Me recuerdan los ojos de un fantasma. NGC 3169 y NGC 3166 (izquierda y derecha) son dos denominaciones de catálogo astronómico que nos dicen poco al pueblo llano. Solamente son dos de las innumerables galaxias que pueblan el universo. Se encuentran a tal distancia que, para que lo reflexiones, te diré que la luz procedente de ellas y que captó el dispositivo fotográfico del telescopio, salió de allí, hace aproximadamente 70 millones de años, cuando los dinosaurios poblaban nuestro planeta. Es dificil conceptuar esas ditancias, ¿verdad?
Interactúan gravitacionalmente entre ellas y están destinadas a fusionarse en una sola. Muy parecido a lo que le ocurrirá a nuestra Vía Láctea con la galaxia vecina, Andrómeda; cosa que evidentemente no veremos, no solo nuestras generaciones futuras, sino casi con toda seguridad, nuestra especie. Y hablando de ver, fíjate que en la misma foto, se pueden ver pequeños puntitos de forma ovaloide y algo difusos. Eso son otras galaxias. Para ubicar esto en el cielo, tienes que situarte un poco al sur de la estrella (muy brillante) Regulus, pero si no tienes un buen chisme telescópico, no pierdas tu valioso tiempo. Consuélate pensando que, gracias a la actual tecnología astrofotográfica, podemos ver imágenes que las anteriores generaciones ni siquiera pudieron soñar.
¿Puedes encontrar el cometa? En algún lugar de esta red de estelas de satélites se encuentra el cometa C/2025 R3 (PanSTARRS) , un brillante visitante que atraviesa el sistema solar interior. Los satélites en órbita (no somos muy conscientes de la cantidad de artilugios que tenemos sobre nuestras cabezas) aparecen como estelas debido a la larga exposición de la cámara, de más de 10 minutos en este caso. Es decir, la cámara montada en un trípode, mantiene su obturador abierto durante 10 minutos.*
Sin embargo, si contemplamos la escena a simple vista, los satélites se ven como puntos que se desplazan lentamente por el cielo nocturno y brillan al reflejar la luz solar, principalmente justo después del atardecer y antes del amanecer. La imagen de arriba, fue tomada justo antes del amanecer, la primera semana de abril, desde Baviera, Alemania. Actualmente, el cometa R3 PanSTARRS es difícil de ver por su proximidad angular al Sol. A medida que el cometa orbita alrededor del Sol, se verá mejor desde los cielos del hemisferio sur, se irá desvaneciendo.
Si aún no has encontrado el cometa en la imagen, no te preocupes; observa con atención justo encima del centro de la imagen. Él, durante esos 10 minutos, apenas se movió.
* En realidad, detecto que se trata de diferentes exposiciones sobre el mismo fotograma, y por eso se ven línes discontinuas en los satélites más lentos. Probablemente sumen más de 10 minutos. En cuanto al suelo, seguramente se ha sustraído el resultado con Photoshop y se ha sustituido por otra capa con una exposición "no acumulada"
Según escribo estas líneas, varios telescopios y sondas captan datos e imágenes del cuerpo celeste 3I/ATLAS. El tercer objeto interestelar conocido cruza rasante el sistema solar que habitamos. Sabremos algo sobre él –y algo más sobre el cosmos– cuando haya desaparecido en el inmenso (casi) vacío cósmico. También estamos siguiendo la aventura de los astronautas que más se han alejado nunca de la Tierra. Y esperamos ansiosos el eclipse total que se verá, en agosto, desde la península ibérica.
Una vez que todos estos acontecimientos pasen, los humanos seguiremos detectando y estudiando exoplanetas, estrellas, púlsares, cuásares, galaxias, cúmulos y supercúmulos galácticos, ondas gravitacionales, etc. Barruntaremos también modelos cosmológicos para describir y explicar el origen y el destino de este universo, y continuaremos ideando métodos de propulsión para salir del ámbito del Sol y convertirnos en una forma de vida interestelar.
Quién alzó la vista
Es imposible responder con precisión quién miró al cielo por primera vez. Podemos aventurar que hubo un lejano antepasado que observó el firmamento y estableció relaciones entre lo que vio y los fenómenos naturales de los que dependía estrechamente su supervivencia.
Una de las propuestas sobre evidencia arqueológica más remota en el tiempo relacionada con la observación del cielo es la realizada por la investigadora francesa Chantal Jègues-Wolkiewiez. En 2020, sugirió que la galería de las imágenes figurativas en la pared principal de la cueva de Lascaux representaba un mapa de las estrellas de las constelaciones principales tal y como aparecieron en el Paleolítico.
Sin embargo, es posible que los orígenes de esta vinculación de nuestros ancestros con los astros sean más antiguos. Con apoyo en la evidencia acumulada, parece razonable sugerir que las capacidades cognitivas para ello estaban instaladas mucho antes. Y que dicha adquisición no fue algo acaecido de la noche a la mañana, sino el resultado de un proceso gradual y complejo que involucró a miembros arcaicos de nuestra estirpe y, probablemente, a representantes de otras especies, subespecies o linajes.
Contamos con pruebas que aluden a esas capacidades cognitivas remotas. En el contexto de las prácticas funerarias y de la posible creencia en una vida tras la muerte, existen varios enterramientos con ofrendas en la zona de la actual Israel datados en hace más de 120 000 años. Además, hay dos grandes círculos con una antigüedad estimada de 176 000 años y creados con estalactitas y estalagmitas en una zona casi inaccesible de una cueva francesa que sugieren alguna actividad ritual entre neandertales.
En referencia a lo que entendemos por arte –posiblemente también obra de nuestros hermanos evolutivos– hay tres pinturas en cuevas españolas datadas al menos 66 000 años antes de nuestra era. Además, se han hallado ornamentos que atestiguan un simbolismo relacionado con la identidad personal, social o grupal, en forma de uñas de rapaces empleadas como collares o colgantes, y pigmentos para, quizás, decorar la piel, el cabello o los ropajes.
En definitiva, es posible determinar la existencia de un pensamiento abstracto. Éste avala a nuestros lejanos ancestros directos, así como a otras especies del género Homo, para observar el cielo con curiosidad y establecer conexiones con lo tangible y vital.
¿Por qué?
La respuesta a las razones que les llevaron a mirar el cielo es polifacética. Sin embargo, probablemente lo que hoy nos impulsa a explorar el resto del cosmos no difiere mucho de aquello que les empujó a ellos a observar el cielo y los objetos cuya luz, propia o reflejada, los hace visibles en la negrura de la noche.
Nuestras mentes son, entre otras mil cosas, máquinas de detección de patrones. Y cuesta imaginar un patrón natural más omnipresente y sempiterno –más obvio y a la vez misterioso– que el ciclo de los días y las noches. La presencia de tres conceptos en la respuesta a ese “por qué” se antoja inevitable: curiosidad, pulsión exploradora e instinto de supervivencia. Rasgos atemporales y universales de la mente de los peculiares primates que habitamos un diminuto y anodino punto azul pálido.
Objetos de hueso y piedra con incisiones que siguen patrones (paralelismo, homogeneidad y equidistancia) creados, probablemente, por especies distintas a Homo sapiens en Europa. Podrían representar un sistema numérico básico relacionado con la observación de los objetos celestes. En concreto, la figura A pertenece a Grotte du loup (Arcy-sur Cure, Francia); la B, a La Ferrassie (Francia); la C, a Quneitra (Israel); y la D, a Bilzingsleben (Alemania).Don Hitchcock en Donsmaps.com y The Wenner-Gren Foundation for Anthropological Research
¿Para qué?
Como en cualquier otra faceta del comportamiento que estudiemos, querer satisfacer las necesidades básicas es inevitable. Descubierto el vínculo entre los ciclos temporales, regidos por el movimiento de los astros, y la conducta de los herbívoros de los que dependía la supervivencia, resulta evidente una finalidad pragmática en la observación de, por ejemplo, las fases lunares.
Los nacimientos y migraciones de las especies animales que supusieron un recurso vital estuvieron, están y estarán fuertemente vinculados a la sucesión cíclica de las estaciones. Esta es predecible, a su vez, por el registro del tiempo a través del conteo y notación de días y noches o de los ciclos de la Luna. Así, aquellos cazadores-recolectores con mentes capaces de vincular los ritmos celestes y las conductas fenológicas de los animales y plantas debieron descubrir la conveniencia de pautar el paso del tiempo según la periodicidad de los movimientos aparentes de los astros.
Placa de hueso de unos 30 000 años de antigüedad, procedente del Abri Blanchard (Dordoña, Francia), que se cree que representa las posiciones de la luna creciente y menguante en forma de serpiente.Emilia Pasztor/Türr István Museum
Esta línea de argumentación podría, por otro lado, arrojar luz a la hora de interpretar parte del enigmático “arte paleolítico”, aquel que mezcla representaciones figurativas de los animales cazados con notaciones numéricas, tal y como se sugirió hace unos años.
Al contrario que nosotros hoy día, cegados por el absurdo exceso de iluminación artificial, nuestros ancestros, pese a sobrellevar existencias durísimas marcadas por el objetivo omnipresente de sobrevivir, tuvieron el privilegio de contemplar el firmamento en toda su magnificencia.
Es difícil escapar a la conclusión de que esos cielos se instalarían en sus mentes como mapas en los que la Luna y las estrellas hiciesen de balizas para la supervivencia. Tal vez, además, funcionaron como una primordial fuente de inspiración para el desarrollo de creencias y mitos que favorecían el desarrollo de la creatividad, el simbolismo, el lenguaje, el comportamiento funerario o eso que llamamos “arte”.
La arqueología paleolítica nos brinda preciosos indicios de que hubo mentes inquietas desde la noche de los tiempos que dejaron delicados testimonios de su curiosidad y de su necesidad de sobrevivir.
El comandante de Artemis II, Reid Wiseman, nos brindó otra vista espectacular de la Tierra durante su histórico sobrevuelo de la Luna. El video del comandante Wiseman , grabado con un iPhone —¿otro input de publicidad encubierta?— con un zoom de 8x, muestra cómo la Luna oculta gradualmente nuestro planeta. De forma parecida a como en la Tierra, la rotación planetaria de 24 horas provoca que el Sol se ponga por debajo del horizonte cada noche. Sin embargo, en esta vista desde Artemis II, la puesta de la Tierra no fue causada por la rotación de la Luna , sino por el movimiento de la nave espacial situada detrás de la Luna (aproximadamente a los 55 segundos en el video).
Vivimos en un bote salvavidas, rodeado por una inmensa oscuridad, flotando en un espacio inquietante. Al igual que nosotros cuatro formamos unidos la tripulación de esta nave, todos constituimos la tripulación de ese bote salvavidas. (Christina Koch)
Hemos visto multitud de fotografías relacionadas con la misión Artemis II. Muchas de ellas compiten en perfección y belleza fotográfica. No resulta fácil escoger una favorita, especialmente, si de lo que se trata es de armonizar diferentes criterios (documentales, narrativos, artísticos, etc.). En mi modesto entender y como fotógrafo, esta que figura como cabecera de la entrada, es mi candidata.
E(caps)n el sexto día de vuelo (6 de abril), la misión Artemis II logró un histórico sobrevuelo lunar . Al rodear la cara oculta de la Luna, la nave espacial Orion Integrity alcanzó una distancia máxima de algo más de 407.000 kilómetros, y la tripulación de Artemis II, redefinió el récord de la mayor distancia desde la Tierra recorrida por un ser humano desde la tripulación del Apolo 13 en 1970. Y por bien que algunos comentarios subrayan esta información calificándola de "autobombo", lo que es indiscutible es su realidad objetiva.
Desde detrás de la Luna, en el sexto día de vuelo, una cámara de las situadas en el panel solar capturó esta selfie de la era espacial, enmarcando la nave espacial y la cara oculta de la Luna. El planeta Tierra, nuestro frágil hogar y al tiempo escenario de los más estúpidos conflictos, es la diminuta y brillante media esfera más allá del limbo lunar. Primer plano, plano medio y fondo perfectamente ubicados según las normas narrativas de la fotografía culta.
La Luna, iluminada por el Sol por detrás durante el eclipse solar, (desde la posición de la nave), y que fue fotografiada por las cámaras de Orión, el lunes 6 de abril de 2026, durante la misión Artemis II. La cápsula Orión se observa en primer plano a la izquierda. La Tierra refleja la luz solar en el borde izquierdo de la Luna, que brilla ligeramente más que el resto del disco, durante el transcurso del eclipse. El punto brillante visible justo debajo del borde inferior derecho de la Luna es Saturno. Más allá, el otro punto brillante, ya casi en el borde derecho de la imagen, es Marte.
Mientras la misión sigue su curso, las informaciones se van completando y, aunque la mayoría de los medios a los que solemos recurrir, no son especialistas en astronautica, si uno se molesta o tiene el suficiente interés, puede ampliar su criterio.
Se ha subrayado el hecho de que, mientras la nave Orion, se situaba sobre la cara oculta de la Luna, durante 40 minutos tuvo que estar totalmente imposibilitada de conectarse con el centro de control, o cualquier otro punto de los diversos que hay a lo ancho de la Tierra.
Pero lo que no se explica, es que ese impedimento está más que superado, ya que la China, tiene dos satélites situados en puntos estratégicos sobre la Luna y que posibilitan "el rebote" de las señales y por tanto, hacen posible la comunicación exactamente igual que si estuvieran navegando sobre la cara visible. En España ha sido Pedro Duque, exministro y exastronauta, el único que ha mencionado escuetamente esta cuestión.
“China tiene dos satélites de comunicaciones allí que podrían haberse usado, pero imagino que ni se plantearon pedir ayuda”. (Pedro Duque en X)
Los opinadores no dudan en afirmar que prefieren que la investigación o exploración del espacio la lleve a cabo una potencia democrática como EEUU y no una potencia dictatorial como es la China. Yo me fío igual (poco), tanto de unos como de otros, y solo confiaría (mucho) en proyectos internacionales y colaborativos.
Hay tratados internacionales sobre el uso y la propiedad de la Luna.
¿De quién es la Luna?
Una excelente pregunta que al menos a mí me propicia otra:
¿Está dando el gobierno americano alguna garantía de su voluntad de cumplir con los tratados, ya no del uso del espacio, sino de cualquier otra cosa, Groenlandia quizás? —Miren a Trump y sus secuaces y tendrán la respuesta.
De polo a polo, nuestro hermoso planeta queda capturado en esta instantánea desde el espacio, una imagen evocadora desde una ventana de la nave espacial Orion de la misión Artemis II. Desde la perspectiva de la nave, el Sol se mueve detrás del brillante limbo de la Tierra en la parte inferior derecha. África y la península ibérica son visibles en la superficie del planeta azul pálido, mientras que las auroras coronan los polos sur y norte de la Tierra en la parte superior derecha e inferior izquierda.(La imagen se ve invertida con respecto a las presentaciones convencionales) El comandante de la misión, Reid Wiseman, tomó la histórica fotografía el segundo día de vuelo de la misión Artemis II (2 de abril), tras completar la maniobra de inyección translunar prevista. Dicha maniobra impulsó la nave fuera de la órbita terrestre , enviando al módulo Integrity de Orion y a su tripulación en una trayectoria que los llevará alrededor de la Luna y de regreso. Este es un viaje que los humanos realizaron por última vez hace más de 50 años .
Me quedo especialmente con dos frases de Christina Koch. Estas están expresadas como si fueran una sola:
Desde aquí, todo parece uno y todos parecéis preciosos.
La NASA acaba de cambiar de planes. En el marco del evento “Ignition”, celebrado en Washington D. C., se anunció que el ambicioso “Gateway” –la estación espacial en órbita lunar que pretendía actuar como punto intermedio– queda suspendido temporalmente.
La prioridad es establecer una colonia permanente en la superficie de la Luna, cuya construcción debería comenzar antes de que acabe esta década, con una ocupación semipermanente prevista para 2032.
No están solos en esta carrera y lo saben. China y Rusia avanzan en paralelo con la Estación Internacional de Investigación Lunar (ILRS), una iniciativa conjunta que contempla una instalación científica inicial cerca del polo sur lunar hacia 2035 y la construcción de una instalación más grande y mejor equipada para 2050.
Estos planes no solo se enfrentan a obvias dificultades técnicas, sino también jurídicas. Toda actividad realizada en el espacio ultraterrestre se encuentra sujeta al derecho internacional espacial, articulada fundamentalmente en torno a cinco tratados internacionales, que juntos forman el llamado Corpus Iuris Spatialis.
Este tratado internacional reconoce la libertad de explorar y utilizar el espacio ultraterrestre y sus cuerpos celestes (Art. I) –incluyendo la construcción de estaciones e instalaciones en la Luna y otros cuerpos celestes (Art. XII)–. Hasta ahí, el establecimiento de una colonia humana en la Luna sería perfectamente legal.
Pero ese mismo tratado contiene una prohibición tajante: ningún Estado puede apropiarse del espacio ultraterrestre y sus cuerpos celestes mediante soberanía, uso, ocupación o de ninguna otra manera (Art. II).
¿En qué momento el “uso” legítimo del suelo lunar por una colonia se convierte en una “ocupación” que viola el tratado? Una capa de complejidad adicional se añade cuando dichas colonias adquieren un carácter permanente, como el pretendido, pues en la práctica acabaría generando una forma de propiedad o soberanía encubierta sobre el suelo lunar.
Aquí el derecho internacional vuelve a quedarse corto. El Tratado del Espacio de 1967 no dice nada sobre si extraer recursos de un cuerpo celeste constituye o no una forma de apropiación prohibida. El único instrumento que abordó el tema de forma explícita, el Acuerdo de la Luna de 1979, declaró que los recursos lunares son “patrimonio común de la humanidad” y exigió un régimen internacional común para su explotación (Art. 11). El problema es que ese tratado solo cuenta con 17 Estados Parte, entre los que no figura ninguna gran potencia espacial. En la práctica es papel mojado, al menos hasta el momento.
El resultado es una división en la comunidad internacional. EE. UU. y sus socios optan por una postura más liberal, donde la extracción y posterior utilización de los recursos espaciales constituye una parte legítima de la libertad de exploración y utilización. China y Rusia sostienen posturas más comunitarias.
La ocupación del suelo lunar y la explotación de los recursos no son los únicos desafíos que plantea la instalación permanente de seres humanos en nuestro satélite natural. Cuestiones como la jurisdicción sobre las personas que vivan en esas bases y las normas aplicables en caso de conflicto son igualmente urgentes.
El actual marco jurídico internacional fue concebido en un escenario completamente distinto al actual. La cuestión es si podrá adaptarse a los nuevos desafíos a tiempo.
Los plazos son ya concretos y las grandes potencias espaciales avanzan en paralelo y sin una coordinación clara.
Ante la ausencia de un marco de gobernanza definido, los conflictos no tardarán en aparecer. Queda por ver si la comunidad internacional estará a la altura de una de las empresas más complejas y trascendentes que jamás haya afrontado.
Seguramente hice mal, porque ahora lo estoy pagando con un día espeso.
Debían ser más o menos las seis y media de la tarde cuando me conecté al YouTube de la NASA. Se trataba de ver los preparativos finales y previos al lanzamiento del cohete y la nave Orion del proyecto Artemisa. Y estuve conectado hasta más o menos las dos de la madrugada.
Es algo que vengo haciendo desde hace décadas y que empezó algunos lanzamientos después del fatídico Challenger, (1986) es decir, y si no recuerdo mal, el primero que vi en directo fue el Columbia a finales de 1996. Por aquel entonces había que tener muchas ganas. YouTube era incipiente. Transmitía a baja resolución y, con los ADSL que teníamos entonces, era una especie de experiencia masoquista, con cortes continuos y conexiones intermitentes.
En cambio, ayer, la pantalla de mi televisor, en la aplicación de YouTube, no tenía nada que envidiar a la calidad de una transmisión televisiva convencional. Alta resolución, fluidez total y ni un solo corte. Un montón de cámaras abarcando cualquier rincón.
Me quedé con un detalle: A pesar de los avances tecnológicos, una vez situados los astronautas en el habitáculo y sus asientos, llevadas a cabo todas las comprobaciones que superan la hora y media, al final la puerta se sigue cerrando como siempre: CON UN PORTAZO. Imagino cómo les debe sonar a los protagonistas en el interior de aquella "pecera"
Ahora seráN diez días y con gran cantidad de retransmisión en directo. Habrá que moderarse.
A escasas horas del lanzamiento de Artemis II me parece oportuno hacer un pequeño homenaje a este personaje histórico, al tiempo que comparamos este pequeño cohete con el que posa en la foto, con el enorme propulsor SLS (de 98m. de altura) que enviará la cápsula Orion de Artemis II hacia la Luna.
Robert H. Goddard , considerado el padre de la cohetería moderna, nació en Worcester, Massachusetts, en 1882. A los 16 años, Goddard leyó el clásico de ciencia ficción de H.G. Wells, "La guerra de los mundos", y soñó con los vuelos espaciales. En 1926 , diseñó, construyó y lanzó el primer cohete de combustible líquido del mundo. Lanzado hace 100 años , el 16 de marzo de 1926, desde la granja de su tía Effie en Auburn, Massachusetts, el cohete, apodado "Nell", alcanzó una altitud de 12,5 metros en un vuelo que duró aproximadamente dos segundos y medio. En esta foto , Goddard aparece junto al cohete de 3 metros de altura, sosteniendo la estructura de la plataforma de lanzamiento. Para lograr un vuelo estable sin necesidad de aletas, el pesado motor del cohete se ubicó en la parte superior, alimentado por tuberías desde los tanques de oxígeno líquido y gasolina situados en la parte inferior. Reconocido mundialmente como un experimentador talentoso y un genio de la ingeniería , sus cohetes se adelantaron muchos años a su tiempo. Goddard recibió más de 200 patentes en tecnología de cohetes, la mayoría de ellas después de su muerte en 1945. Fue un cohete de combustible líquido construido según los principios desarrollados por Goddard el que llevó humanos a la Luna en 1969 .
El SLS Block1 que se lanzará dentro de unas horas es ligeramente más pequeño (12 m. menos) que el clásico Saturno V, pero ofrece mucho más empuje.
He colocado en la portada del blog, un visor de YouTube con la retransmisión en directo del lanzamiento de la misión Artemis II. Actualmente presenta una cuenta atrás. Anticipo que el lanzamiento —si finalmente se lleva a cabo— está previsto para alrededor de la medianoche del miércoles al jueves. Una hora suficientemente intempestiva. En cualquier caso ahí está. También cabe suponer que veremos repeticiones hasta en la sopa. Saludos!
Por fin, después de sucesivos aplazamientos, ya hay fecha marcada en el calendario: el 1 de abril, a las 18:24 de la hora local en Florida (00:24 AM del 2 de abril en horario peninsular español) está programada la primera oportunidad para que despegue de la Tierra la misión espacial que abrirá una nueva era de exploraciones y descubrimientos. Si las circunstancias climáticas no son favorables, la ventana de lanzamientos prevé otros intentos el 2, 3, 4, 5, 6 y 30 de abril.
Tras más de cinco décadas de ausencia humana en el espacio exterior desde el fin de la era Apolo, la misión Artemis II se alza como el salto más arriesgado y fascinante de nuestra generación. La diosa de la mitología griega, Artemisa, sucede a su hermano gemelo, Apolo.
El reto es monumental: la tripulación deberá validar el funcionamiento crítico de los sistemas de soporte vital de la nave Orión, en la que viajan los astronautas, mientras se enfrentan a la intensa radiación de los cinturones de Van Allen y a un viaje de 10 días sin la posibilidad de realizar un aborto rápido.
Nunca el ser humano llegó tan lejos
Los astronautas de la NASA (de izquierda a derecha) Christina Koch, Victor Glover y Reid Wiseman, y el astronauta de la CSA (Agencia Espacial Canadiense) Jeremy Hansen.NASA
Lo más asombroso es que, al realizar un sobrevuelo por la cara oculta de la Luna, estos cuatro astronautas (incluyendo a la primera mujer y al primer afroamericano en una misión lunar) se alejarán más de 400 000 kilómetros de la Tierra, alcanzando el punto más distante en el cosmos al que jamás haya llegado nuestra especie. Para hacernos una idea, en ese espacio de 400 000 km cabrían, uno al lado del otro, todos los planetas del sistema solar (Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno) y aún sobraría espacio.
Para el gran reto de proteger a los astronautas de la radiación solar extrema y cósmica durante Artemis II, la NASA emplea una estrategia de “defensa por capas”. Bajo el nombre de “Experimento Matroshka”, combina tecnología de detección avanzada para monitorear los niveles de radiación y unas soluciones físicas ingeniosas que mitigan la exposición basándose en múltiples capas de protección.
Diferencias entre la misión Apolo 17 y Artemis II
Cuando en 1972 los últimos tres astronautas en misión a la Luna se montaron en el Apolo 17, los medios tecnológicos eran muy diferentes:
Apenas había espacio en el módulo de tripulación. Esta vez viajarán cuatro astronautas con más espacio habitable.
La generación de energía era mediante pilas de combustible, frente a los paneles solares actuales.
El único ordenador de a bordo contaba solo con unos pocos kilobytes de memoria total, muchísimo menos de lo que hoy en día tienen incluso relojes inteligentes o dispositivos electrónicos comunes. Mientras, el Orión dispone de múltiples computadoras redundantes, con millones de veces más memoria y procesamiento.
Las telecomunicaciones, muy básicas, se concentraban en una sola señal de radio en la banda S de aproximadamente 2 GHz. Hoy son superadas por una infraestructura con mayor ancho de banda y fiabilidad, con comunicaciones digitales más robustas que soportan voz, telemetría y transmisión de datos científicos más complejos.
Con todo y con ello, la expedición de la misión Apolo 17 consiguió llegar a la Luna, donde estuvo 75 horas trabajando intensamente. Los astronautas recolectaron muestras de rocas y polvo lunar que se trajeron a la Tierra (cerca de 100 kg), condujeron un vehículo lunar para explorar más terreno, colocaron sensores y sondas para para medir gravedad, calor, actividad sísmica y partículas y hacer experimentos científicos, etc.
Finalmente, una diferencia clave entre ambas misiones es que, si bien Apolo 17 fue la culminación de una carrera espacial esencialmente estadounidense, nacida de la rivalidad geopolítica de la Guerra Fría, Artemis II representa una nueva forma de explorar el espacio. Se trata de un esfuerzo internacional y colaborativo en el que varias agencias y países trabajan juntos para regresar a la Luna: Europa (ESA), Japón (JAXA), Canadá (CSA), Emiratos Árabes (UAESA), Australia (ASA), etc.
El gran ensayo general
Por su parte, la nueva misión ni siquiera tiene previsto alunizar, como se consiguió hace ya más de 50 años, pero será esencial para que, en 2028, Artemis IV lo logre con más garantías de éxito. Artemis II y Artemis III (misión también tripulada que se desarrollará en la órbita baja terrestre el año que viene para probar los trajes espaciales y diversas tecnologías críticas) serán el gran ensayo general antes del estreno más esperado de la exploración lunar.
Como en un teatro, cada sistema de la nave, desde la propulsión y la navegación hasta las comunicaciones, el soporte vital y la reentrada a gran velocidad, será testado bajo los focos de la realidad, con astronautas como protagonistas y la Tierra como público expectante.
Todo se pondrá en escena con precisión, como quien ajusta la música, el vestuario y la coreografía, para que Artemis IV pueda, finalmente, brillar en su histórico estreno sobre la Luna.
Cuando esto ocurra en 2028, dos de los cuatro astronautas del Orión descenderán al suelo lunar para recopilar muestras, hacer experimentos científicos, estudiar el terreno y tomar datos del entorno de nuestro satélite antes de volver a la órbita lunar y regresar a la Tierra. En total, 30 días, una misión tres veces más larga que la que nos espera en los próximos días.
En vivo y en directo
Es innegable que vivimos un momento extraordinario: nunca antes había sido tan fácil sentirnos parte de una misión lunar. Gracias a las nuevas tecnologías, podemos seguir Artemis II casi como si estuviéramos allí, en directo y desde casa, comiendo palomitas, a través de plataformas como NASA+, el canal de YouTube de la NASA y Artemis, y las redes sociales oficiales de las agencias participantes, donde se comparten imágenes, vídeos, explicaciones y momentos clave en tiempo real.
La exploración del espacio ya no es solo cosa de astronautas y centros de control: hoy es una experiencia para todos nosotros, compartida, abierta y global. ¿Se lo va a perder?
El viernes 20 de marzo, el cohete Sistema de Lanzamiento Espacial y la nave Orion de la misión Artemis II llegaron a la plataforma de lanzamiento 39B del Centro Espacial Kennedy.
A su vez, la tripulación de Artemis II entró en cuarentena a las 5 p.m. CDT (hora del centro) del miércoles 18 de marzo en Houston, Texas, como medida preventiva para asegurar su estado de salud antes de esta histórica misión. Los astronautas de la NASA Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch, junto con Jeremy Hansen, de la CSA (Agencia Espacial Canadiense), limitarán su contacto con otras personas durante esta semana en Houston. Unos cinco días antes del lanzamiento, viajarán al Centro Espacial Kennedy.
La Luna es una cápsula del tiempo de 4.500 millones de años de antigüedad, inmaculadamente conservada por el frío vacío del espacio. Es testigo de miles de millones de años de actividad solar y de grandes colisiones que permitieron que la vida se estableciera en el sistema solar.
La Luna contiene pistas sobre la evolución de la Tierra, los planetas, el Sol e incluso los rayos cósmicos que provienen de toda la galaxia.
El Polo Sur lunar alberga algunas de las partes más antiguas de la Luna, con una edad estimada en 3,85 millones de años o más, y contiene los márgenes de la cuenca de impacto más grande y antigua del sistema solar, la cuenca Aitken.
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El siguiente video, (4 min, 45 seg) te ofrece una explicación de la naturaleza de la misión Artemis y sus diferentes fases.
Recreación artística del planeta K2-315b. Créditos de la ilustración artística: NASA Ames/JPL-Caltech/T. Pyle, Christine Daniloff, MI
Se llama K2-315b. Un nombre nada romántico para un planeta (exoplaneta) que orbita alrededor de una estrella enana roja, fría comparada con nuestro Sol, y que se encuentra a unos 185 años/luz. Toma el nombre de esa estrella (K2-315) añadiendo la letra "b" por tratarse del segundo planeta de ese sistema planetario.
Pero la curiosidad que lo convierte en realmente un objeto exótico es el hecho de que su "año" dura 3,141592 días, como el número π (pi). Es decir, en un año, da esas vueltas sobre sí mismo. No se puede negar que es una coincidencia curiosa, aunque probablemente no signifique nada. Lo que sí es muy claro es que, a pesar de que su sol es más frío que el nuestro, la duración de la exposición en un día tan largo supone que la superficie debe ser extremadamente caliente.
La NASAacaba de anunciarhace unas horas que, reunidas todas las partes involucradas sin que nadie haya puesto sobre la mesa ningún problema al respecto, va a intentar lanzar Artemisa II, suprimera misión tripulada hacia la Luna en 54 años,el próximodos de abril. Aunque en las noticias seguramente verás que es el día uno.
Pero eso es porque la ventana de lanzamiento, de dos horas, se abre a las 18:24 locales del día uno, pero que ya son las 00:24, hora peninsular española, que por aquel entonces volverá a ser UTC +2.
La decisión viene después de haber solucionado el problema con el flujo de helio en la segunda etapa del cohete SLS que lanzará la misión, lo que obligó a devolverlo al Edificio de ensamblado de vehículos (VAB) e hizo que se perdieran las ventanas de lanzamiento de febrero y de marzo.
En abril, además de la del día dos, también son viables los días tres, cinco, con dos ventanas de las que la NASA tendrá que escoger una llegado el caso, seis, siete y treinta.
Para lanzar el día dos la tripulación formada por Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch de la NASA y Jeremy Hansen de la Agencia Espacial de Canadá, entrará en cuarentena el día 18, mientras que el cohete será devuelto a la plataforma de lanzamiento el día 19.
La NASA ha decidido que no hará una nueva carga de propelentes en el SLS sino que la próxima vez que lo carguen será ya para el lanzamiento. Así que a ver qué pasa porque los traqueteos del traslado a la plataforma, por mucho cuidado que pongan al hacerlo, tienen a desajustar las tomas de hidrógeno y oxígeno líquidos.
Artemisa II, tras unas 24 horas en órbita alrededor de la Tierra para probar los sistemas de la cápsula Orión, que volará tripulada por primera vez, pondrá rumbo a la Luna en una trayectoria de retorno libre que asegurará la vuelta de la cápsula a la Tierra aunque fallen los motores del módulo de servicio. Así que ya no es que no vayan a aterrizar en nuestro satélite, es que ni siquiera entrarán en órbita alrededor de él.
Además, con los cambios recientemente anunciados en el programa, tampoco será Artemisa III la misión que vuelva a llevar una tripulación de la NASA a la superficie de la Luna sino que eso le corresponderá a Artemisa IV. Con suerte.
Como ya he dicho en numerosas ocasiones, veo cada vez más probable que sea China la que inaugure esta nueva etapa de exploración humana en la superficie de la Luna. Porque sus planes para enviar una misión tripulada a la Luna antes de 2030 avanzan sin prisa pero sin pausa ni muchas alharacas.
Muy sinceramente diré que estos días apetece mucho apartar la mirada del suelo y elevar un poco el espíritu contemplando el cielo. Lamentablemente, los hay que no pueden y miran hacia arriba, esperando la aparición de un misil o un dron.
Pero la imagen que sigue no es un cielo que podamos ver; al menos no, con nuestros ojos directamente. Ni siquiera con un telescopio frente a ellos. Lo vemos en fotografías tratadas o en pantallas. Y es así porque nuestros ojos no pueden ver el espectro infrarrojo.
Conformémonos con una contemplación serena de la noche oscura, pero en luz visible. Soltemos emoción con el centelleo estelar al que nuestra lengua castellana le ha dado tan hermoso verbo: titilar, y también sintamos la solemne quietud de los planetas visibles.
Y no, no es uno de los gusanos de Dune. La favorable posición del observador hace posible esa apariencia. Un gusano de la ficción a punto de tragarse toda una galaxia, que obviamente no está en el mismo plano, sino mucho más atrás. (La galaxia espiral vista de canto, ESO 257-19, está a más de cien millones de años luz más allá del aparente gusano).
Posiblemente se trata de restos de la explosión de una supernova, aunque los astrofísicos ya nos dicen que ese cuerpo del aparente gusano tiene nombre: Glóbulo cometario CG4, que está a 1300 años luz de distancia.
Crédito de la imagen y derechos de autor : William Vrbasso
El árbol de la aurora Crédito de la imagen y derechos de autor: Alyn Wallace
En el momento, la aurora y el árbol no encajaban entre sí, pero el fotógrafo observó la afortunada coincidencia de las formas y movió su punto de vista hasta que el encaje fuera óptimo. Y el resultado fue esta curiosa imagen en la que la aurora, se asemeja a una emanación que sale de las ramas de árbol.
La NASA anunció el 27 de febrero que aumentará la frecuencia de sus misiones con el programa Artemis, estandarizará la configuración del cohete Sistema de Lanzamiento Espacial (SLS, por sus siglas en inglés) y agregará una nueva misión.
Estos planes fueron dados a conocer durante una conferencia de prensa (en inglés) en el Centro Espacial Kennedy de la NASA en Florida, e incluyeron una actualización sobre la misión que se dará en el futuro cercano, Artemis II.
Esta actualización se centró en los sistemas de transporte para llevar tripulaciones a la Luna. La arquitectura actualizada de la NASA incluye agregar una nueva misión en 2027 para poner a prueba las capacidades del sistema más cerca de la Tierra antes de enviar astronautas a la superficie de la Luna por primera vez en más de 50 años y tiene como objetivo lograr una misión lunar por año a partir de entonces. Ahora, la estandarización del cohete Sistema de Lanzamiento Espacial (SLS, por sus siglas en inglés) y de otros sistemas ayudará a la NASA a enviar astronautas a explorar el Polo Sur lunar por primera vez en 2028.
Los detalles específicos para lograr este nuevo enfoque, así como otras actualizaciones de la arquitectura, serán dados a conocer próximamente, ya que la agencia sigue centrada en la misión Artemis II, la cual tiene previsto volar alrededor de la Luna no más tarde de abril, y está comprobando sus capacidades para respaldar una mayor frecuencia de las misiones.
Artemis I:
La NASA completó con éxito un vuelo de prueba sin tripulación del cohete SLS y la nave espacial Orion en noviembre de 2022. Esta misión puso a prueba por primera vez el lanzamiento del cohete utilizando nuevos sistemas terrestres de exploración y evaluó los sistemas de Orion sin incluir astronautas ni los sistemas críticos de soporte vital planificados para la siguiente misión.
Artemis II:
Esta misión será el primer vuelo de prueba con tripulación a bordo del cohete SLS y la nave espacial Orion. Después de un exitoso ensayo general con circulación de combustible en febrero, la NASA descubrió un problema del flujo de helio a la etapa de propulsión criogénica provisional, y llevó el cohete y la nave espacial de regreso al Edificio de Ensamblaje de Vehículos para su reparación. Los ingenieros del Centro Espacial Kennedy de la NASA en Florida están trabajando actualmente en el cohete SLS y la nave espacial Orion, que está montada sobre él, para abordar el problema que requirió su retirada, y los equipos también están aprovechando el tiempo para cambiar las baterías y hacer otros trabajos. La ventana de lanzamiento se abre en abril.
Los miembros de la tripulación son los astronautas de la NASA Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch, y el astronauta de la CSA (Agencia Espacial Canadiense) Jeremy Hansen, quienes emprenderán una misión con una duración aproximada de 10 días que los enviará alrededor de la Luna y de regreso a la Tierra.
Artemis III:
La NASA añadió una nueva misión de demostración en la órbita terrestre baja para mediados de 2027 a fin de poner a prueba uno o ambos módulos de aterrizaje comerciales de SpaceX y Blue Origin, respectivamente. Esta misión lanzará a la tripulación a bordo de Orion sobre el cohete SLS para poner a prueba las capacidades de encuentro y acoplamiento entre Orion y las naves espaciales comerciales privadas que son necesarias para llevar astronautas a la Luna. Esta prueba se llevará a cabo con uno o ambos proveedores.
Artemis IV:
La NASA sigue teniendo como objetivo que el primer alunizaje de Artemis sea a principios de 2028, que ha sido la fecha de alunizaje prevista desde mediados de 2025. Después del lanzamiento, la tripulación se trasladará a un módulo de aterrizaje lunar comercial para su transporte a la superficie de la Luna. La preparación del módulo de aterrizaje determinará qué proveedor los llevará de manera segura a la superficie y de regreso a Orion en la órbita lunar, antes de que la tripulación regrese a casa a bordo de Orion, para amerizar de manera segura en el océano Pacífico.
Se llevarán a cabo medidas para estandarizar el cohete SLS para la misión Artemis IV. Con este enfoque arquitectónico, la NASA evalúa opciones alternativas para la segunda etapa del cohete. La etapa de propulsión criogénica provisional utilizada para las tres primeras misiones será reemplazada por una nueva segunda etapa, y la agencia ya no planea utilizar la Etapa Superior de Exploración ni el Lanzador Móvil 2, ya que el desarrollo de ambos ha sufrido retrasos.
Artemis V:
Mediante la configuración estandarizada del cohete SLS, la NASA anticipa que el lanzamiento de esta misión a la superficie lunar ocurrirá a finales de 2028 y, a partir de entonces, habrá futuras misiones aproximadamente una vez al año. También se espera que en esta misión la NASA comience a construir su base lunar.
La NASA continúa perfeccionando los planes de la arquitectura de sus misiones, y la agencia dará a conocer más información sobre su estrategia para la exploración lunar y asignaciones de tripulación en el futuro.
Como parte de una edad de oro de innovación y exploración, la NASA enviará astronautas de Artemis en misiones progresivamente más difíciles para explorar más regiones de la Luna a fin de lograr descubrimientos científicos y beneficios económicos, y de utilizar nuestro desarrollo de los programas espaciales para sentar las bases para las primeras misiones tripuladas a Marte.