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23/12/2025

Un cuento corto de Navidad

Soñé que caían copos de nieve color lavanda. La virginal blancura de las colinas tomaba ese tono indeciso que no sabe si es magenta o es cian. Recibí la sensación de que los árboles sonreían sorprendidos, al tiempo que los guijarros en las orillas del río no sabían qué pensar.
Soñé que a medida que esa nieve se iba fundiendo desprendía el aroma de la lavanda de una forma delicada, apenas perceptible pero presente. Vi a los pájaros movidos por la curiosidad y los ciervos, corzos y gamos, desconcertados. Era todo tan hermoso...
Súbitamente, una explosión me catapultó desde mi sueño hasta una calle repleta de cadáveres. Niños, mujeres y ancianos. Disparos entrecruzados me ponían en peligro y me refugié. Nuevas explosiones retumbaban al tiempo que el suelo trepidaba, dificultándome el permanecer de pie. Un joven soldado tiró de mí. Era fuerte y su tirón me produjo dolor en el brazo. Nos escondimos detrás de unas paredes derruidas. Sobre una puerta pude leer: медсестринство. Tras ella, más cadáveres.
Me pregunté si seguía soñando o dónde estaba. El soldado puso su mano sobre mi hombro y mirándome fijamente a los ojos, me dijo: З Різдвом Христовим, друже!
Me di perfecta cuenta de que estaba en una calle de Zaporiyia. El soldado me habló con una calma y tranquilidad que me helaron la sangre. 

—Duerme un poco y luego velarás mi sueño. Es posible que mientras, lleguen mis compañeros.
Me puse a tratar de dormir. Recordé la nieve lavanda y deseé con todas mis fuerzas retomar el sueño. Dormí, fue imposible soñar, pero no sé más. Jamás desperté.

23/07/2024

Como un prisma (editado)

Esta entrada fue originalmente publicada el 19 de enero de 2022.

Ahora que estoy en una especie de retiro de actividad, que posteo -bajo mínimos-  por las noches o madrugadas y programo la publicación para más tarde, que me estoy replanteando el blog y su naturaleza y que arranco en otras actividades.
Ahora, decía, creo que es un momento bueno para recordar el origen de aquella trinidad que no tiene evidentemente, nada de santísima. Ha evolucionado y las tres facetas siguen correspondiéndose con un prisma, pero dos de sus facetas se expresan fusionadas en una sola: Okanuh.
Por lo tanto, la traslado hasta hoy, después de la pertinente edición . Es esta:

—Harías bien en distinguir y separar mis tres facetas porque soy como un prisma irregular y el resultado de la refracción de la luz que se proyecta sobre tu mente, desde la mía,  puede ser ligeramente diferente según desde que lado (faceta) me atraviesa para luego proyectarla..
 
La entidad que soy,  se manifiesta como una prisma de cristal, pero irregular; es decir, su base no es un triángulo equilátero, sino escaleno. (Difícil de encontrar incluso para la foto) Pide, por lo tanto, que siempre se distinga sobre qué lado de sus tres caras piramidales incide principalmente la luz (conocimiento) y con que espectro se proyecta.

—Siempre deberías nombrarme en función de la cara sobre la cual incide la luz. Una para An'ya, otra para el que llamas El Otro que no es otra cosa que la imagen que tiene mi consciencia de mí mismo y una tercera, Okanuh para la última faceta. Sabes que An'ya es destacadamente espiritual al tiempo que se aleja de cualquier forma de religión. El Otro está impregnado de la sabiduría popular valora la tradición y exalta la vida. Oka-no, se alimenta exclusivamente de las ciencias. No cree, solo conoce y desconoce. Sin embargo las tres facetas son de una sola pirámide. Y por supuesto en muchas ocasiones la luz incide en dos caras a la vez. Nunca en las tres; es imposible.

En este punto de edición preciso explicar que tiempo atrás An'ya y el Otro se fusionaron en lo que hoy se podría entender como mi yo más convencional. Así ahora solo existen Okanuh y Yo.

Empezamos bien, me digo a mí mismo. Esto se complica. Ahora, además de estar atento al tenue susurro de la voz interior,  deberé prestar atención y tratar de saber sobre cuál faceta incide la luz y, por lo tanto, con qué carácter se manifestará. —¿Llegaré a tanto?— Tengo mis dudas.


Por aquel entonces dialogaba así conmigo mismo:

—A los seres humanos no nos gustan afirmaciones como la que dice que la enfermedad es equiparable a las experiencias emocionales como el amor de pareja, la perdida de un ser querido o la misma paternidad/maternidad. Y, sin embargo, son equiparables. Evidentemente, equiparable no significa iguales y las experiencias mencionadas tienen tonos totalmente diferentes. Sin embargo, cuando se experimentan, pasan a formar parte de tu activo vital. Es lo que la experiencia, también conocida como vivencia, te ofrece para sentir la vida con más intensidad. La enfermedad es una de las mejores posibilidades para amarte, para comprenderte; en definitiva, para crecer en valores humanos. Algunos enfermos tienen una relación amorosa muy incrementada con su cuerpo durante el proceso. Esto, además de amplificar sus capacidades para sanar, también consigue que entienden mejor lo que es vivir, lo que es la vida. En este sentido, y aunque ni por asomo sea igual de agradable, aporta valores similares a la experiencia del amor, de la paternidad, de la camaradería entre los amigos. 

Vaya! no me digas An'ya que eres de los que creen en que el dolor redime...

—Por favor... para eso tendría que creer primero en el concepto de pecado o culpa y además tendría que aceptar ese estúpido planteamiento judaico-cristiano de la culpa original. Ni he dicho, ni he insinuado nada que se parezca, pero si quieres te hablo del dolor y el sufrimiento. 

Bueno. Ya me asustas, pero dime lo que tengas que decir. Sabes mejor que nadie cuando te presto atención y cuando no. 

—No hay enfermedad sin dolor. En mayor o menor medida y a pesar de los avances médicos. Es algo que creo que ya sabes a nivel personal. Pero ahora no quiero referirme a un individuo enfermo, sino a otra clase de enfermo. Lo que quiero decirte es que la sociedad -las sociedades- están enfermas. A la comunidad humana le ocurre algo parecido a lo que le ocurre a un ser humano que se sobrealimenta. Ese individuo es más que probable que desemboque en enfermedades endocrinas y cardiovasculares. Y entra en un círculo vicioso del cual realmente es difícil salir. A la humanidad le ocurre algo semejante; no hablo de la comida que precisamente escasea en ciertos lugares, no. Hablo de lo que alimenta y ofrece la energía necesaria para el mantenimiento de la sociedad como un cuerpo. Un cuerpo sano. Hablo de la energía que ofrece el orden, la jerarquía de valores, la solidaridad. Cosas como estas son el auténtico alimento que nutre las células de la sociedad. Lamentablemente, al igual que hace un individuo, la sociedad también se alimenta de comida basura: Libertinaje y su consecuente desorden, la mofa de los valores éticos, la amoralidad, el individualismo egoísta. Ahí tienes el gran supermercado de las noticias falsas, bulos que también llaman fake news: las Redes Sociales. Auténticos McDonald's repletos de comida basura para el alimento social. Ahí están, también, los medios deshonestos, los políticos corruptos, los señores feudales modernos que resultan ser las grandes corporaciones...etc. Todos ellos componen un menú de comida basura que no consigue otra cosa que engordar y estropear las células sociales. 
La sociedad está enferma y empezará a sufrir. El dolor es una cosa, dicen que inevitable. El sufrimiento otra diferente, dicen que optativo. Pero yo te avanzo que no va a haber opción que valga. La humanidad sufrirá el dolor. Inevitablemente.
La enfermedad ya se está manifestando. Lo puedo ver en la incapacidad para afrontar la crisis climática, lo puedo ver en el aumento del fascismo, lo puedo ver en el aumento de los flujos migratorios, lo puedo ver en la incapacidad para solucionar las hambrunas, lo puedo ver en el aumento de los negacionismos de toda índole. Y son solo pequeños síntomas que incomodan y que poco a poco conforman el escenario perfecto para la obra final. Dentro de muy poco serán dolor. Dolor inevitable. Del que hace sufrir. 

Como suele ocurrir, aquello que fueron An'ya y/o el Otro, se volatizan en mi mente y desaparecen súbitamente. Mientras constato que pocas cosas han cambiado en la sociedad,  Okanuh, calculadora en mano, parece querer decirme algo. 
Será otro día
 

31/05/2024

No, gracias.



Aquella polvorienta carretera en la Ruta 66 era endemoniadamente recta, al punto en que corrías el riesgo de dormirte encima de la moto. Para nada ayudaban las líneas discontinuas que añadían al sopor del calor imperante, un cierto magnetismo hipnótico que te cerraba los ojos.


A lo lejos, unas montañas oscuras perfilaban un horizonte que, por muchos kilómetros que marcara el cuentakilómetros, no parecía acercarse lo más mínimo. 
Tengo que parar o me voy a matar— me dije.

Estaba al punto del agotamiento total, cuando apareció un letrero a la derecha de la carretera.
Frené para poder ver bien si aquella parquedad cartelera era cierta o había más información. Pero no; solo el típico disco rojo de Coca-Cola y una flecha en diagonal ascendente apuntado hacia la derecha.
Y claro, unos diez metros más allá  había un camino pedregoso. Lo tomé sin dudarlo, pero en ese país, de millas y galones, las distancias no cuentan. Fueron 9 kilómetros hasta llegar a un lugar que recordaba los oasis de los desiertos, pero sin dátiles ni un pequeño surtidor de agua. Solo cerveza, Coca-Cola, whisky y hamburguesas de pollo. Y parece que también vendían de todo. Me pareció entender que la trastienda era mucho más grande que el local a la vista.
Me extrañó no ver a nadie fuera, a la sombra o en el porche y no me extrañó tanto, ver el desorden y la suciedad del local. Bueno… no exageremos; unas cuantas mesas sin recoger y la barra llena de jarras de cerveza.
Pero pensé que aquella rubia de más de 1,80 no parecía esperar muchos clientes, posiblemente hasta el mediodía.

 Fuerte y de grandes pechos a punto reventar su sujetador negro, camisa a cuadros con un nudo en el vientre y sin abrochar. Pantalones tejanos cortos —muy cortos— cartuchera y revolver al cinto. Y no, no llevaba sombrero; solo una gorra de beisbol. 
Su tono de vez contrastaba con aquel ambiente. Era dulce, cariñosa en el habla. Le pedí una cerveza. 
—Dos pavos—me dijo antes de servirla. No me apetecía mucho conversar. A pesar de su tono amable, lo cierto es que aquella mujer, su estatura, el revolver y su vestimenta imponían un poco. 
Entonces descorrió unas cortinas que había, en el lugar donde en los salones del oeste suele haber un espejo o la foto de una mujer ligera de ropa. En su lugar apareció un enorme póster de Donald Trump, un rifle justo debajo y un poco más abajo, un bate de beisbol. 


Le dejé los dos dólares encima de la barra. 
—Si quieres follar, serían cien dólares y sin prisas. No me importa cerrar el local.
Instintivamente, miré hacia la moto y aliviado vi que estaba en su sitio. 
—No, gracias, tengo prisa.—
Al traspasar la puerta escuché
—¿Eres marica?—susurró.
Miré las ruedas de la moto y estaban bien. Arranqué, mire al cielo y me dije:
—Me he librado de una buena—

El calor y el polvo de la carretera, me parecieron, desde ese momento, un paraíso.

31/08/2023

Ambar

Foto de Ricardo Cristián (Pexels) Se parece, pero no es.


Aquel callejón no tenía salida. Era estrecho, húmedo y bastante sucio. Transitar por él era como meterse en una ratonera. Tenía una prometedora entrada a la que se accedía desde otra calle, mucho más ancha y moderna. La bocacalle estaba compuesta por dos esquinas con sendas casas de putas chinas con su inevitable farolillo rojo, una a cada esquina. Otras tiendas que no recuerdo bien y unas docenas de metros más allá,  torcía en ángulo recto hacia la derecha. Entonces podías ver un establecimiento dedicado a la compraventa de antigüedades, regentado por un judío que me pareció un ortodoxo descafeinado (desortodoxizado, para ser exactos) que además y según decía un letrero, reparaba móviles. 
Si amigo, porque si estabas imaginando un barrio porteño del siglo XVII, errabas. Estamos en un barrio irlandés de la parte baja de Nueva York. 
Varias entradas a unas poco atractivas viviendas a cada lado y finalmente al fondo unos 30 metros más allá, la callejuela quedaba parapetada por la taberna. Una estúpida banderola de madera que nadie podía leer, puesto que quedaba perpendicular a la calle, anunciaba: Sea Tavern y una línea más abajo: irish whiskey.
Pero hay que reconocer que la puerta era deliciosa de contemplar. Madera vieja hasta media altura, recubierta por infinitas capas de barniz marino. Gastada, oscura, un poco estrecha, fuerte y pesada. Su parte superior, acristalada por un mosaico de vidrios individuales con fuerte textura  y de no más de 25 centímetros la pieza. Sujetados por tiras de madera igualmente vieja, fuerte y repletas de barniz
¿Su color? Su color motivó la primera discusión del día entre Okanuh y yo:

Miel
—whisky
¡te digo que miel!
—orina de perro viejo
mieeeel
—cerveza
¡Vete a la mierda!

Por supuesto, entrar en aquella taberna era retroceder, ahora sí, al siglo XVII. Paredes, suelo, columnas, techo, la barra del bar, sillas y mesas. Solo las lámparas que colgaban del techo eran de latón; todo lo demás era de madera y el conjunto,  ofrecía la sensación de estar en la bodega de un barco de los piratas del Caribe. Apenas tres cosas te devolvían al siglo XXI: Un letrero de Wifi Free, una caja registradora informatizada discretamente situada y el inevitable sonido de una máquina tragaperras que situada detrás de un biombo, me recordaba un confesonario.
Nos tomamos unas cervezas.

Okanuh, quiso hacerse el gracioso con el tipo de la tragaperras deseándole suerte y este enfundado en una barba pringosa, le devolvió la gracia haciéndole un exagerado Rubiales (supongo que no hace falta detallar). Por si esto no fuera poco, a los pocos minutos Okanuh ya estaba dándole la vara al tabernero preguntando por el color de los cristales de la puerta. Mi espejo psicológico es así; pesado, insistente, desconsiderado, maleducado.
Que si, whisky, que si orina, que si cerveza… que si miel no, que si eso, que si aquello…
El tabernero le cortó en seco. 
—Amigo, ese color tiene nombre. Se llama ámbar. Parece que no has salido de tu pueblo en tu vida. ¿de dónde eres?— nos preguntó.
Soy catalán y este también—le dijo señalándome con el dedo a punto de metérmelo en el ojo.
—No sé donde está eso; hubiera jurado que sois españoles.

Sonó la caja registradora y tres segundos y dos décimas después ya estábamos fuera, al otro lado de los cristales de indiscutible color ámbar.

Okanuh, no toques nada!
—Vale. ¿Has visto lo buena que está esa japonesa?
No es japonesa, es china.
—¿Como lo sabes si no has hablado con ella?
No empecemos.




11/05/2023

La caricia.

Eran hijas del mismo padre y habían crecido juntas en aquel soleado rincón del jardín, delimitado por blanquecinos cantos rodados que trajimos del riachuelo de la montaña, y repleto de hermosas vecinas, entre las que competían, a fin de ser el centro de atención de abejas y otros seres volantes. 
La cercana mata de hortensia, presumía de sus tonos de diferentes magentas y a sus pies, entre los tallos, se escondían los gatos jugueteando entre ellos. Joaquín, el niño de la casa, había hecho de las plantas su escondite. Así de grande era aquella mata.
Y transcurría el tiempo de su juventud, cuando constantemente se comunicaban entre ellas, de la única forma que les era posible; lanzando al viento su perfume. En esto, la señora hortensia era menos locuaz, más reservada, pero escuchaba atenta las fragancias que le llegaban.
De ese aromático diálogo disfrutábamos todos. Los bonsáis, que siempre parecían estar meditando, se dejaban acariciar por la brisa del mediodía con la que también podían percibir el dulce olor de las rosas. Los gatos, traviesos, siempre alertas y dispuestos a saltar sobre cualquier pajarillo distraído, encontraban su momento para erizar sus bigotes. Incluso Manolo, el pez de colores del estanque, saltaba de vez en cuando como si quisiera husmear en el viento.

Pero ya eran muchas las veces que el señor Sol, las había despertado de su letargo nocturno y ni las fragancias, ni las energías eran ya las mismas. Los silencios aromáticos cada vez estaban más presentes y la vecina hortensia perdía sus pequeños pétalos magentas que ya empezaban a alfombrar el suelo. 
Quizás fue por eso, por lo que la hermana mayor, una tarde con una encendida puesta de sol,  en un esfuerzo casi final, dejó caer un poco,  uno de sus pétalos buscando el contacto de su hermana. Quiso alargarse, ayudada por el viento, hasta poder ofrecerle una leve caricia. Ambas estaban débiles y empezaban a mostrar marchitez.
 
Dicen las ninfas, las  que saben de las lenguas ocultas, que escucharon un susurro que decía: 
—Hemos tenido una buena vida; el jardinero nos respetó. No conoceremos maceta y volveremos a la tierra.




15/01/2023

Terrabis (Tierra Bis)

 Narrativa/Ciencia ficción/803 palabras.


Harunna había nacido en la Tierra, en el año 2214, en una de las ciento trece ciudades con más de 30 millones de habitantes.
Un mundo de superpoblación desenfrenada que provocaba en los seres humanos una sensación de insignificancia y temor constante. Las leyes habían dejado de ser flexibles y la tolerancia era algo olvidado. El que la hace la paga, era un lema internacional. La pena de muerte había sido sustituida por algo novedoso y posiblemente igual de cruel: Convertir el reo en un humano biónico. Su cerebro, consciencia incluida, claro, era depositado en una máquina que trabajaría para la sociedad. Podría sentir incluso placeres programados, pero no sería ni libre ni independiente.
La ciencia y la tecnología habían conseguido unos avances impensables tiempo atrás. De modo muy especial después de aquel episodio en que tres virus distintos habían conseguido penetrar en células humanas en un periodo de tan solo  40 días. Si bien no se trataba de virulencias terminales, las consecuencias de esas infecciones motivaron la investigación, acelerando el perfeccionamiento de los editores genéticos hasta niveles que ni siquiera se habían imaginado décadas antes. Crear un órgano y reponerlo en el cuerpo de un paciente, era lo más corriente en cirugía. 
El Código Deontológico ya no se parecía al de solo dos siglos atrás, pero aun así se mantenía, por ejemplo, la prohibición de reponer un cuerpo, más allá de cuatro órganos. La tecnología permitía inclusive la totalidad del cuerpo; dicho de otro modo, era posible trasladar una cabeza a un nuevo cuerpo, pero estaba terminantemente prohibido.

La NASA, había desaparecido y su lugar lo ocupaba una evolucionada  IASA (International Aeronautics and Space Administration). Y en aquel mundo superpoblado a punto de alcanzar los 20.000 millones de humanos, su programa estrella se llama Terrabis. (Tierra Bis)
Terrabis es ambicioso y solo tiene un propósito: Hacer posible la continuidad de la especie, ocurra lo que ocurra en nuestro planeta. Terrabis tiene la pretensión de enviar un grupo de parejas humanas "modificados" hasta el exoplaneta Kepler-22b a seiscientos años luz de nuestro mundo.

Harunna, líder de la expedición, lleva años preparándose y por muy extraño que pueda parecernos, se trata de algo vocacional y desde niña. Estudios avanzados y una preparación paulatina para ir perdiendo su cuerpo y adaptando su mente. Pero antes, escogerá su pareja, con la cual tendrá dos hijos, con los que apenas convivirá poco más de un año. Entonces la prole, será entregada a la hermana de Harunna. 
El mismo proceso de adaptación psico-corporal, tiene lugar con Karmán, el compañero escogido y al cual conoció en su tierna adolescencia. Tiene su misma edad. 
Y el programa se encamina a que su matrimonio no solo sea una unión convencional. En su proceso hacia la condición de ciborgs, sus cerebros, sin perder su propia individualidad, trabajarán juntos y compartirán aquello que sustituye sus cuerpos y que podemos entender como los «periféricos» de un ordenador biológico. Periféricos  que llegan incluso hasta el vehículo que los transportará y con el cual trabajarán en Terrabis.
Con ellos, perfectamente congelados y resguardados, viajarán, (además de cinco parejas más en estado suspendido permanente),  una cantidad de óvulos y esperma, previamente seleccionados de unidades genéticas consideradas óptimas. Máquinas gestadoras harán posibles nuevos individuos igualmente biónicos, sin un cuerpo mamífero y bípedo. Cerebros que serán depositados en unidades  semirobóticas cuya misión es «terraformar» Kepler 22b para hacer posible la habitabilidad. 
Harunna y Karmán harán el viaje en estado de vitalidad suspendida, pero al contrario de las otras parejas, despertarán periódicamente para realizar diferentes tareas programadas.

  • 14 de abril de 2240.  - Harunna y Karmán tienen dos hijos gemelos.
  • 7 de febrero de 2241 - Los hijos de la pareja, son entregados a la hermana e inician el proceso de "descorporización" y adaptación psicológica.
  • 20 de agosto de 2244 - El Instituto para la Ética Extraplanetaria responsable de la revisión de los procedimientos, decide que una vez parta la misión, jamás se intentará contactar ni indagar sobre los resultados. La humanidad se limitará a tomar una posición pasiva y de espera de noticias y resultados, los cuales no son posibles hasta como mínimo 1200 años o más. 
  • 1 de marzo 2245 - El mundo permanece expectante mientras la misión parte hacia el asentamiento lunar, desde el cual despegarán unos días después en busca del agujero de gusano que posibilitará su desplazamiento hasta el sistema estelar Kepler.
  • 7 de marzo 2245 - La misión finalmente comienza su largo viaje.

Año 3615:
Una colonia terrícola en Marte, recibe la visita de viajeros interestelares que dicen encaminarse hacia la Tierra, procedentes de Terrabis Kepler. Son esbeltos y más altos de lo normal. Todos alcanzan los 220  cm. y como único rasgo diferencial tienen seis dedos en cada mano. Con ellos viajan también otros seres que ellos califican de hermanos. Son claramente ciborgs y de menor estatura.
Las autoridades han puesto en marcha un protocolo de acompañamiento hasta la Tierra. No llevan arma alguna.

04/01/2023

Historia de un difunto y su nariz

 Toda su vida había sido un guerrero, un luchador. Empezó a trabajar a los trece años y se casó a los diecinueve. Fue padre cinco meses después y finalmente tuvo siete hijos y hasta el presente ya van once nietos y uno en camino. 
 No, no, no era del Opus. Sebastián no era creyente, a pesar de que su mejor amigo era el cura del pueblo, con el cual jugaba al dominó en la cantina, tres ves por semana.
 Sebastián decía que Dios era su mujer y que todo lo demás... pamplinas. Decía que era Conchita, la que sabía hacer milagros. El muy sinvergüenza siempre decía:
—Conchita si que sabe "levantar un muerto" y también multiplicar peces, pan y potajes.

Sebastián era de esos cascarrabias «de risa». Cuando no le conoces da miedo y después ves que es una esponja de sentimientos, bromeando con estilo y además un experto silbador con un repertorio más largo que los "40 Principales"

Javier, el cura, llevaba cinco domingos, llorando cuando la misa. Pedía que los feligreses oraran por su amigo y se emocionaba. Y es que Sebastián cayó enfermo y se moría. Sebastián, aún lúcido, le dijo al cura en una de sus visitas que se dejara de mierdas oratorias que Dios no les haría ni puto caso. Decia:
—Javier, el médico coño, el médico, ese es el que me tiene que ayudar. Rézale todos los padrenuestros que quieras a ver si acierta con las "midisinas"...

Pero las midisinas, no fueron suficiente y finalmente Sebastián empeoró tanto que Javier le dio la extremaunción. Las últimas palabras, entrecortadas y dificultosas de Sebastián, fueron para los presentes en su lecho de muerte (su mujer, tres hijos y ni un puto nieto):

Os prometo que si hay algo, allí, os lo haré saber y si no hay nada también, para que mandéis a este cuentista (el cura) a tomar "pol saco"
Intentó esbozar una sonrisa, pero se quedó rígido como un bacalao. 

El Javier, lleno de emoción, empezó a sacudir el chisme del agua bendita, salpicando toda la cama, hasta que accidentalmente, con la emoción y los nervios, salió volando para ir a golpear la nariz del pobre difunto.
 
Nadie se quejó. Sebastián, tampoco. 
D.E.P.

12/06/2022

Historias de un pub

Hanna además de simpática, cosa apreciable, era muy decidida y descarada; lo cual ya no resultaba tan agradable.  Hacía unas semanas que la conocía. Era nueva en el barrio y le gustaba pasar el final de la tarde en el pub. 

El pub de pomposo nombre (Grail House, la Casa del Grial) tenía mucho más de taberna porteña que de pub escocés, pero por supuesto no faltaba el rincón de los dardos ni el billar de grandes dimensiones donde se jugaban todas las tardes después de las siete, partidas cortas de Snooker .  Así conocí a Hanna. Ella buscaba desesperadamente un "asshole" (gilipollas) que le enseñara el juego de billar ya que los dardos los tenía prohibidos desde que le clavó accidentalmente  un hermoso dardo al no menos hermoso trasero de la camarera de noche. No había mucho gilipolla para escoger. Los jóvenes eran candidatos imposibles. Ellos estaba por la labor de vociferar en la barra aprovechando los momentos en que no estaban sorbiendo de la jarra de cerveza y si no era esa ocupación, se negaban con el argumento de que tenían pendientes unas partidas de dardos. 
Otras posibilidades apuntaban a Karen, una mujer de unos 110 kilos de peso que presumía de haber hecho el eructo más largo del siglo: seis segundos y treinta centésimas. Según ella podía haber sido aún mas largo si no se hubiera distraído por culpa de una ventosidad que se le escapó casi al final del esfuerzo. 
Así se entretenía la gente del barrio y Hanna consiguió finalmente convencerme para que jugando, le diera unas lecciones básicas de esa modalidad de billar.
La verdad es que no manejaba mal el taco, pero su control de la bola blanca era un jodido desastre. 
No sé si te puedes imaginar lo que supone explicar la mecánica del juego, los valores de las bolas y lo que se puede y lo que no se puede hacer, a una mente dispersa por defecto y nublada por culpa de las "pilsen" (pilsner para más ortodoxia)

—Voy a mear—me dijo con su elegancia característica—No te escapes que te invito a una pinta. 

No sentamos en la mesa justo al lado de Brian. El tipo, es de esa especie mas paranormal que normal que se sienta en su rincón frente a su mesa, con la pinta (la penúltima) medio llena, un cigarro en la boca, mirando hacia las jarras que cuelgan encima de la barra y sin mover ni un pelo de esa barba de dos palmos. Por regla general, siempre acaba despertando de su letargo, gracias a que se quema los labios con el cigarro o se pega una hostia de cuidado con la frente en la jarra, al quedarse medio dormido. 
La conversación con Hanna, fue divertida hasta que apareció su descaro.
—¿Qué le pasó a tu mujer; de qué murió?
No sabía si contestar, pero no quise ser antipático. 
 —Fumaba mucho y pilló un cáncer de pulmón que hizo metástasis. En seis meses la enterramos.
No se inmutó y con toda la naturalidad del mundo empezó a explicarme que ella se chupaba cajetilla y media al día, que estaba divorciada, que tenía un hijo, que vivía de la pensión de su marido y de su trabajo  de auxiliar de enfermería. 
No llevábamos media hora conversando, cuando de golpe me dice:
— ¿Y no tienes pareja? ¿Cómo es que vives solo?
No recuerdo que le dije, pero solo sé que no fue suficiente para cortar ese rollo que se estaba desplegando. 
—Así, tengo que imaginar que duermes solo ¿verdad?
—No que va, en mi enorme cama, duermo yo y mis circunstancias— le solté con la esperanza de que se cortara un poco y no fuera tan directa. Fracasé.
—Bien; acabo de decidir que yo soy tu más reciente circunstancia—dijo, como si cantara y poniendo cara de Kim Basinger cruzando las ancas... 

Han pasado veintidós días y no dejo de pensar que que la camarera con el dardo en el culo fue muy afortunada comparada conmigo. Ese tiempo también me ha ofrecido la posibilidad de descubrir que a Karen le ha salido una seria competidora. 
Creo que me he metido en un lío. Si salgo vivo de esta, cambiaré la cama por una más pequeña.

01/06/2022

Los tres espíritus


 

Todo apuntaba a que eran tres espíritus del bosque que se materializaron en un grupo de árboles a medio camino de lo alto de la loma. Había otros, pero no eran mágicos como estos tres. Los lugareños aseguraban que en las tardes ventosas, se podían ver el follaje y las ramas balanceándose mecidas por fuertes ráfagas que en ocasiones ocasionaban roturas que quedaban esparcidas por el bajo bosque. Y aseguraban que las ramas y las hojas de estos tres, a pesar de la ventada, permanecían en una quietud que hacia estremecer a cualquiera. Kimura, para sus adentros pensaba —demasiado shake—

Preguntaron al monje, cómo era posible, qué magia era aquella. 
El monje se despojó de su capa raída y sucia y se abrazó a uno de los árboles y permaneció con su oído pegado a la corteza. Pasaron más de diez largos minutos hasta que el viejo se movió. 
La intriga de los que le acompañaban se transformó en frustración cuando, vistiéndose de nuevo aquella capa raída y sucia simplemente dijo:

—No pasa nada; los muertos nunca mueven ni una pestaña. 

La expresión de asombro entre los presentes, recordaba a las de los actores del teatro Kabuki y se incrementó aún más, cuando aquel viejo chamán les propuso una explicación extendida,  a la puesta del sol, en la aldea. Eso si; siempre y cuando organizaran una buena cena en la que no debía faltar su shake favorito. 

Kimura era el único soltero del pequeño poblado. Un joven despierto e inteligente que desconfiaba del monje, del cual tenía el total convencimiento de que era un sinvergüenza que trataba de vivir a costa de los crédulos. Nunca había conseguido una curación destacable y sus rogatorias para la lluvia, jamás ofrecían un resultado satisfactorio. Eso si; cada mañana en la puerta de su choza, no faltaba el cesto donde se esperaba que aquellas buenas gentes depositaran limosnas apetecibles. 

Cuando Kimura se presentó en la reunión, sudoroso y con el hacha en la mano, todos volvieron a mostrar aquellas caras de asombro como máscaras de teatro

—Tenías razón, monje. Los muertos no mueven ni las pestañas. Por eso, ya que estaban muertos, los he cortado. Ya no hay magia. No he visto espíritu alguno y en cambio he visto un buen montón de leña para calentar las chozas de los ancianos. Hoy no habrá shake en tu barriga. Quizás mañana, si nos ayudas a cortar la leña.—
Nika, la única soltera de la aldea, a pesar de su timidez, no puso reprimir unas risitas nerviosas.

El monje, muy inquieto y con cara de susto solo atinó a decir:
—Pero las hojas no se movían...
—Ahora tampoco—replicó Kimura.

Fotografía de Jim Ferreira 
En @olfrankland tumblr

20/02/2022

Conversando con Oka-no

Y tú ¿Cómo lo haces?

—Muero cada día—Respondió Oka-no.

—Los días son un simbolismo de la vida. Amanece un sol en un horizonte y asciende mientras tu te sientes rejuvenecido por el descanso nocturno. Llega un momento en que el astro está en su cenit y comienza a descender. Tu energía ha estado siendo consumida por tu actividad y otras cosas en las que has puesto mucha fuerza y voluntad. En el día como símbolo,  del que hablamos, igual que en la vida entera y real. Después de la tarde llega un ocaso repleto de luces cambiantes y que al mismo tiempo oscurecen y disminuyen de intensidad como disminuye también tu energía. 

¿La vejez?

—Si, hoy te presento un simbolismo que se refiere a una vida afortunada, lo suficientemente larga como para que, al igual que ocurre en una jornada, los paisajes han transcurrido diversos, las nubes han recorrido el cielo dando momentos de brillo intenso y otros más oscuros o nublados. Y como en este ejemplo de la jornada, ahora la vida ha llegado a este tiempo donde los recuerdos se cubren de color y la frente se llena de arrugas.
En mi morir diario, sucede parecido. Cuando la luz se desvanece entre sombras y negruras, me recojo. Como sabes, no soy religioso ni creyente ni contemplo fe o esperanza alguna de trascendencia,  pero eso no me impide percibir la fuerza en mi interior de un espíritu que no puedo negar y mientras me preparo para la muerte diaria, lo escucho. Es un diálogo hermoso entre él y mi mente. Ya hace mucho que descubrí que no eran lo mismo. Y aunque tienen una voz muy parecida, si me concentro, en meditación, puedo distinguirlos. Él escucha mucho más que habla, mientras que la mente parece un pajarillo enjaulado saltando constantemente. No estoy seguro, pero creo que soy yo, el que sin imposiciones, consigo que el pajarillo calle un poco y escuche.

¿Y mueres?

—Simbólicamente si. Es abandonarse en los brazos del sueño. Dejarse ir. Situarse en un plano diferente, trasladarse a otra realidad. 

¿Y luego cuando despiertas, es como un renacimiento?

—De nuevo simbólicamente si. Renacer no es un hecho comprobable; es solo una idea y como tal idea puedo plantearme el nuevo presente después de despertar, como una nueva vida y es lo que el simbolismo quiere dar a entender. Un día es una vida. La noche, la permanencia en eso que los budistas llaman el Bardo y el despertar es un nuevo renacer; otra vida. Y muy posiblemente desde los principios de los tiempos esta idea se ha ido convirtiendo en la semilla de las creencias sobre la reencarnación. Y para huir de la ácida realidad del desaparecer, somos capaces de imaginar y desarrollar en cientos de generaciones, escapatorias como los cielos, paraísos, nirvanas, reencarnaciones...
Pero yo solo utilizo la idea del renacer como una especie de ritual litúrgico para afrontar el día.  Tiene la misma sacralidad que la que pueda tener, ver la agenda o escuchar las noticias por la radio mientras desayuno. 

Oka-no, con esto ¿me dices que no crees en la reencarnación?

Eres muy pesado, hermano. Vivimos en espacios mentales paralelos y por lo tanto sabes perfectamente que yo vivo de contemplar las posibilidades y las imposibilidades. No me interesa creer; me interesa conocer y nuestra naturaleza no nos permite conocerlo todo. Entonces, intenta imitarme. Vive tranquilo. Contempla impasible tu mente y la de los demás. Aprende. 
Posiblemente lo más parecido a un reencarnación que llegues a vivir sea el despertar de las mañanas. Y si La Vida quiere (no, dios) reencarnarás toda la semana. 

¿No tienes miedo de estar equivocado?

Quién, ¿yo o tú?
Creo que quieres que te responda a una pregunta que en realidad, deberías hacerte. En cualquier caso te diré que tengo el mismo temor de estar errado que el de estar acertado. 




Imagen de RD LH en Pixabay

08/02/2022

Juego malvado


Nobody loves no one... nobody loves no one... nobody loves no one...
El anciano, sentado en su mecedora a la sombra del porche en aquel edificio viejo  lo repetía insistentemente. Tres, diez, veinte veces, sin parar para otra cosa, que no fuese dar una calada a uno de esos cigarros que parecen un palo imposible de apagar. Boca y cigarro parecían un todo inseparable. Un mono de esos hechos con ropa tejana con un peto de cuyo bolsillo asomaba una petaca seguramente de whisky. Una típica gorra de béisbol muy gastada y sucia, con su bandera americana,  daba sombra a unos ojos brillantes enmarcados en una tez curtida, bronceada y de barba poblada. 
Su balanceo en aquella mecedora no era sosegado; muy al contrario, podía decirse que era frenético y parecía competir con el temblor de su mano izquierda que se hacía ostensible cuando soltaba el reposabrazos. 
De vez en cuando se hacía un silencio. Aquella mirada se perdía en el paisaje que tenía frente a si, un paisaje compuesto por casas diseminadas en las afueras de aquel pueblo en medio de la nada. 
Repentinamente reinició su recitación, pero esta vez con un nuevo mantra:
This world is only gonna break your heart... this world is only gonna break your heart... this world is only gonna break your heart...

Su salmodia era ahora con una voz más calmada, casi como un susurro y parecía mascullar cada palabra. Daba la impresión de que se estaba quedando sin energía por momentos. 

Al día siguiente volví frente al porche y esta vez el anciano, estaba acompañado de una joven que le estaba recortando la barba. Me acerqué y le pregunté si todo estaba Ok y si necesitaba algo. Le expliqué que era un nuevo vecino del viejo, que acababa de alquilar la casa situada a la izquierda . La muchacha se alegró de la noticia y no vaciló en decirme que le tranquilizaba saber que ahora tendría un vecino cercano. 
El anciano pareció inquietarse y clavando la mirada en la joven volvió a insistir con su recitación:
—Nadie quiere a nadie... Este mundo solo te romperá el corazón...

A los pocos días habíamos creado una cierta amistad con la joven y también con el viejo a raíz de un paquete de cigarros mejicanos que le introduje en el bolsillo de su peto. Tenía momentos de lucidez y dejaba de cantar, pero tarde o temprano volvía a la cantinela. Rachel, resultó ser su sobrina y me explicó la historia:

El viejo se llamaba Arthur, tenía ochenta y dos años y hacía cuarenta que vivía solo. En poco tiempo perdió a su familia. Su mujer y una hija fueron victimas de un terrible accidente en la 66 y la hija mayor apareció muerta en el desierto, solo unos meses después. El novio le acusó de que la joven escapó por malos tratos, lo cual Rachel, niega rotundamente. —Arthur no es así, es bueno. Jamás haría daño a nadie, menos aún a su hija— Me insistió.
El pueblo se puso en contra de Arthur. Se reían de su depresión. Le hacían la vida imposible y finalmente le quemaron la casa. Se tuvo que ir del pueblo y se mudó aquí, cerca del único hermano que tenía, padre de Rachel que también murió recientemente.
—Es un viejecito que no molesta y que necesita poca ayuda, pero tiene el corazón muy amargo. No tiene amigos. Solo me tiene a mi y a mi hijo, pero este ya se está convirtiendo en un adolescente y cada vez lo visita menos. No ocultaré que tiene algo de demencia senil, pero soportable; al menos de momento.
Rachel es madre soltera. No se puede decir que sea una mujer hermosa, pero su inteligencia y su actitud positiva la hacen mucho mas atractiva que cualquier hermosura física. Y me estoy proponiendo ser un buen amigo de Arthur y quien sabe... A lo mejor Rachel y yo, le podemos demostrar al viejo que su cantinela está equivocada.
 



07/02/2022

An'ya y un día de mal humor.

 
La nube más negra acaba
precipitando conocimiento
.
—Y ahora ¿Qué demonios te pasa? ¿Acaso tengo que explicarte lo enfajado e incómodo que se puede llegar a estar dentro de tu mente, cuando estás sumido en ese extraño ánimo que abarca desde el enfado a la tristeza y desde la apatía a la rebelión?
No puedo adivinar qué detonante de los múltiples a los que eres sensible, pueda ser el causante de este desarreglo mental. Me provocas una sensación claustrofóbica y una angustia parecida a la que se pueda sentir cuando te inmovilizan mediante una camisa de fuerza. Y me tengo que defender. Para no resultar dañado se impone una relajación absoluta, total silencio y quietud. Solo de ese modo puedo dejar a un lado el sentirme enfajado, enjaulado y apretado por tus malas vibraciones. Justo cuando deberías poder escuchar mis consejos y sugerencias, me obligas a callar. 

—No lo sé, maldita sea! Solo me faltabas tú, con tu cháchara insoportable. No puedo con ese complejo tuyo de gurú  sabelotodo. No vives en el mundo; vives en mi mente. No es lo mismo. Lo quieres todo redondo y bien acabado y no puede ser. Soy un ser humano que se asusta, que teme, que odia, desea. Un tipo corriente que se equivoca, que mete la pata, que insiste, que se ilusiona y desilusiona. Y oye, mira... Ahora que te quejas, que dices que te sientes incómodo en mi mente, me pregunto qué será de ti el día que mi cerebro se apague. ¿Con quien hablarás? ¿A quién sermonearás?

An'ya alargó un silencio reflexivo, más de lo acostumbrado. Era evidente que estaba tratando de elaborar una respuesta ante el reto de las dos preguntas y que estaba exprimiendo todo su saber antes de contestar, pero mi hartazgo hizo que siguiera enfrentándome.  

—Qué! Parece que te has quedado mudo. Se te da muy bien el palique cuando te desparramas en cuestiones indemostrables. Eres el rey de las parábolas y manejas la palabra con una gran perfección. Que si Dios, que si eternidad, que si reencarnación y karma. En realidad, un sinfín de cuentos que tratan de aliviar la dureza del existir, a base de esperanzas que posiblemente fueran creíbles en otros tiempos de abundante ignorancia, pero que hoy ya no sirven. 

—No estás en el mejor punto de equilibrio para escuchar respuestas, pero si me callo entenderás que no sé que contestar y no es cierto. Me preguntas que será de mi cuando mueras y no hay respuesta más fácil: No tengo ni la más mínima idea. Es decir, tengo la valentía de afirmar que no lo sé. Y al mismo tiempo, también tengo la valentía de afirmar que tampoco tú, tienes ni la más remota idea. Creo que ambos sabemos que nuestras ideas, inquietudes, preguntas y respuestas no son otra cosa que el resultado de una actividad neuronal. En esa actividad entran en juego conceptos heredados de otros cerebros a lo que llamamos cultura, sumados a otros conceptos, nunca mejor llamados así, porque son concebidos, esta vez por nosotros mismos y fruto de las experiencias vitales y comparaciones. ¿No te has preguntado nunca en qué creerías si nadie te hubiera enseñado nada sobre aquello en lo que crees?
Pues bien, si nuestras ideas se elaboran en nuestra mente, lo que entiendes por "tu" y lo que entiendes por "yo" son solo una construcción mental y si no hay mente, no hay construcción. Así pues mi respuesta es la que te he manifestado: no lo sé y hasta donde la ciencia nos dice,  cuando se apaga el cerebro, tan imposible es que yo tenga con quien hablar y sermonear, como lo es que tu puedas ser interpelado y sermoneado.

—Entonces, ¿me estás diciendo que la muerte es la desaparición más absoluta y definitiva?

—Preguntas porque en realidad temes una respuesta afirmativa. Pero no esperes esa respuesta de mi. Te la he dicho: no lo sé. Y tan ignorante y soberbio es aquel que niega como el que afirma cuando responde. De nuevo y como te dije hace un tiempo: Toda esta inquietud,  es solo el poso que deja el miedo y el desespero. Si de niño te hubieran enseñado a afrontar lo que es la muerte, sin adornos esperanzadores, cielos, paraísos y otras edulcoraciones, ahora en vez de estar tan agrio y enfadado, estarías gozando el momento de vivir. y posiblemente tu vida sería una hermosa obra de arte. 

Decidí dormir y esperar que en el siguiente día, el mal humor se hubiera disipado. Sinceramente creo que esa nube negra, en el momento adecuado, precipitó una favorable lluvia de conocimiento. 

 




31/01/2022

Cartas a Briana [2]

París, 20 de mayo de 1917

Querida Briana:

Ha sido una alegría saber que ya te has recuperado. Una fascitis plantar parece poca cosa, pero puede llegar a ser terriblemente molesta. Eres una mujer fuerte, aunque también muy activa. Ten cuidado, por favor. Manejas artilugios que al menos a mi me asustan. 
Y hablando de artilugios, me parece una fantasía que en Norteamérica  ya podáis hablar telefónicamente  de costa a costa y que en el Instituto ya tengáis esa posibilidad sin esperar más allá de unas pocas horas. Me hablas de que pronto será posible entre América y Europa y que formas parte del equipo que está investigando ese proyecto. Me parece una fantasía, y solo hago que preguntarme como debe escucharse la voz a tanta distancia. Me cuesta entender que la voz no se vaya apagando en el interior del hilo a medida que transcurren las millas. Increíble!
Si esto fuese una realidad, en vez de aquel triste telegrama, el pasado 14 de Abril, hubiera podido escuchar tu voz. Cumplías 27 años. Tengo miedo de olvidar esa voz dulce y tu conversación siempre serena y calmada. Tengo miedo de olvidarme de aquella risa cristalina de la hermosa adolescente que me robó el corazón. 
Pero... volvamos al presente. 
Denoto un cierto secretismo en esa noticia que puedo leer en tu última carta. Te conozco bien y pienso que cuando dices "estoy pensando en desplazarme a las cercanías de Boston" sin más explicaciones, quiere decir que es algo que tienes muy decidido. No dejo de preguntarme cual pueda ser el motivo. ¿Tiene que ver con la reciente llegada de tu hermano Ray? ¿Acaso no te complace tu trabajo en el Instituto de Física aplicada? Por favor, dime algo. La noticia me asombra y me inquieta. ¿Qué hay cerca de Boston, que motive tu traslado?

Es interesantísimo lo que me cuentas de la participación de vuestro instituto en los automatismos de esas luces eléctricas que controlarán los coches en los cruces de las ciudades americanas. Recuerdo haber leído que años atrás se instaló un sistema similar en un cruce de Londres pero que funcionaba con luces de gas. Al parecer hubo un accidente que dejó mal herido al policía que se encargaba de hacerlo funcionar y lo retiraron. Creo que difícilmente este sistema pueda sustituir el buen juicio de un policía situado estratégicamente y que puede observar el comportamiento del tráfico. Pero veo que en Nueva York ya lo están usando, evidentemente controlado por un guardia. Sinceramente, me parece increíble y además que propongáis el uso ya no solo de un sistema totalmente automático sino además añadiendo una luz ámbar que no acabo de entender bien que pueda aportar si no es complicaciones añadidas. Permaneceré atento a lo que desees explicarme.

Aquí los físicos no tienen en mente otra cosa que las armas. Que desgracia! Lo que está ocurriendo en este continente es un horror. Los alemanes ya no se conforman con gasear las trincheras con cloro sino que ahora aplican dos nuevos gases. Uno es el resultado de añadir óxido de carbono al cloro que venían usando. Al otro le llaman gas mostaza y es terrible. Ocasiona unas temibles quemaduras en la piel y los ojos. Dicen que puede llegar a ocasionar la muerte, pero está claro que en las contiendas bélicas es preferible herir que matar, por cuanto al herido hay que cuidarlo y resulta ser la mejor forma de debilitar la infantería. Tuve ocasión de visitar una sala de recuperación en el Hospital Militar de París y me costó mucho mantener una mínima entereza ante la visión de los afectados. 
Pero no quiero abrumarte con los horrores de una guerra que afortunadamente te resulta lejana.

La próxima semana parto hacia Portugal. Parece ser que tres pastorcillos afirman haber visto apariciones sobrenaturales. Esto ocurre en una pequeña población llamada Fátima. Desde que The Scotsman me incluyó en su plantilla he tenido jugosos e interesantes trabajos, pero te confieso que esto de Fátima, me parece una ridiculez, cosas de niños, que la iglesia católica magnifica.
Parece que se trata de dos niñas y un niño Lucia, Jacinta y Francisco. Afirman que han sido testigos de diferentes apariciones de un ángel que les enseña oraciones y les prepara para recibir la aparición nada menos que de la Virgen María. Esto viene ocurriendo desde el pasado año y ahora se reafirman en que el pasado día 13 se les apareció La Señora.
Sabes que estoy centrado en este tipo de periodismo incipiente que me gusta llamar periodismo de investigación, pero este tema... no me entusiasma.
Sinceramente, me gustaría mucho más poder ocuparme de otra noticia como la detención y juicio de esa mujer espía llamada Mata Hari. Como te conté, era el motivo de mi presencia en esta hermosa ciudad de París, pero Scotsman quiere que me centre en la guerra y sus consecuencias.  Aprovecharé  pues estos días antes del viaje, para recopilar fotografías de los daños causados por los bombardeos ejecutados con zeppelines, el pasado año. 

Dale muchos recuerdos a Ray y cuéntame cuales son sus proyectos en el nuevo mundo. Y por favor, explícame un poco más sobre tu traslado a Boston. Tienes que reconocer que ahora que estabas instalada, viviendo cerca del Instituto y en la compañía de buenas amistades, no puedo pensar otra cosa que debe tratarse de algo importante el motivo que te lleva a abandonarlo todo. 
Te acomodo en un rinconcito de mi corazón para susurrarte mi cariño.
Siempre tuyo,







25/01/2022

Conversaciones con An'ya sobre negacionismos

El Otro tiene la propiedad de aparecer siempre detrás de un pensamiento. En ocasiones lo intenta en los momentos iniciales de la meditación, pero ésta misma, lo rechaza. Suele insistir, pero al final sucumbe.
Los procesos reflexivos son su puerta de entrada a ese extrañó habitáculo mental donde se elaboran  las imaginaciones y cuyo espacio perfuma la inspiración con las esencias de las musas. 
El Otro aprovecha la mecánica del discurrir, el movimiento de la reflexión y se cuela. Se acomoda y habla en ese susurro de origen ilocalizable en la caverna mental, pero expresivamente claro, cargado de elocuencia. Es la oratoria insonora de An'ya

—El miedo hermano, el miedo. Ese es el causante —Su voz sin sonido interrumpe mi pensamiento que trata de entender el negacionismo de la pandemia y el rechazo a la vacuna. Es evidente que El Otro convive con mi pensamiento y aunque no siempre, en ocasiones trata de interponerse colocándose en frente. 

—No es otra cosa que el miedo a la sociedad. A tus iguales, a la estructura que conforma las civilizaciones; en definitiva, es un miedo a la humanidad. Le podéis dar explicaciones como, desconfianza a los gobiernos, a los poderes en la sombra, a las farmacéuticas... a lo que quieras, pero el origen es mucho más antropológico: Es el temor hacia el otro, hacia el desconocido, el extranjero...
Es una faceta más de los miedos ancestrales. Cuando de alguien o de algo se desconoce, la reacción es el temor. Y la primera reacción del temor es la negación. El niño que teme una presencia imaginada en su dormitorio, se tapa los ojos. Es su forma de intentar negarse la presencia imaginada. Tendemos a negar la posibilidad de vida extraplanetaria inteligente porque en el fondo, tememos la posibilidad de su belicismo, su mayor cuota tecnológica o su capacidad destructiva. La forma más fácil de afrontar un problema es negarlo. 
Hay otras formas de negar, como por ejemplo, desviar la atención. No es insustancial el hecho de que los movimientos antipandemia o antivacunas deriven su justificación apelando a la cuestión de la libertad personal. Es su forma de mirar hacia otro lado y justificarse así mismos el valor de su ideología. 

Y mientras escucho al Otro, me pregunto que pueda haber de cierto en esa forma de entender el fenómeno. Es claro (para mi) que si An'ya me habla así, es porque en mis profundidades mentales subyace esa idea: 
El miedo como causa de algunas celebres negaciones.
La negación como recurso psicológico para apartar temores. 

Al fin y al cabo es algo que la Iglesia ha hecho por siglos. Cuando alguien ponía en cuestión las verdades bíblicas, el miedo más animal, despertaba en instituciones y personas. El contraataque era negar. 
Y en este punto me viene a la mente otra realidad: Que cuando el contraataque es la negación, la derivada inmediata es la violencia. Por eso no me gustan los negacionismos militantes.


Imagen de ambermb en Pixabay

22/01/2022

Cartas a Briana [1]

Hospital militar de emergencia durante la epidemia de Gripe Española. Camp Funston Kansas Estados Unidos.
/ Foto: Museo Nacional de Salud y Medicina

Praga, 7 de enero de 1917

Mi querida y añorada Briana:
Ya se han cumplido tres años desde nuestra separación. Mi corazón sigue latiendo sobre nuestro amor del mismo modo en que reman los barqueros remontando el rio Moldava. Sin el rio no habría nada que remar y sin tu recuerdo, nada que latir. 
Te agradezco infinito que me facilitaras tu dirección y me alegra enormemente saber de tu coraje y valentía. Estoy convencido de que serás, ya no solo una de las pioneras de la ciencia física como mujer, sino también una investigadora destinada a codearse como mínimo con la Sra. Curie que tanto admiras, o quizás a superarla.
La madurez nos lleva a entender como nuestro amor de adolescencia se ha ido convirtiendo en una relación que ni tu ni yo nos atrevemos a clasificar. Pero eso no importa. Importan los votos que nos hemos ofrecido y el hecho de que a pesar del tiempo y la distancia, permanecemos en el corazón del otro. Me siento muy dichoso por esto. Hubo un tiempo, en nuestra adolescencia, donde no podíamos imaginar vivir el uno sin el otro. Pero maduramos y nos dimos cuenta de que ese amor de pareja, era posesivo y limitador. Desplegamos las alas sin dejar de querernos y descubrimos la belleza de ese cordón de platino que nos mantiene unidos. Descubrimos la inmensa alegría de los reencuentros y esta sublime forma de vivir el amor sin promesas. 
Estoy en Praga, recabando notas y tomando apuntes sobre la ciudad. Nunca son suficientes para enriquecer la novela que estoy escribiendo. Y en este orden de cosas me enorgullece explicarte que he adquirido una cámara Kodak Brownie Pocket Folding Num.2 así como los artilugios necesarios para revelar las películas. De ese modo puedo comprobar que mis tomas han sido correctas y dejar la realización de las copias en papel,  para cuando vuelva a nuestra querida Edimburgo. No puedes imaginar como extraño el olor rancio de las calles de Blackford. En Praga solo he encontrado un proveedor fotográfico y los pedidos, en ocasiones demoran quince días. 

Son tiempos convulsos. Nos ha llegado la noticia de que finalmente, después de tantos meses de guerra, la llamada batalla de Verdún a finalizado. Se habla de más de 700.000 muertos. Dicen que Francia es la vencedora, pero yo me pregunto si en un conflicto como este se puede hablar de vencedores. Quizás no sea casual que una rareza como Rasputín haya muerto. Parece como si estuviera deseando abandonar este mundo tan conflictivo. 
Y hablando de rarezas, el pasado 30 de diciembre, fui invitado a una conferencia realmente singular. Se trataba de una astróloga alemana que se hace llamar  Elsa Gorlizia aunque me informaron de que se trata de una tal Elsbeth Ebertin , natural de Görliz y de ahí su seudónimo. 
Esta mujer afirma que los tiempos convulsos no han hecho más que empezar. Dice que el próximo año se desencadenará una pandemia que matará más de cien millones de personas. Y lo más sorprendente o difícil de creer; afirma que en Alemania dentro de poco surgirá un "anticristo" de origen alemán que extenderá el horror por todo Europa y que se ensañará con los judíos. Según ella, este anticristo ya vive entre nosotros; dice que nació en Abril de 1889. —"Ni siquiera el gas de las trincheras ha podido destruir al monstruo"— dijo la enigmática señora. Las políticas en Alemania están revueltas; más ahora tras la derrota en Verdún, pero sinceramente no veo como puede surgir de la nada algo como lo que describió la astróloga y vidente. No creo en estas cosas. Sin duda este siglo será glorioso a pesar de su mal comienzo.

Me gusta saberte tranquila en tu nuevo país que parece alejado de estos tiempos distópicos, aunque tengo entendido que en New York, hace un frio que rompe cañerías. Te envío todo mi calor. Déjame fundirme en un abrazo inacabable. Déjame escuchar tu corazón y sentir tu aliento. 
Siempre tuyo, 







15/01/2022

An'ya (2)

Esta tarde he recibido contestación al ticket de soporte al usuario que había abierto sobre la cuestión del fallo en la distribución de los correos de los lectores del blog que están suscritos. Vaya, vaya! el fallo tenía que ver con la redirección al usar un nombre registrado en vez del típico "usuario.blogspot.com"
Confieso que no he entendido ni "pijo mangotero" pero bueno, he rectificado lo que me han dicho; asunto arreglado (creo). Espero que ahora, reciban los correos. Eso sí, sin agrupar. 
✷✷✷

No era un propósito de esos tipo "ir al gimnasio, hacer yoga o dejar de fumar" que la gente se auto propone en el cambio de año, pero sí que me había propuesto darle un brinco al blog (alguien diría giro) a pesar de que veo con toda claridad que esto del blogueo está con flojera generalizada. 
Mi contagio por Covid, lo ha retrasado unos días. Habrá que ponerse las pilas.



Hemos llegado a un convenio con "El Otro" también conocido en Nepal como An'ya (se pronuncia Annía) y como Hoka no - 他の - en las Tierras del Sol Naciente. Y me va a permitir publicar nuestras conversaciones; eso si, siempre etiquetadas como  #ficción o no y también #An'ya para que cada cual escoja cual es la realidad de esos contenidos. No tengo ni idea de si esas "comidas de coco" aburrirán, gustarán o simplemente provocaron somnolencia. De lo que estoy seguro es que pondré la poca energía que pueda tener en recopilarlas y ofrecerlas. 

An'ya es dificil de describir y menos aún de definir. 
Amigo imaginario?
Alter Ego?
La sombra junguiana?
Parecido al inconsciente colectivo?
El ángel guardián?
Un derrame akáshico...?
Quizás todo un poco. Que más da! 
No es el demonio, no es un alienígena, no es Emilio Carrillo, ni un cura pederasta. Es An'ya y me gusta darle voz.




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14/01/2022

Refracciones

ficción (o no)



La madrugada había sido fría y sobre el llano que rodea el estanque, una densa niebla remojó por completo las briznas de hierba. Esas humedades persistían a media mañana y en mi transitar tranquilo por los caminos, unos brillos extraños llamaban mi atención. No me quedó otro remedio que tratar de observar mejor el fenómeno. La curiosidad tiraba de mi. Al fin y al cabo el paseo tenía el propósito de encontrar alguna imagen interesante y fotografiable. 
Solo hay una forma de observar correctamente las briznas de hierba: convertirse en hierba. Eso hice. Y allí tumbado, cámara dispuesta, objetivo macro-fotográfico montado y el ojo en el visor. Tuve que comprobar que la lente no tenía ningún filtro polarizador añadido, porque la refracción que descomponía la luz reflejada de las gotas, en diversos colores no tenía sentido. Ese fenómeno se manifestaba de forma natural cuando se polarizaba la luz, pero sin polarizador... ¿Cómo era posible?
Un moreno, con su chaleco amarillo fosforito y su bicicleta, me distrajo. Seguramente se dirigía a su trabajo y no pudo evitar saludar y preguntar:
—Bueno día jefe, ¿caracole?
—No hombre, no. Estoy haciendo fotos.
—Ah... un foto.
Y después de esta interesante y larga charla, se largó pedaleando sin mucha prisa. Me pregunto porque les cuesta tanto usar alguna fórmula de despedida; no sé, un adiós o un que vaya bien...nada. Se largan sin decir nada. Cuestión cultural, supongo. Estos vecinos morenos son trabajadores que suelen pasar por la zona de los estanques de mi pueblo, evitando así un buen trozo de carretera y sus peligro por el tránsito de camino hacia la fábrica.

Volví a fijar mi atención en el brillo refractado y su cromatismo. Apenas era observable. Otra rareza... ¿Cómo era posible el cambio en tan poco tiempo?
Decidí probar colocando un polarizador y ver que ocurría. Los colores reaparecieron y tomé las fotos. 
Ahora, el incremento cromático tenía un claro porqué. Respondía a la Física, como me gusta decir.
Pero ¿y antes?
—Ni idea, me dije. Se lo preguntaré a An'ya.

Y efectivamente, por la noche, después del post procesado fotográfico, alguna matriz mental tomó forma en la parte oscura de la mente y empezó a trabajar en sueños. Sueños de los que podríamos hablar otro día.



03/01/2022

An'ya

 778 palabras

अन्य (An'ya)
La primera vez que los vi, estaban a los pies de mi cama en la Unidad de Recuperación del Hospital donde me acababan de extirpar la mayor parte inferior del pulmón izquierdo; la língula y más allá. 
Supongo que la cirujana se aseguró de acabar con aquel tumor cuya malignidad era la que era, pero de la que nunca supe cuanta ni sus niveles de agresividad. El precoz diagnóstico y la rapidez de la intervención, me ahorraron mucho sufrimiento. Y dicho sea de paso, se vive soportablemente con un pulmón y un cuarto. Bueno... eso es cierto si evitas tener que resoplar por algún esfuerzo.
Pero volvamos a los personajes al pie de mi cama.
Que estaban presentes, para mi es un hecho incuestionable, por muchas veces que me digan que "son cosas de la anestesia".
Y es que aunque así fuera, nadie me convencerá de otra cosa sino de que las alucinaciones ocasionadas por los estados alterados de consciencia, son precisamente las puertas entreabiertas hacia otras realidades. 
En aquel estado, embutido de químicos hasta las orejas, enchufado a unos cuantos tubos y con algunas costillas dislocadas para la intervención y 37 grapas cerrando una herida que iba desde cerca de la columna hasta el costado izquierdo formando un precioso arco sin cuerda, con los músculos intercostales y el dorsal izquierdo remeneados y manipulados, ese, fue el momento en que aquellas dos entidades escogieron para presentarse. ¿Porqué? —No lo sé; ni idea.
¿Qué es lo que veía? —Veía dos túnicas negras que seguramente llegaban hasta los pies (la cama me impedía ver el final) y que remataban en la parte superior con una capucha que por la disposición de la luz impedía ver rostro alguno, si es que lo había. 
¿Qué hacían? —Absolutamente nada. Parecían tener los brazos caídos y cruzados dentro de esa túnica de la que tampoco puedo asegurar, tuviera algún tipo de cierre, atado o abrochado. Aunque no se escuchaba voz alguna, parecían conversar entre ellos puesto que giraban la cabeza para mirarse. En un momento me pareció ver que se apartaban para dejar espacio a alguien del equipo médico, pero al mismo tiempo era obvio que nadie detectaba su presencia.
¿Los veía solo yo? —Este es un punto muy interesante ya que pude darme cuenta que durante el tiempo en que estuvieron allí, yo solo los veía si entornaba los ojos, o incluso si los cerraba. Ese era el momento en el que los podía contemplar con más y mejor detalle, pero la escena me provocaba un cierto temor y  por eso  cerraba y abría los ojos constantemente.
En la situación en la que me encontraba, me resultaba (y aún ahora me resulta) difícil saber cuanto tiempo estuvieron conmigo. Puede que fueran minutos o quizás horas, no lo sé. Solo sé que se fueron juntos hacia mi derecha, que precisamente es donde estaba la puerta de aquella sala y por donde unas horas después apareció mi hija con su cara entre asustada y feliz. 

Solo puedo decir una cosa, por muy fantasiosa, infantil, boba o cualquier otro calificativo que se quiera darle: Desde entonces, cada vez que hago algún tipo de introspección, meditación, balance interior, ejercicio sofrológico etc. noto su presencia o si quieres suavizar esta afirmación, me acuerdo de ellos y coloco mi mente en algo así como un "modo receptivo".  Un modo receptivo que me recuerda al del perrito de mi hija cuando comemos y se pone bajo la mesa inmóvil, superconcentrado, esperando a ver si cae algún trocillo de lo que sea, a pesar de que mi hija nunca le da absolutamente nada mientras se está comiendo. 

Dos figuras, si. Pero tengo la impresión de que son dos caras de una moneda, entidades contrapuestas, posiblemente complementarias. 
Ahora con los años -ya han transcurrido diez, casi once desde el episodio- la dualidad se va desdibujando, al punto de que me atrevo a referirme a esto como la "presencia de An'ya". 
An'ya en nepalí significa "El Otro"

Y hasta aquí.
Al igual que aquel personaje de la historia, hago algo parecido con las creencias: Ni quito ni pongo rey; solo sirvo a mi señor. ¿Serán estos dos personajes unificados, una representación de la "sombra" de la cual habla la Psicología...? —Todo es posible. ¿Será este post, un puñetero cuento de la mente calenturienta de Noxeus? —Tienes todo el derecho de pensar aquello que tu creas acertado.

En cualquier caso, verás que algunos posts futuros llevarán el título de Mis conversaciones con An'ya.
Verdad o mentira, como se suele decir serán según el color del cristal con que se mira. Interpreta lo que quieras.

23/09/2021

Dignidades peligrosas


Su trayecto vital ya rondaba el medio siglo. Era un tipo trabajador donde los hubiera, cargado de iniciativa pero sin formación académica. No había pisado una universidad en su vida excepto aquel día en que recibió el encargo de cambiar las luces de la biblioteca por leds de última generación. Su franqueza era digna de ser enmarcada, aunque precisamente a causa de ella, tenía un vocabulario con tanta variedad de tacos que podría alimentar una chimenea durante todo un invierno. Pero claro; es un decir. El amigo lector ya imaginará que esos tacos, ni eran combustibles, ni comestibles como si que lo son los ricos tacos mejicanos.
Últimamente se había abandonado mucho y la báscula del baño, rechinaba como una puerta centenaria, cada vez que colocaba sus pies en aquella plataforma de cuarenta por cuarenta. Se inclinaba un poquito hacia delante, Bajaba un tanto la cabeza; lo suficiente como para que su barriga no le impidiera ver los números y leía: 119 Kg.
—Bueno, menos mal; me preocupa llegar a ciento veinte— decía para sí el muy cretino...

Pero, a pesar de todo, el tipo gastaba un porte, unos andares y una pose, que mientras no abriera la boca, realmente parecía "de la nobleza"... Eso sí, a la que emitía algún sonido en la aparente forma de palabra, se resquebrajaban los cielos.
Mi amigo Adolfo, secretario de la universidad,  siempre me cuenta la anécdota de cuando recibió el cheque por el trabajo de los leds. Su especial forma de "dignidad" no le permitía rebajarse a dar las gracias, así que alargo la mano, miró que el talón no estaba barrado y exclamó —Puta madre !!
Se dio la vuelta y salió de la oficina a paso ligero.

Pero aquel día en la cola del cine, su especial dignidad casi le cuesta la vida. Esperando su turno, vio como tres personas antes que él, sufrían "el cuele" de un chaval con bastante descaro dicho sea de paso. Aquella situación fue calentando a nuestro amigo y también a alguno más.  Montó en cólera y empezó a gritar mientras empezaba a correr tras el mocoso que al ver la reacción de nuestro protagonista, salió disparado esquivando aquel container con patas que trataba de pillarle:
—Eh!! pedazo de mierda seca! Qué cojones te has creído!! Ven aquí cabrón!! Que te arranco los sesos...

Fueron más o menos doce zancadas y cayó como un saco. Aquella barriga me recordaba a un carro que vi en los dibujos animados,  cargado de paja dando tumbos de un lado a otro. Tumbado en el suelo enmudeció. Solo algún quejido. Su mano derecha pasaba de tratar de desabrochar su camisa a tocarse el hombro izquierdo mientras se revolvía en el suelo. 

—Llamad a una ambulancia— gritaba una joven, mientras otros comentaban que se trataba de un infarto. La joven que al parecer era enfermera, se acercó decidida y el sujeto principal, el joven, tuvo la decencia de tratar de ayudar. Era un sinvergüenza y un pillastre, pero al parecer tenía un corazón noble.

—Señor, señor... ¿Qué le ocurre?—preguntaba mientras se agachaba a su lado, angustiado y temeroso por lo que había ocurrido. 

Lo siguiente fue como un relámpago cercano seguido de un trueno. Bueno; no fue un trueno, fue aquella misma mano derecha que tomando la forma de un puño, desistió de tocar el hombro dolido y la agobiante camisa para volar supersónicamente hasta las narices del chaval.  
Los asistentes no están muy seguros pero les pareció escuchar un susurro que decía:

—Hijo de la gran puta— o algo parecido.
Se desmayó. Llegó la ambulancia. Todos fueron atendidos, incluida una señora que se puso histérica.

Seis meses después se le vio depositando la cantidad acordada como compensación por rotura de tabique nasal. Al parecer, cuando el funcionario le extendió el recibo, exclamó:
—Así le exploten las nueces al cabrón de mierda!!



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