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02/12/2025

Tempus, el eco de lo efímero

© Ricard Pardo

El tiempo. Un río invisible y constante que arrastra consigo cada instante, cada risa y cada lágrima. No es una entidad que podamos ver o tocar, sino una medida implacable de nuestra existencia. Desde el primer aliento hasta el último suspiro, estamos inmersos en su caudal, siendo testigos y actores de un drama que tiene un solo final para todos: la finitud humana.

Nacemos, crecemos, amamos, luchamos. Cada hito es un grano de arena que se desliza por el reloj. En la juventud, el futuro parece un horizonte infinito, vasto e inagotable. Pero a medida que la vida avanza, la perspectiva cambia. El tiempo ya no es un aliado paciente, sino un recordatorio persistente de que la reserva es limitada. Nos volvemos conscientes de la fugacidad, de que todo lo que construimos, sentimos y somos, tiene fecha de caducidad.

La finitud no es solo el cese de la vida biológica; es la tensión constante entre el deseo de permanencia y la realidad del cambio. Queremos que los momentos de felicidad duren para siempre, que las personas que amamos permanezcan a nuestro lado, que las obras que creamos resistan el olvido. Sin embargo, el tiempo actúa como un disolvente, atenuando recuerdos, transformando paisajes y llevando al silencio incluso a las voces más fuertes.

La aceptación de nuestra finitud es, paradójicamente, lo que da valor a la vida.

Saber que el lienzo es pequeño, nos obliga a elegir cuidadosamente los colores. Es el conocimiento de la brevedad lo que impulsa la urgencia por vivir de verdad: a perdonar más rápido, a amar sin reservas, a buscar la autenticidad en cada acción. Nuestra huella en la arena es efímera, pero la calidad de ese paso define nuestra trascendencia. 

21/08/2025

El bardo



Creer o no creer, esa es la cuestión.
No lo dijo Shakespeare, pero vamos, como si lo hubiera dicho. Los creyentes (en general) suelen sonreír sobre las propuestas de otras confesiones y creencias, mientras que aceptan a pie juntillas, otras fantasías procedentes de la misma suya tan faltadas de lógica o más.

Yo no soy creyente, pero no apuesto por nada y lo observo todo. Soy de los millones de personas que se limitan a decir que nada pueden asegurar ni nada desmentir porque en realidad, sobre la continuidad de la vida, no sabemos absolutamente nada, por mucho que se proponga, piense, acepte como "revelado" o cosa parecida. No sabemos nada de nada y la ciencia, no puede certificar nada; al menos de momento. Dicho todo esto, mi posición personal es que "la intuición" me dice que después de la muerte no hay absolutamente nada. ¿Por qué razón debería haberlo, más allá de un deseo fruto de nuestra natural angustia al hecho de desaparecer?
Así, pues, ríete todo lo que quieras. Allá tu y tus circunstancias personales. Las mías no me producen sonrisas; me producen "cara de palo"

El bardo

En el budismo, el periodo entre la muerte y el renacimiento se conoce como bardo.
Este término, que significa "estado intermedio", se refiere a una fase transitoria en la que la conciencia de un ser viaja hacia su próxima existencia. La duración de este estado varía según las diferentes tradiciones budistas, pero en el budismo tibetano, se cree que puede durar hasta 49 días. 

 Descripción del bardo 

Durante el bardo, la conciencia del ser fallecido pasa por diferentes etapas y experiencias, influenciadas por su karma acumulado en vidas anteriores. Este concepto es fundamental, ya que el karma es la fuerza que determina la naturaleza de la próxima reencarnación.
El bardo no es un lugar físico, sino un estado mental de transición. En este estado intermedio, la conciencia se enfrenta a visiones y proyecciones de su propia mente, algunas pacíficas y otras aterradoras. La tradición budista tibetana describe este proceso en detalle en el texto sagrado Bardo Thödol, conocido en occidente como "El libro tibetano de los muertos". Este texto sirve como una guía para el difunto, con instrucciones y oraciones para ayudar a la conciencia a navegar por este estado y alcanzar la iluminación, evitando así el ciclo de renacimiento (samsara).
Para los budistas, el bardo es un momento de gran oportunidad. Aunque puede ser confuso y desafiante, es un periodo en el que la conciencia es particularmente susceptible a la influencia. Si un ser logra reconocer la verdadera naturaleza de las visiones y mantener la claridad mental, puede liberarse del ciclo de la reencarnación. Por esta razón, se realizan rituales y recitaciones de textos sagrados durante este periodo para guiar al difunto.
Hay que tener en cuenta que para un creyente budista, la reencarnación es algo "esperable pero no deseable". Ellos lo entienden como pasos necesarios, pero su anhelo espiritual es superar la necesidad de reencarnar, lo cual solo es posible al alcanzar lo que llaman "iluminación"
Algunas escuelas afirman que durante el bardo, la consciencia escoge entre otras cosas, los padres y el lugar y situación en la que reencarnará de acuerdo con aquello que mas le conviene para ir superando etapas hacia esa iluminación. 

Okanu          

 




12/10/2024

Aquel libanés admirable al que siempre escucho.

Allí donde estuviese, si estuviera, vería con el corazón encogido, como la tierra que le vio nacer es atacada miserablemente por aquellos cuya soberbia les hace pensar que son los escogidos, elegidos, nadie sabe para qué,  de un dios al que han desdibujado hasta convertirlo en un imposible de creer. Porque es bien sabido que lo que más mueve hacia la fe, es el ejemplo. Y su ejemplo es tan nefasto, engreído y revestido de crueldad, que solo sirve para sembrar el ateísmo más recalcitrante.

Yibrán Jalil Yibrán, para nosotros, solo Khalil Gibran, poeta, filósofo y artista,  nació en un pequeño pueblecito del Líbano, ahora ciudad, pero también pequeña: Bsharra. Y vino al mundo precisamente el dia de reyes de (6 de enero) de 1883, como si se tratara de un regalo para el mundo.
Hay un poema suyo que, a mí, me sobrecoge y me acompaña desde poco después del nacimiento de mi hija: Lo suelen reproducir en formato columna, como si fuera un verso rimado. Puede que en su idioma, materno, se consiga un rimado. Pero es algo que desconozco. A mí me gusta más, verlo como prosa, en párrafos normales y corrientes cuya poética se precisa descubrir. Nada más fácil, por cierto.

Tus hijos no son tus hijos, son hijos e hijas de la vida, deseosa de sí misma. No vienen de ti, sino a través de ti, y aunque estén contigo, no te pertenecen.
Puedes darles tu amor, pero no tus pensamientos, pues ellos tienen sus propios pensamientos. Puedes abrigar sus cuerpos, pero no sus almas, porque ellos viven en la casa del mañana, que no puedes visitar, ni siquiera en sueños. Puedes esforzarte en ser como ellos, pero no procures hacerles semejantes a ti, porque la vida no retrocede ni se detiene en el ayer.
Tú eres el arco del cual tus hijos, como flechas vivas, son lanzados. Deja que la inclinación, en tu mano de arquero, sea para la felicidad.


23/07/2024

Como un prisma (editado)

Esta entrada fue originalmente publicada el 19 de enero de 2022.

Ahora que estoy en una especie de retiro de actividad, que posteo -bajo mínimos-  por las noches o madrugadas y programo la publicación para más tarde, que me estoy replanteando el blog y su naturaleza y que arranco en otras actividades.
Ahora, decía, creo que es un momento bueno para recordar el origen de aquella trinidad que no tiene evidentemente, nada de santísima. Ha evolucionado y las tres facetas siguen correspondiéndose con un prisma, pero dos de sus facetas se expresan fusionadas en una sola: Okanuh.
Por lo tanto, la traslado hasta hoy, después de la pertinente edición . Es esta:

—Harías bien en distinguir y separar mis tres facetas porque soy como un prisma irregular y el resultado de la refracción de la luz que se proyecta sobre tu mente, desde la mía,  puede ser ligeramente diferente según desde que lado (faceta) me atraviesa para luego proyectarla..
 
La entidad que soy,  se manifiesta como una prisma de cristal, pero irregular; es decir, su base no es un triángulo equilátero, sino escaleno. (Difícil de encontrar incluso para la foto) Pide, por lo tanto, que siempre se distinga sobre qué lado de sus tres caras piramidales incide principalmente la luz (conocimiento) y con que espectro se proyecta.

—Siempre deberías nombrarme en función de la cara sobre la cual incide la luz. Una para An'ya, otra para el que llamas El Otro que no es otra cosa que la imagen que tiene mi consciencia de mí mismo y una tercera, Okanuh para la última faceta. Sabes que An'ya es destacadamente espiritual al tiempo que se aleja de cualquier forma de religión. El Otro está impregnado de la sabiduría popular valora la tradición y exalta la vida. Oka-no, se alimenta exclusivamente de las ciencias. No cree, solo conoce y desconoce. Sin embargo las tres facetas son de una sola pirámide. Y por supuesto en muchas ocasiones la luz incide en dos caras a la vez. Nunca en las tres; es imposible.

En este punto de edición preciso explicar que tiempo atrás An'ya y el Otro se fusionaron en lo que hoy se podría entender como mi yo más convencional. Así ahora solo existen Okanuh y Yo.

Empezamos bien, me digo a mí mismo. Esto se complica. Ahora, además de estar atento al tenue susurro de la voz interior,  deberé prestar atención y tratar de saber sobre cuál faceta incide la luz y, por lo tanto, con qué carácter se manifestará. —¿Llegaré a tanto?— Tengo mis dudas.


Por aquel entonces dialogaba así conmigo mismo:

—A los seres humanos no nos gustan afirmaciones como la que dice que la enfermedad es equiparable a las experiencias emocionales como el amor de pareja, la perdida de un ser querido o la misma paternidad/maternidad. Y, sin embargo, son equiparables. Evidentemente, equiparable no significa iguales y las experiencias mencionadas tienen tonos totalmente diferentes. Sin embargo, cuando se experimentan, pasan a formar parte de tu activo vital. Es lo que la experiencia, también conocida como vivencia, te ofrece para sentir la vida con más intensidad. La enfermedad es una de las mejores posibilidades para amarte, para comprenderte; en definitiva, para crecer en valores humanos. Algunos enfermos tienen una relación amorosa muy incrementada con su cuerpo durante el proceso. Esto, además de amplificar sus capacidades para sanar, también consigue que entienden mejor lo que es vivir, lo que es la vida. En este sentido, y aunque ni por asomo sea igual de agradable, aporta valores similares a la experiencia del amor, de la paternidad, de la camaradería entre los amigos. 

Vaya! no me digas An'ya que eres de los que creen en que el dolor redime...

—Por favor... para eso tendría que creer primero en el concepto de pecado o culpa y además tendría que aceptar ese estúpido planteamiento judaico-cristiano de la culpa original. Ni he dicho, ni he insinuado nada que se parezca, pero si quieres te hablo del dolor y el sufrimiento. 

Bueno. Ya me asustas, pero dime lo que tengas que decir. Sabes mejor que nadie cuando te presto atención y cuando no. 

—No hay enfermedad sin dolor. En mayor o menor medida y a pesar de los avances médicos. Es algo que creo que ya sabes a nivel personal. Pero ahora no quiero referirme a un individuo enfermo, sino a otra clase de enfermo. Lo que quiero decirte es que la sociedad -las sociedades- están enfermas. A la comunidad humana le ocurre algo parecido a lo que le ocurre a un ser humano que se sobrealimenta. Ese individuo es más que probable que desemboque en enfermedades endocrinas y cardiovasculares. Y entra en un círculo vicioso del cual realmente es difícil salir. A la humanidad le ocurre algo semejante; no hablo de la comida que precisamente escasea en ciertos lugares, no. Hablo de lo que alimenta y ofrece la energía necesaria para el mantenimiento de la sociedad como un cuerpo. Un cuerpo sano. Hablo de la energía que ofrece el orden, la jerarquía de valores, la solidaridad. Cosas como estas son el auténtico alimento que nutre las células de la sociedad. Lamentablemente, al igual que hace un individuo, la sociedad también se alimenta de comida basura: Libertinaje y su consecuente desorden, la mofa de los valores éticos, la amoralidad, el individualismo egoísta. Ahí tienes el gran supermercado de las noticias falsas, bulos que también llaman fake news: las Redes Sociales. Auténticos McDonald's repletos de comida basura para el alimento social. Ahí están, también, los medios deshonestos, los políticos corruptos, los señores feudales modernos que resultan ser las grandes corporaciones...etc. Todos ellos componen un menú de comida basura que no consigue otra cosa que engordar y estropear las células sociales. 
La sociedad está enferma y empezará a sufrir. El dolor es una cosa, dicen que inevitable. El sufrimiento otra diferente, dicen que optativo. Pero yo te avanzo que no va a haber opción que valga. La humanidad sufrirá el dolor. Inevitablemente.
La enfermedad ya se está manifestando. Lo puedo ver en la incapacidad para afrontar la crisis climática, lo puedo ver en el aumento del fascismo, lo puedo ver en el aumento de los flujos migratorios, lo puedo ver en la incapacidad para solucionar las hambrunas, lo puedo ver en el aumento de los negacionismos de toda índole. Y son solo pequeños síntomas que incomodan y que poco a poco conforman el escenario perfecto para la obra final. Dentro de muy poco serán dolor. Dolor inevitable. Del que hace sufrir. 

Como suele ocurrir, aquello que fueron An'ya y/o el Otro, se volatizan en mi mente y desaparecen súbitamente. Mientras constato que pocas cosas han cambiado en la sociedad,  Okanuh, calculadora en mano, parece querer decirme algo. 
Será otro día
 

03/03/2024

Y ¿los animalicos, qué?

 ¿A dónde van los animales después de muertos, según las diferentes creencias?

Las creencias sobre lo que sucede con los animales después de la muerte varían ampliamente según las diferentes culturas y religiones. Aquí hay algunas perspectivas comunes:

1. Ateísmo y agnosticismo: Desde estas perspectivas no teístas, no hay una creencia específica sobre un destino postmortem para los animales. La muerte se considera el final de la existencia.

2. Cristianismo: Las creencias cristianas difieren según las denominaciones, pero muchas enseñan que los animales no tienen almas inmortales como los humanos. Por lo tanto, no hay un destino específico para los animales después de la muerte, aunque algunas personas sostienen que los animales pueden estar presentes en el Paraíso.

3. Islam: En el islam, se cree que los animales no-humanos no poseen almas eternas. Su existencia puede considerarse temporal y limitada a esta vida. Sin embargo, algunos eruditos islámicos han discutido sobre si los animales pueden tener una presencia en el paraíso.

4. Hinduismo: Las creencias hindúes son diversas, pero en general, muchos hindúes creen en la reencarnación. Algunos sostienen que los animales pueden renacer como humanos y viceversa, dependiendo de su karma.

5. Budismo: El budismo comparte la creencia en la reencarnación, y algunos budistas creen que los animales pueden renacer en diferentes formas, dependiendo de sus acciones y karma en vidas anteriores.

6. Religiones indígenas y espiritualidad: Las creencias de las comunidades indígenas y espirituales pueden variar significativamente. Algunas culturas indígenas creen en la continuidad espiritual de los animales, mientras que otras pueden ver la conexión con la naturaleza de una manera más holística.

7. Nueva era y espiritualidad contemporánea: Algunas personas que siguen prácticas espirituales contemporáneas o creencias de la Nueva Era pueden sostener ideas variadas sobre la vida después de la muerte para los animales, que pueden incluir conceptos como la energía universal o la conexión espiritual.

Es importante destacar que estas son generalizaciones y que las creencias individuales pueden variar significativamente incluso dentro de una misma tradición religiosa o cultural.

Si esto fuera así, cosa que no creo en absoluto, (soy de opción num. 1), uno que yo me sé, podría montar un zoo en el Paraíso.

06/02/2024

Hablando con nosotros mismos

La filosofía empieza a preguntarse por qué (y para qué) nos hablamos a nosotros mismos

Hunia Studio/Shutterstock
Daniel Gregory, Universitat de Barcelona

Es bastante raro que los filósofos empiecen a investigar un área nueva, ya que muchas de las cuestiones que exploran han existido desde la antigüedad. Sin embargo, hay algo que no se ha empezado a estudiar de cerca hasta hace unos 15 años y que se sitúa en la intersección entre la psicología y la filosofía: el habla interior.

También conocido como monólogo interior, es la voz que oímos en nuestra mente cuando pensamos o leemos. Sorprendentemente, la investigación empírica ha descubierto que, aunque la mayoría de nosotros contamos con esa voz interior, no todo el mundo la tiene.

La ciencia y la psicología le han prestado mucha atención. Desde hace más de un siglo sabemos que el habla interior –especialmente al leer un texto– va acompañada de pequeños movimientos de la laringe, lo que demuestra una clara relación entre el habla “interna” y la “externa”.

Los filósofos ya habían reflexionado puntualmente sobre el tema. El conocido conductista Gilbert Ryle consideraba que la voz interior desempeñaba un papel clave en lo que los filósofos llaman “autoconocimiento”. Aprendemos sobre los demás escuchando lo que dicen. En su libro seminal de 1949, The Concept of Mind, Ryle sugirió que somos capaces de hacer lo mismo con nosotros mismos “escuchando a escondidas” nuestro propio discurso interior.

El fenómeno ha aparecido en otros contextos filosóficos, pero hasta hace poco no había sido objeto de una atención sostenida en este campo. Los filósofos se están dando cuenta de que hay ciertos aspectos de la voz interior que sólo pueden abordarse mediante un pensamiento claramente teórico.

Psicología frente a filosofía

A lo largo de los años, como hemos dicho, los psicólogos han prestado mucha más atención al tema que los filósofos. El psicólogo soviético Lev Vygotsky fue una figura muy influyente en la materia. Vygotsky observó –como sin duda todos hemos visto– que los niños de cierta edad suelen hablar consigo mismos en voz alta, pero que dejan de hacerlo gradualmente a medida que crecen. Sugirió que el habla interior se desarrolla a medida que esta práctica desaparece. Según Vygotsky, la voz interior no es más que la voz exterior interiorizada.

Muchos filósofos están de acuerdo, pero algunos ven el fenómeno de otra manera, ya que no hay, que sepamos, ninguna otra actividad que podamos realizar tanto interna como externamente. Algunos filósofos han pensado que el habla interior podría no ser realmente habla, sino una representación mental de la misma.

Ray Jackendoff, por ejemplo, ha sugerido que imaginamos cómo suena nuestra voz cuando producimos la voz interior, pero lo hacemos imitando cómo nos expresaríamos si habláramos en alto. No estamos hablando, sino simulando el habla.

Se trata de un razonamiento puramente teórico, pero no pretende cuestionar o refutar los planteamientos psicológicos. Al contrario, enriquece la investigación empírica al añadir una nueva y valiosa perspectiva.

¿Hablamos con nosotros mismos?

Una pregunta a la que podemos responder, al menos en parte, es por qué producimos el habla interior, aunque nadie más pueda oírla. Hay varias ventajas.

Poner nuestros pensamientos en palabras puede ayudarnos a aclararlos y hacerlos más precisos. A veces sólo podemos elaborar nuestros verdaderos pensamientos diciéndolos en voz alta. A menudo hablamos con otras personas –o escribimos nuestras ideas– para intentar resolver un problema o afrontar emociones. Producir un discurso interior nos ayuda a desarrollar nuestros pensamientos de forma similar.

También puede tener otras ventajas. Hacer consciente un pensamiento o creencia existente expresándolo internamente puede ayudar a avanzar en un proceso de razonamiento, incluso sobre asuntos cotidianos. “Si llego a casa a las 6:30, podré preparar la cena a las 7:30”, puede decir en su fuero interno. Pero esto suscita el siguiente pensamiento: “Ah, pero el partido empieza a las 7. Mejor pido comida para llevar”.

Estas respuestas, sin embargo, siguen dejando una pregunta abierta: ¿estamos realmente hablando con nosotros mismos de la misma manera que hablamos con los demás? ¿O sólo “hablamos”?

Controlar la voz de la cabeza

Otro campo en el que cabe la reflexión filosófica es la cuestión de si producir la voz interior es una acción o algo que simplemente sucede.

Cuando hablamos físicamente en voz alta, se trata de una acción: podemos elegir hacerlo o no. No puede decirse lo mismo del habla interior, que a menudo no es provocada, o incluso es intrusiva e indeseada.

De hecho, puede ser difícil silenciar nuestro monólogo interno, y hacerlo a voluntad es casi imposible. Compruébelo usted mismo, ahora mismo: concéntrese en intentar no pensar en nada y deje de producir un discurso interno. Es probable que, paradójicamente, se encuentre produciendo más, y mayores esfuerzos para detenerlo sólo lo harán más difícil. Afecciones como el estrés, la ansiedad o la depresión también han demostrado tener vínculos psicológicos con el habla interior.

Podemos decidir producir un fragmento concreto de la voz interior –“decir” una palabra en nuestra mente–, pero a menudo parece que ocurre sin que hagamos nada en absoluto.

¿Qué es una acción?

En mi investigación he sostenido que producir el habla interior casi nunca es una acción, aunque la cuestión de qué hace que algo sea una acción es en sí misma un tema de debate filosófico.

Una teoría prominente sostiene que las acciones son cosas que podemos intentar hacer o que requieren esfuerzo. Producir el habla interior a menudo no requiere esfuerzo y, como hemos visto, incluso nos cuesta detenerla. Esto parece indicar que no es algo que intentemos hacer, sino que simplemente “sucede”.

Otras teorías de la acción arrojan un resultado similar: el habla interior casi nunca se ajusta a la definición.

Se ha realizado una enorme cantidad de trabajo filosófico sobre el tema de la experiencia consciente en general. Sin embargo, los filósofos no siempre han prestado atención a fenómenos mentales específicos. La voz interior es un tipo único de experiencia consciente, que parece implicar una actividad típicamente externa –hablar– que tiene lugar en la mente. Investigarla nos llevará sin duda por caminos fascinantes en años venideros.The Conversation

Daniel Gregory, María Zambrano Postdoctoral Fellow, Universitat de Barcelona

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation.

05/02/2024

Tiempo y despedidas


Dice J.L. Borges que en el amor y también en la vida,
con cada adiós se aprende.

Pero, uno no se despide solo de los amigos; también lo hace de las cosas, de las novias, de la salud... Y del tiempo; del tiempo perdido, del tiempo desaprovechado.
Y en esto de las despedidas, uno querría ser muy ignorante y quizás haber aprendido menos.

Dicen que el tiempo es algo que se va tan rápido, que no hay oportunidad de despedirlo. Entonces, si Borges dice que con cada adiós se aprende, perdiendo el tiempo no se aprende nada. 
No perdamos entonces, este tesoro que resulta ser el tiempo, en rencores, incomprensiones y desengaños. 

12/01/2024

Objetos

Al recogerme en silencio y sentarme a meditar, siento una nostalgia tan grande por las cosas pasadas y no existentes ya, que casi no la puedo soportar. A la hora en la que todos duermen, para distraerme en las largas noches, saco y ordeno todos mis enseres, rompo los apuntes que no quisiera dejar y, entre ellos, a veces encuentro papeles de alguna persona que ya no existe, aquellos donde hizo ejercicios de caligrafía o pintó, para distraerse, algún dibujo.
Entonces, reviven en mi corazón los sentimientos de hace muchos años. Cuando se trata de una carta escrita por alguna persona que todavía vive, pienso en el tiempo transcurrido desde que la escribió, en el día u ocasión en que la recibí, en el año que sería, etc., y me invade la emoción.

Y al detener la vista en ciertos objetos usados por esas personas que ya no existen y ver que estos, siguen existiendo impasibles, siento mucha tristeza. Yoshida Kenkō (Japón, siglo XIII)

✶✶✶

Yoshida Kenkō. 


Sobrecoge este último párrafo que demuestra la intemporalidad de esa facultad que tienen los objetos inanimados de despertar en nuestro corazón emociones, no solo de pura nostalgia, sino emociones más sutiles, pero que a riesgo de confundirse, casi siempre se envuelven en la nostalgia. Quién más, quien menos conserva alguno de esos objetos; quizás de los padres que ya no están, quizás de cualquier otro familiar; incluso de un amigo o de un antiguo amor que hoy solo vive en el plano existencial de los recuerdos.
Puede que esa emoción que te despiertan, no solo te hable de los que fueron sus propietarios, sino que también te hable de ti. Esos objetos, quizás, sean una forma en que puedas notar el peso de tu bondad, de tu belleza interior, en resumidas cuentas, de tu valor humano y tu realidad.


Imagen: Wikipedia

08/01/2024

Diez conversos famosos

C
onversión significa cambiar de religión o creencia. Entre las personas que han elegido una nueva fe se encuentran muchas celebridades. Entre los conversos más conocidos se encuentran estrellas de Hollywood, políticos y miembros de la casa real danesa. Religion.dk Estos serían los diez conversos más célebres de nuestro tiempo:





1. Muhammad Ali – Islam
Muhammad Ali nació como Cassius Clay en 1942. El ex campeón mundial de boxeo de peso pesado tuvo una educación cristiana y creció como bautista en el estado estadounidense de Kentucky. En 1964, la estrella del boxeo Cassius Clay derrotó al actual campeón mundial de boxeo de peso pesado y al día siguiente anunció su conversión al Islam. El recién coronado campeón mundial tomó el nombre de Muhammad Ali y se unió a la Nación del Islam, de la que el predicador musulmán Malcolm X era un miembro destacado. Bajo la influencia de su fe islámica, en 1967 Muhammad Ali se negó a servir en el ejército estadounidense y se le prohibió subir al ring de boxeo durante tres años. En la década de 1970, la Nación del Islam se radicalizó cada vez más y Muhammad Ali abandonó el movimiento en favor de la rama sunita más dominante del Islam.

2. Príncipe consorte de Dinamarca - Iglesia Popular Luterana
El príncipe Henrik nació como Henri de Monpezat en 1934 y pertenecía a la Iglesia Católica Romana en Francia. Cuando en 1967 se casó con la futura reina de Dinamarca en la iglesia de Holmen, el príncipe consorte ya había ingresado en la iglesia popular danesa. La legislación danesa exige que el monarca del reino pertenezca a la Iglesia Evangélica Luterana, y el Príncipe Consorte optó, siguiendo la tradición de la familia real danesa, por unirse a la iglesia nacional.

3. George Harrison -Hare Krishna
Miembro de los Beatles, George Harrison creció como católico en Liverpool, pero luego abandonó la iglesia en favor de la espiritualidad oriental como seguidor de Hare Krishna, que se origina en el hinduismo. A mediados de la década de 1960, George Harrison se interesó por la religión de Oriente y en 1966 emprendió un viaje espiritual a la India, donde visitó los lugares sagrados del país. En 1968, los Beatles, que según John Lennon eran más populares que Jesús, viajaron a la India. Durante su estancia en la India, los cuatro músicos se dedicaron a la meditación. Tras su estancia en la India, George Harrison mantuvo su fascinación por el misticismo oriental y permaneció asociado al movimiento Hare Krishna hasta su muerte en 2001.

4. Richard Gere – Budismo.
La estrella de 64 años de la película Pretty Woman creció como miembro de la Iglesia Metodista en el estado estadounidense de Pensilvania. A finales de la década de 1970, Richard Gere se interesó por el budismo y conoció al Dalai Lama durante un viaje espiritual por la India. Richard Gere sigue el budismo tibetano y ha sido un fuerte crítico del trato que China ha dado al Tíbet a lo largo de los años. En los Oscar de 1993, Richard Gere aprovechó la oportunidad para atacar la violación de los derechos humanos en el Tíbet por parte del gobierno chino.
5. Sammy Davis Junior – Judaísmo
Sammy Davis Junior fue uno de los primeros estadounidenses negros que se destacó como artista en los Estados Unidos. En el hospital después de un accidente automovilístico en 1954 que le costó un ojo a Sammy Davis Junior, desarrolló un interés por el judaísmo durante una conversación con un conocido judío. Sammy Davis Junior nació de madre católica y padre protestante. Después de estudiar la fe judía durante varios años, Sammy Davis Junior completó su conversión al judaísmo en 1961 y siguió siendo judío hasta su muerte en 1990.

6.Tony Blair -Catolicismo
El ex Primer Ministro británico Tony Blair ha dicho que pidió consejo a Dios sobre la guerra de Irak en 2003. El cristiano Tony Blair creció como miembro de la Iglesia Anglicana, pero optó por entrar en la fe católica en 2007. Tony Blair se casó con la católica Cherie Booth en 1980 y el futuro primer ministro fue guiado hacia la Iglesia católica a través de la fe de su esposa.

7. Tom Cruise – Cienciología
Tom Cruise ha estado asociado con la Cienciología desde finales de los años 1980. El controvertido movimiento ha luchado en vano en muchos países para obtener el reconocimiento oficial como religión. Tom Cruise, uno de los actores mejor pagados de Hollywood, se ha pronunciado, entre otras cosas, contra el rechazo de Alemania al movimiento, lo que significa que la República Federal Alemana ve la Cienciología más como un imperio empresarial que como una religión. Cuando Tom Cruise era muy joven, supuestamente pensó en convertirse en sacerdote de la Iglesia católica y asistió a un seminario católico en la década de 1970. La estrella de Top Gun ha dicho que Scientology lo ayudó a superar la dislexia severa y desde entonces ha sido un firme defensor del movimiento, que fue creado por el autor estadounidense de ciencia ficción L. Ron Hubbard en 1954.

8. Madonna – Cábala
Madonna, la creadora de éxitos de 55 años, creció en la fe católica, en el estado de Michigan (EEUU). La mujer detrás de la canción Like a Prayer comenzó a estudiar Cábala, que es una rama del judaísmo, en 1996. La fe se centra en los elementos místicos del Antiguo Testamento. Madonna adoptó el nombre judío Esther y, al igual que otros seguidores de la Cábala, comenzó a usar un hilo rojo alrededor de su muñeca como talismán para protegerse de la mala suerte y el mal.

9. Manu Sareen - Cristianismo 
Manu Sareen ha sido ministro de la iglesia de Dinamarca desde 2011. El político de 46 años nació en la India de padres hindúes. La familia de Manu Sareen acabó instalándose en Dinamarca en 1971, donde creció Manu Sareen. Cuando Manu Sareen tenía poco más de 30 años, decidió ingresar a la iglesia popular y fue bautizado en Marmorkirken en Copenhague.

10. Cat Stevens –Islam
El músico de rock británico Cat Stevens creció en una familia cristiana en Londres. Después de lograr un gran éxito con su música en la década de 1960, Cat Stevens se convirtió al Islam en 1977 y adoptó el nombre de Yusuf Islam. Yusuf Islam abandonó la escena musical durante muchos años y se concentró en el Islam y las obras de caridad, y no volvió a la música hasta finales de los años 1990. Cuando Salman Rushdie publicó el libro Los versos satánicos en 1989, su tratamiento del Islam causó indignación en el mundo musulmán y Salman Rushdie fue objeto de amenazas de muerte. Yusuf Islam ocupó los titulares cuando hizo declaraciones que podrían interpretarse como un apoyo a los ataques contra Salman Rushdie.

¿Conoces alguno más?

02/01/2024

Invierno

De poco va a servir reconciliarse con el mundo, si no te reconcilias primero contigo mismo. Miras tu rostro en el espejo y percibes como tus orejas y nariz han crecido. Percibes también, como aquella mirada saltarina, ahora parece más inmóvil, un punto triste. Esa impresión se acrecienta porque tus párpados ahora más abultados también parecen caídos. Las pequeñas heridas, cuando te afeitas, cicatrizan mucho más lentamente, los golpes dejan marcas más duraderas. La cama te llama más pronto y te apetece cenar más temprano. Te cuesta soportar la postura en el sofá y la televisión te aburre. Posiblemente, está llegando el invierno de tu vida. 
Sería un atrevimiento por mi parte decirte que debes y que no debes hacer. Tampoco lo que pienso hacer yo, pues no soy un ejemplo para nada. Pero aun así, me parece tener la suficiente certeza para insistir en la importancia de las reconciliaciones.
Es ahora cuando nos damos cuenta de que este viaje es muy corto, pero lo suficientemente extenso como para haber perdido afectos por el camino. Quizás ni siquiera tengas ya oportunidad de recuperar nada, pero puedes perdonarte por ello. De aquel amigo que perdiste y se fue sin poder recuperar la amistad o solucionar el malentendido, ya no te culpes. Perdónatelo. En su lugar, incrementa otro afecto. Inténtalo con aquellos que aún están ahí, cerca de ti, quizás también viviendo su invierno. Y si en cualquiera de los casos, no hay recepción por su parte, no te preocupes y siéntete satisfecho por haberlo intentado.
Vivir es una obra de arte y es, en el invierno de la vida, cuando escoges el marco que contendrá la obra y también es cuando, con esmero y cariño, te dispones a firmarla. Y quizás no sea mala idea, repasar y realizar algún retoque, por pequeño que sea.
Apartar la nostalgia; y en su lugar, llenar el espacio con gratitudes. Agradecer lo vivido y agradecer lo sufrido que tanto nos ha enseñado. Agradecer lo aprendido. Agradecer a tu cuerpo que tanto te ha soportado.
Recuerdo ahora a un monje que conocí en Menorca. Un monje zen. Entonces yo era muy joven aún como para entender. Me dijo:
No te quejes nunca, si no eres capaz de hacerlo cantando y con versos rimados.
Reconciliarse con el mundo y con uno mismo es comprender que la única perfección que tenemos es la de saber cuan imperfectos somos. Sacude tus nostalgias, sacude tus penas, perdónate, sé feliz. Que el invierno te sea provechoso, amigo.


Este es un post recuperado (417 palabras) que ya publiqué en
otro blog que pasó a mejor vida (...vaya, con el eufemismo)
He pensado que era bueno traérmelo aquí.

22/12/2023

Aquel invierno


Ha sido esta noche, acercándose la madrugada. El solsticio abrió tímidamente la puerta a la estación invernal. Algunos termómetros han encogido sus mercurios, mientras que otros siguen empeñados en no mostrar valores negativos. Todo se andará.
El día es muy corto estas jornadas. Y a partir de hoy se empezará a alargar. Ayer en Gijón, el día duró exactamente 9 horas, mientras que en Málaga se prolongó 42 minutos más. En junio estaremos hablando de alrededor de 15 horas.

M
e llegan recuerdos de infancia. Aquellos primeros años que se situaban en la primera mitad de los 50'. Hojas de calendarios del pasado siglo. Recuerdo a mi padre carreteando tacos de madera, para alimentar aquella estufa de hierro colado que me había ocasionado más de una quemadura. Recuerdo el saco de cáscaras de avellana. Recuerdo aquel tubo que ascendía y giraba en ángulo recto para dirigirse a una ventana y conducir los humos al patio exterior. 

Aquellas escenas entrañables de una familia humilde apiñada alrededor de aquel artilugio calefactor. Los padres y los hermanos que éramos. En ocasiones mi padre atendía la radio que transmitía un partido de futbol. En otras, limpiaba su escopeta, que era junto con el perro de caza, los mejores aliados para poder comer carne de conejo. El hermano mayor estudiaba, la madre «hacía calceta» confeccionando alguna bufanda de lana, quizás un jersey. Yo soñaba despierto mientras leía las aventuras del Capitán Trueno y Crispín. En otras, eran los episodios de las Hazañas Bélicas que contaban en versión fantástica las batallas de los aliados contra los alemanes nazis. Entonces, uno no tenía idea de lo que eran los nazis, ni los aliados, y solo miraba la forma de los cascos de los soldados. Otras diferencias eran ignoradas. Un día se me antojaba unos, como los buenos; otro eran los malos.
Sin televisión, sin teléfono (ni siquiera el fijo), sin internet, ni la «plei» ni la «gueimboy»; solo con un patio al que mamá dejaba salir, cuando hacía sol.
Me llega también aquel pesebre navideño, tan humilde como la familia que lo acogía y a la que representaba. Un belén con solo las figuritas del niño dios, su madre y padre, un burro, un buey los tres reyes. Nada más. Siempre olvidaron, o no,  el ángel sobre el pesebre.

Que poco hace falta para ser feliz y como nos hemos complicado la vida.

20/12/2023

El árbol

Q

ué tristeza sentí aquellos días finales del otoño, contemplando las últimas hojas de aquel árbol que fue frondoso en nuestras primaveras, cuando tímidamente explorábamos nuestros cuerpos apasionados, escondidos de cualquier mirada indeseada. Qué misterio oculta ese pasar de los tiempos, los de una vida, en que el árbol que cobijó nuestro amor, apenas ha cambiado, mientras que nosotros ya no somos dos, sino uno y un recuerdo.
Caerá su última hoja, como cesará mi último suspiro. Llegará una nueva primavera para él, pero no para mi... yo solo seré otro recuerdo.




07/12/2023

Okanuh y las puertas

No por repetida y sobre usada, es menos cierta aquella vieja sabiduría que dice que cuando una puerta se te cierra, otra se te abre en su lugar. Claro que también es inevitable el gracioso de turno que te contestará con alguna ocurrencia del tipo:
—"O una ventana, para que saltes desde el séptimo piso"

Hazme caso y no se lo hagas al gracioso. La vida es un rosario de oportunidades y hay que saber verlas. El requisito principal para conseguirlo es aceptar que esas oportunidades, no tienen necesariamente que coincidir con tus anhelos. 
Que no te pase por alto el anterior párrafo. Piensa que corres el riesgo de despreciar algo, por la simple y estúpida razón de que "no es el regalo que esperabas"
En ciertas tradiciones orientales se repite mucho la importancia del "aquí y ahora". Es una gran lección, pero muy incomprendida por nosotros los occidentales, tan dados a vivir "a toda leche" como si nos picara el culo, incapaces de sentarnos un momento a reflexionar, sobre la base de nuestra propia vivencia del momento. 
Aquí y ahora tienen bastante menos que ver con el espacio (aquí) y el tiempo (ahora) de lo que tienen que ver en estar centrado y atento. Escuchar la vida es todo un arte y créeme que no conozco nada más parlanchín que la propia vida. Si te estás fijando en otra cosa (un anhelo concreto; el regalo que deseas) será como tratar de escuchar una hermosa melodía con el ruido de una taladradora al lado. Imposible.
Un amigo muy querido, comentando sobre esto de puertas abiertas y cerradas, me decía que era muy importante saber porque se había cerrado la puerta y que era preferible que la otra, no se abriera hasta que no supieras bien la causa del cierre de la anterior.

Y como decía Edu, hace unos años atrás en televisión:

Hola, soy 🈺Okanuh, ¡feliz Navidad!
 


20/10/2023

Éramos pocos y parió el espejo.

El mundo se nos va a caer de un momento a otro.
Solo nos faltaba ¡el Sr. Okanuh!
😓

 

Ya que estamos de estreno y novedades, aprovecho para poneros un "corto y pego" que procede del recién estrenado blog de mi identidad (a veces entidad) especular.
Si amig@s: el Sr. Okanuh Eslava estrena su propio blog.

No deberías tratar de convencer a nadie de lo que crees. Solo deberías hacerlo, de lo que sabes. En la historia de nuestra especie, la primera conducta, convencer de lo que crees, ha resultado ser una de las fuentes de conflictos y sufrimiento, más extendida y destructiva. En cambio convencer de lo que sabes, por muy relativa que pueda ser la verdad, ha resultado en algo que llamamos cultura científica. Y nos hace mucho bien. 

Como quiera que ya sé que actualizará muy de tanto en tanto, estoy pensando en ponerle un Feed en la barra lateral.  Así nos enteramos.

19/10/2023

Mente líquida



Se me cansaron las palabras.

Flotaban, tratando de nadar en un mar de ideas y convicciones. Trataban de llegar a las orillas tranquilas de las playas de la expresión y descansar antes de poner pie para en una orilla, alcanzar un suelo sólido que permita asentamiento y luego,  un tono de voz pausado y convincente. Pero no podían.
Aquel mar de las ideas y convicciones, era de aguas turbulentas. Marejada que anunciaba peores olas y bravuras.
Me di cuenta de que todo aquello que hablaba de la guerra, era como vientos tempestuosos. Las palabras se hundían en aquel mar, como se hunde un nadador que trata de avanzar con pesadas vestiduras que se le agarran al cuerpo, impidiéndole bracear.
Mis pobres palabras seguían queriendo darle forma a las ideas. Vestirlas de letras o de sonidos vocales, pero sucumbían en cada intento. No encontraban orillas, ni playas suaves, solo acantilados rocosos de lacerantes asperezas, que no permitían arribar de ningún modo. El reflujo de las aguas las devolvía al mar. Seguían medio hundidas en mi mente líquida, oceánica y tempestuosa.
A esas palabras les faltaba el aire y se agotaban por momentos. Los vientos no amainaban. Eran vientos que llegaban desde la radio, desde las publicaciones, desde la televisión, desde los videos de YouTube, desde las estúpidas opiniones de los facebookeros, desde los copia y pega. La voz de un bocazas mantreando aquello del —volvemos en 7 minutos; ¡más periodismo!—
Falsedades y tristes verdades mezcladas en un todo negruzco, oscuro y nocturno. Eso que llaman información escrita con la tinta de la desinformación. Intelectuales de poca monta discutiendo el sexo de los ángeles. Periodismo morboso insistiendo en preguntas que el entrevistado no puede contestar...

Hospitales que saltaban por los aires, niños secuestrados, arrastrados por sus captores, cuerpos inocentes destrozados, mujeres desesperadas, ancianos llorando. Padres buscando a sus hijos o lo que quedara de ellos, bajo cientos y cientos de edificios destrozados. La negrura de una ciudad solo iluminada por explosiones aleatorias que no respeta nada.
 Ideas que chocan entre ellas, en mi interior, presurosas por poder salir. Ganas de gritar. Ganas de insultar. Pero... ¿Para qué?

Apagué el televisor, la radio, puse las redes en un cajón. Me puse un video del Japón rural. Vi sonrisas de niños, jóvenes y ancianos. Casas tradicionales de madera. Jardines zen. Vi plantaciones de té y la cumbre blanca del Monte Fuji. 
Y entonces, al volver mi mirada hacia mi interior, vi un montón de ideas, flotando tranquilas, descansado, sin vientos tempestuosos y prestas a retomar el camino de las plácidas orillas, buscando solidez y expresión.

05/10/2023

El lamento de Okanuh


Es imposible que sea la misma especie, la que es capaz de hacer emerger del fondo de su alma una belleza como esta y la vez estar sembrando de sangre, fuego, polvo y dolor las ciudades de Ucrania y otros lugares del planeta.

Es imposible; una de las dos está en el planeta equivocado.
Y a mí me produce una enorme rabia a la vez que tristeza, no poder saber de cuál de las dos se trata.

Okanuh         

21/09/2023

Bard. Eficacia dudosa


A raíz de un hilo de comentarios en el blog de F. Puigcarbó, se me ha ocurrido hacer una consulta al Bard de Google (inteligencia artificial):
El tema está en diferenciar los conceptos «consciencia» y «conciencia»

El resumen más aceptable y universalmente aceptado dice:

La consciencia es la capacidad del ser humano para percibir la realidad y reconocerse en ella, mientras que la conciencia es el conocimiento moral de lo que está bien y lo que está mal, en base al conocimiento de sí mismo y de su capacidad para actuar sobre su entorno.

Uno, puede darse cuenta de lo complejo y confuso que es manejar estos dos conceptos, por ejemplo leyendo este articulo de la revista la Mente es Maravillosa. Pero hay muchas más, me ha sorprendido lo mucho que se habla de esta pareja de vocablos.

Ahora veamos mi conversación con Bard donde la misma IA, se confunde, mezcla los conceptos y a mi entender ofrece una explicación inválida.

—¿Puedes explicarme la diferencia entre consciencia y conciencia?—

Claro que sí. La diferencia entre consciencia y conciencia es que consciencia es un término más general que conciencia.
Conciencia se refiere a la capacidad de percibir la realidad y reconocerse en ella. Es la capacidad de tener conocimiento de uno mismo y del entorno.
Consciencia, por su parte, se refiere al conocimiento moral de lo que está bien y lo que está mal. Es la capacidad de distinguir entre el bien y el mal, y de actuar en consecuencia.
(Aqui, en estas definiciones, Bard cruza los términos y donde escribe conciencia debería haber escrito consciencia. Es justamente al revés. Sorprendente!...)

En general, se recomienda usar la forma conciencia en todos los casos. Sin embargo, la forma consciencia también es válida, siempre y cuando se use en el sentido general de "percepción o conocimiento".
Los filósofos dirían precisamente lo contrario; dirían que se usen los dos términos con precisión para cada ocasión

Aquí hay algunos ejemplos de cómo se pueden usar estos términos:
Conciencia:
Tengo conciencia de mis limitaciones. (Mal; correcto sería "soy consciente de mis limitaciones)
Mi conciencia me dice que lo que hice estuvo mal. (Expresión acertada)
La conciencia social es importante para el desarrollo de una sociedad justa. (acertado)

Consciencia:
La consciencia es un fenómeno complejo que aún no se entiende completamente.
La consciencia animal es un tema de debate.
La consciencia artificial es una posibilidad que genera tanto entusiasmo como temor.
(estos tres ejemplos, más que tales sobre el uso correcto del término consciencia, son explicaciones adyacentes).

Espero que esto te ayude a entender la diferencia entre consciencia y conciencia.
Para nada. Te has montado lo que los argentinos llaman un «quilombo» de narices.



05/09/2023

Ángel

Okanuh, ¿Tú crees en los ángeles?
—Escucha viejo, lo que te voy a decir: No creo en nada. Pero si me hablas de ángeles, menos aún. No necesito creer; los conozco. Conozco "el ángel".

Vaya! Parece que te has levantado fino hoy. ¿Qué dices, hombre?

—Eso. Que los conozco. Lo que pasa es que tú, pedazo de alcornoque, aún andas pensando en los ángeles de las estampitas a los pies de la Virgen, aquellas que te daban en el colegio. Espabila chico, que ya vas con el freno puesto y en bajada, nene. Espabila.
Los ángeles habitan entre nosotros, pero no son otra cosa que energía. Los ángeles responden a la auténtica idea de la comunión. No tienen rizos, ni pelo dorado, ni una corona de luz en la cabeza, ni miran al cielo con cara ingenua, ni tiene alas, ni van descalzos, ni nada de eso. Los ángeles son el fruto de los buenos corazones, son emanaciones del amor, de las buenas obras. Son algo vaporoso que se desprende de las miradas llenas de ternura. Son el puente entre el creador de la obra artística y aquel que la contempla. Son jinetes que cabalgan sobre nuestras emociones nobles. Un ángel es aquello en lo que no debes creer; solo tratar de contemplar. Y por muy bruto que sea, lo notarás, porque esto no es un tubérculo nacido en el campo de la religión; es otra cosa. Es un ente provisto de tres extremos sobre los que se sustenta: lo bueno, lo bello y lo auténtico o verdadero.  
Mira este video. Hay un ángel manifestándose mediante un cuerpo joven que canta y mueve los corazones de mucha gente absorta. No los mueve la joven sino el ángel.

Editado (6-9 a las 7:37 am): Cuando publiqué este post, el video gozaba de derechos de reproducción. Ignoro cuál pueda ser la causa, pero finalmente han retirado el video. Lo lamento.


 

16/05/2023

Despegar

Seagull by Ricard Pardo [noxeus] on 500px.com
foto: Ricard Pardo



Emprender el vuelo es lo mismo que despegar. 
La muerte no es un instante en el tiempo, sino un proceso.

Mi álterego favorito, Okanuh y ahora, además, único (Any'a, se disolvió en el espacio de los recuerdos)  quiere que reflexione sobre estas dos frases.
Sé que él se refiere a un vuelo muy concreto: Emprender el vuelo hacia el vacío y la nada. Es su forma tenaz y testaruda de entender la muerte. No le voy a sacar de ahí. Entre otras cosas, porque si llegar a esa conclusión, le ha costado algo más de sesenta y cinco años de uso de razón, afiliación a diferentes religiones y prácticas espirituales, con sus consecuentes decepciones y desengaños, no creo que con el poco tiempo que me queda, pueda darle la vuelta a esta peculiar tortilla. 

Okanuh insiste en que me fije en el verbo despegar.

Entiende —me dice— que despegar es dejar de estar pegado. Los aviones cuando emprenden el vuelo dejan de estar pegados al suelo. Emprender el vuelo hacia el vacío y la nada, requiere despegarse de todo lo mundano y material. Y no se trata de ganar un cielo, paraíso o mandanga semejante. Eso son ideas de hombre para los hombres que necesitan dioses. No; solo se trata de aligerarse. No lo vas a pasar bien si en el momento preciso pretendes volar con toda la carga de deseos, preocupado por tus posesiones, por todo aquello que irremediablemente dejarás aquí. ¿Sabes lo qué es el ego? Pues bien, ese también hay que ir aligerándolo. 
Hay quien prefiere usar la palabra «desapegar y desapego»  Me parece bien, pero a mí, con la primera (despegar) me basta. 

Pero afortunadamente, aunque suponga alargar el sufrimiento, si la vida te lo concede, la muerte es un proceso. Un proceso aprovechable. Empieza muchísimo antes de lo que supones y te brinda un buen manojo de oportunidades. Solo es cuestión de estar atento. Y esa atención solo es posible cuando el temor se deja a un lado. Desde el dolor de espalda, hasta tus enfermedades crónicas, pasando por el fastidio de olvidar las cosas, todo, son oportunidades. Conviene afinar la atención central y tratar de escuchar el susurro del maestro interior, siempre paciente y dispuesto. No todos tienen esta suerte y su muerte, si bien sigue siendo un proceso, tiene un momento rompedor y súbito, pero escucha lo que sigue:
Porque aun después de que los indicadores biológicos ya no ofrezcan señal alguna, el proceso sigue. Algunos lo llaman "la vida después de la muerte"  Error mayúsculo. Solo se trata de una muerte «inacabada». El proceso es irreversible. 

Entonces —le pregunto— ¿Todas esas experiencias ECM de las que tantos libros se han escrito? ¿Y aquello del túnel con la luz blanca al final y los amigos y parientes que te dan la bienvenida?

Te lo he dicho: Proceso inacabado. Por supuesto que se puede volver y en el futuro la ciencia lo posibilitará en mayor medida. Estamos hablando de múltiples formas de reanimación. Pero fíjate bien. Solo son partes de un proceso inacabado. Siempre llega el momento decisivo de emprender el vuelo. Un despegue hacia el vacío y la nada.

Okanuh, se me hace muy duro eso del vacío y la nada. Entonces, ¿qué sentido tiene la vida humana?

La pregunta sobre el sentido de la vida, es como el ruido de fondo en una emisión radiofónica. Es un recurso recurrente de la mente (perdón por la redundancia) que busca significados aún y donde no lo hay. ¿Por qué tendría que tener un sentido? ¿Por qué no aceptar que podría no tenerlo?

Okanuh aconseja no hacerle ni puñetero caso. Según él, yo y solo yo, debo ser la víctima de sus retorcidas elucubraciones. A los demás les sugiere que se busquen  la vida su particular Okanuh  





28/02/2023

Los alter ego también mueren


 
Decir que An'ya era un alter ego es una simplificación demasiado contundente, pero tampoco es cuestión de romperle la sesera a los amables visitantes de este templo del cachondeo que es mi humilde blog (bueno... no siempre)
El que afirme que en su interior no habla consigo mismo, miente y modestamente diré que los mentirosos no tienen mi respeto y además me dan miedo. 
Un alter ego es, desde un recurso literario, hasta la versión adulta del amigo imaginario. Y sin ánimo de psicoanalizar a nadie, sería bueno que pensaras que tu reacción a estas afirmaciones que hago sobre estos personajes mentales, tiene más que ver con tu psique que con una supuesta psicopatía de este aporreador de teclado. 

El caso es que he contado en su día, que conocí al recién finado, el 2 de marzo del año 2011, en la sala de recuperación postoperatoria del Hospital Josep Trueta de Girona. Tardé un tiempo en bautizarlo y le di este nombre que no tiene misterio. An'ya es en realidad la pronunciación de अन्य  (Any) que significa "el otro" (u otros) y que además en árabe significa "atención"

Siento una total falta de responsabilidad sobre su muerte a pesar de que estoy convencido de que ha muerto de aburrimiento y celos. Ya no me apetecía hablar con él mientras que, contrariamente, las conversaciones con Okanuh (antes Okano) cada vez son más frecuentes e intensas. Supongo que ya has adivinado que este último es otro alter ego. Efectivamente; lo es y de naturaleza mucho más racional. Y no; no tengo más amigos imaginarios. 

Si quieres saber de An'ya solo tienes que usar el buscador (arriba a la derecha) y te servirá todos los contenidos del blog donde aparece su nombre. 

Con Okanuh, hemos hecho un ritual laico de despedida y le he agradecido estos años de consejos y observaciones. Hemos soltado una lagrimita, hemos cantado el Don't give up de Peter Gabriel y después hemos cogido una cogorza de cava catalán.
Y a seguir, que vida solo hay una.