:

[1] De nuevo, CETI evoca a SETI, la búsqueda de inteligencia extraterrestre.

Sobre la autora: Gisela Baños es divulgadora de ciencia, tecnología y ciencia ficción. 

24/07/2024

El festival del Planeta

 


Esto es en  Brno en la República Checa. Se trata de un festival popular relacionado con la Ciencia Ficción. Lo llaman el Festival del Planeta y aunque por el nombre lo podría parecer, su tema central no es la ecología, sino la astronomía y la ciencia ficción (en realidad, una extraña pareja). Desde el pasado 11 de julio el parque, alrededor del parque del Observatorio y Planetario de Brno, han montado estas esferas inflables de 10 metros de diámetro que son representación de los cuerpos principales del Sistema Solar. Por la tarde noche hay representaciones  en vivo de voluntarios que teatralizan escenas relacionadas con películas míticas. Hay charlas de astronomía. Pasan películas en un cine al aire libre y todo es gratis, excepto las consumiciones. Está permitida la asistencia de mascotas. No hay alcohol.

El primer dia, la naturaleza les obsequió con un atardecer hermoso plagado de rayos anticrepusculares como podemos observa en la foto de  Pavel Gabzdyl. No es algo muy extraordinario; sucede bastante amenudo y solo se trata de la proyección de las sombras originadas por nubes cercanas al horizonte que están frente el punto de atardecer.


30/04/2023

Otra escena inolvidable: Cotopaxi

Encuentros en la Tercera Fase

27/04/2023

Y me cantó

 



Traducida como "Encuentros en la Tercera Fase" invita a preguntarse por qué los traductores al español, obviaron u olvidaron el calificativo cercanos. 
En realidad el título del film debería ser «Encuentros cercanos de tipo tres» que resulta menos comercial. 

Un relato totalmente circular, de ciencia ficción, que nos cuenta un contacto con alienígenas. Estas escenas magistrales, de unos seis minutos y medio al principio de la película, son imprescindibles para la comprensión del relato entero. 
En el desierto de Sonora, finalizando la década de los 70' aparecen elementos bélicos, entre otros, unos cuantos de los míticos cazas norteamericanos Grumman TBM Avenger (Vengador), cuyos números de identificación corresponden a aviones desaparecidos misteriosamente en 1945. 
Todo en el interior de las cabinas parece indicar una total ausencia de violencia e incluso algunas pertenecías de los pilotos siguen ahí.

El lugareño medio ciego, que es interpelado por los investigadores, solo sabe decirles que:
El Sol salió anoche y me cantó.

Es al final de la película, cuando el contacto se lleva a cabo, cuando se cierra el círculo al tiempo que se abre otro nuevo. Los pilotos, junto con otros abducidos, son devueltos 32 años después, al tiempo que el niño protagonista se dispone a vivir una experiencia semejante.  

Un intento literario de "endulzar" la temática de las "abducciones". Temática controvertida, creída ciegamente por algunos y motivo de sonrisas para otros. 

15/01/2023

Terrabis (Tierra Bis)

 Narrativa/Ciencia ficción/803 palabras.


Harunna había nacido en la Tierra, en el año 2214, en una de las ciento trece ciudades con más de 30 millones de habitantes.
Un mundo de superpoblación desenfrenada que provocaba en los seres humanos una sensación de insignificancia y temor constante. Las leyes habían dejado de ser flexibles y la tolerancia era algo olvidado. El que la hace la paga, era un lema internacional. La pena de muerte había sido sustituida por algo novedoso y posiblemente igual de cruel: Convertir el reo en un humano biónico. Su cerebro, consciencia incluida, claro, era depositado en una máquina que trabajaría para la sociedad. Podría sentir incluso placeres programados, pero no sería ni libre ni independiente.
La ciencia y la tecnología habían conseguido unos avances impensables tiempo atrás. De modo muy especial después de aquel episodio en que tres virus distintos habían conseguido penetrar en células humanas en un periodo de tan solo  40 días. Si bien no se trataba de virulencias terminales, las consecuencias de esas infecciones motivaron la investigación, acelerando el perfeccionamiento de los editores genéticos hasta niveles que ni siquiera se habían imaginado décadas antes. Crear un órgano y reponerlo en el cuerpo de un paciente, era lo más corriente en cirugía. 
El Código Deontológico ya no se parecía al de solo dos siglos atrás, pero aun así se mantenía, por ejemplo, la prohibición de reponer un cuerpo, más allá de cuatro órganos. La tecnología permitía inclusive la totalidad del cuerpo; dicho de otro modo, era posible trasladar una cabeza a un nuevo cuerpo, pero estaba terminantemente prohibido.

La NASA, había desaparecido y su lugar lo ocupaba una evolucionada  IASA (International Aeronautics and Space Administration). Y en aquel mundo superpoblado a punto de alcanzar los 20.000 millones de humanos, su programa estrella se llama Terrabis. (Tierra Bis)
Terrabis es ambicioso y solo tiene un propósito: Hacer posible la continuidad de la especie, ocurra lo que ocurra en nuestro planeta. Terrabis tiene la pretensión de enviar un grupo de parejas humanas "modificados" hasta el exoplaneta Kepler-22b a seiscientos años luz de nuestro mundo.

Harunna, líder de la expedición, lleva años preparándose y por muy extraño que pueda parecernos, se trata de algo vocacional y desde niña. Estudios avanzados y una preparación paulatina para ir perdiendo su cuerpo y adaptando su mente. Pero antes, escogerá su pareja, con la cual tendrá dos hijos, con los que apenas convivirá poco más de un año. Entonces la prole, será entregada a la hermana de Harunna. 
El mismo proceso de adaptación psico-corporal, tiene lugar con Karmán, el compañero escogido y al cual conoció en su tierna adolescencia. Tiene su misma edad. 
Y el programa se encamina a que su matrimonio no solo sea una unión convencional. En su proceso hacia la condición de ciborgs, sus cerebros, sin perder su propia individualidad, trabajarán juntos y compartirán aquello que sustituye sus cuerpos y que podemos entender como los «periféricos» de un ordenador biológico. Periféricos  que llegan incluso hasta el vehículo que los transportará y con el cual trabajarán en Terrabis.
Con ellos, perfectamente congelados y resguardados, viajarán, (además de cinco parejas más en estado suspendido permanente),  una cantidad de óvulos y esperma, previamente seleccionados de unidades genéticas consideradas óptimas. Máquinas gestadoras harán posibles nuevos individuos igualmente biónicos, sin un cuerpo mamífero y bípedo. Cerebros que serán depositados en unidades  semirobóticas cuya misión es «terraformar» Kepler 22b para hacer posible la habitabilidad. 
Harunna y Karmán harán el viaje en estado de vitalidad suspendida, pero al contrario de las otras parejas, despertarán periódicamente para realizar diferentes tareas programadas.

  • 14 de abril de 2240.  - Harunna y Karmán tienen dos hijos gemelos.
  • 7 de febrero de 2241 - Los hijos de la pareja, son entregados a la hermana e inician el proceso de "descorporización" y adaptación psicológica.
  • 20 de agosto de 2244 - El Instituto para la Ética Extraplanetaria responsable de la revisión de los procedimientos, decide que una vez parta la misión, jamás se intentará contactar ni indagar sobre los resultados. La humanidad se limitará a tomar una posición pasiva y de espera de noticias y resultados, los cuales no son posibles hasta como mínimo 1200 años o más. 
  • 1 de marzo 2245 - El mundo permanece expectante mientras la misión parte hacia el asentamiento lunar, desde el cual despegarán unos días después en busca del agujero de gusano que posibilitará su desplazamiento hasta el sistema estelar Kepler.
  • 7 de marzo 2245 - La misión finalmente comienza su largo viaje.

Año 3615:
Una colonia terrícola en Marte, recibe la visita de viajeros interestelares que dicen encaminarse hacia la Tierra, procedentes de Terrabis Kepler. Son esbeltos y más altos de lo normal. Todos alcanzan los 220  cm. y como único rasgo diferencial tienen seis dedos en cada mano. Con ellos viajan también otros seres que ellos califican de hermanos. Son claramente ciborgs y de menor estatura.
Las autoridades han puesto en marcha un protocolo de acompañamiento hasta la Tierra. No llevan arma alguna.