| © Ricard Pardo |
La aceptación de nuestra finitud es, paradójicamente, lo que da valor a la vida.

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La aceptación de nuestra finitud es, paradójicamente, lo que da valor a la vida.
El bardo
Descripción del bardo
Tus hijos no son tus hijos, son hijos e hijas de la vida, deseosa de sí misma. No vienen de ti, sino a través de ti, y aunque estén contigo, no te pertenecen.Puedes darles tu amor, pero no tus pensamientos, pues ellos tienen sus propios pensamientos. Puedes abrigar sus cuerpos, pero no sus almas, porque ellos viven en la casa del mañana, que no puedes visitar, ni siquiera en sueños. Puedes esforzarte en ser como ellos, pero no procures hacerles semejantes a ti, porque la vida no retrocede ni se detiene en el ayer.Tú eres el arco del cual tus hijos, como flechas vivas, son lanzados. Deja que la inclinación, en tu mano de arquero, sea para la felicidad.
| En este punto de edición preciso explicar que tiempo atrás An'ya y el Otro se fusionaron en lo que hoy se podría entender como mi yo más convencional. Así ahora solo existen Okanuh y Yo. |
¿A dónde van los animales después de muertos, según las diferentes creencias?
Las creencias sobre lo que sucede con los animales después de la muerte varían ampliamente según las diferentes culturas y religiones. Aquí hay algunas perspectivas comunes:
1. Ateísmo y agnosticismo: Desde estas perspectivas no teístas, no hay una creencia específica sobre un destino postmortem para los animales. La muerte se considera el final de la existencia.
2. Cristianismo: Las creencias cristianas difieren según las denominaciones, pero muchas enseñan que los animales no tienen almas inmortales como los humanos. Por lo tanto, no hay un destino específico para los animales después de la muerte, aunque algunas personas sostienen que los animales pueden estar presentes en el Paraíso.
3. Islam: En el islam, se cree que los animales no-humanos no poseen almas eternas. Su existencia puede considerarse temporal y limitada a esta vida. Sin embargo, algunos eruditos islámicos han discutido sobre si los animales pueden tener una presencia en el paraíso.
4. Hinduismo: Las creencias hindúes son diversas, pero en general, muchos hindúes creen en la reencarnación. Algunos sostienen que los animales pueden renacer como humanos y viceversa, dependiendo de su karma.
5. Budismo: El budismo comparte la creencia en la reencarnación, y algunos budistas creen que los animales pueden renacer en diferentes formas, dependiendo de sus acciones y karma en vidas anteriores.
6. Religiones indígenas y espiritualidad: Las creencias de las comunidades indígenas y espirituales pueden variar significativamente. Algunas culturas indígenas creen en la continuidad espiritual de los animales, mientras que otras pueden ver la conexión con la naturaleza de una manera más holística.
7. Nueva era y espiritualidad contemporánea: Algunas personas que siguen prácticas espirituales contemporáneas o creencias de la Nueva Era pueden sostener ideas variadas sobre la vida después de la muerte para los animales, que pueden incluir conceptos como la energía universal o la conexión espiritual.
Es bastante raro que los filósofos empiecen a investigar un área nueva, ya que muchas de las cuestiones que exploran han existido desde la antigüedad. Sin embargo, hay algo que no se ha empezado a estudiar de cerca hasta hace unos 15 años y que se sitúa en la intersección entre la psicología y la filosofía: el habla interior.
También conocido como monólogo interior, es la voz que oímos en nuestra mente cuando pensamos o leemos. Sorprendentemente, la investigación empírica ha descubierto que, aunque la mayoría de nosotros contamos con esa voz interior, no todo el mundo la tiene.
La ciencia y la psicología le han prestado mucha atención. Desde hace más de un siglo sabemos que el habla interior –especialmente al leer un texto– va acompañada de pequeños movimientos de la laringe, lo que demuestra una clara relación entre el habla “interna” y la “externa”.
Los filósofos ya habían reflexionado puntualmente sobre el tema. El conocido conductista Gilbert Ryle consideraba que la voz interior desempeñaba un papel clave en lo que los filósofos llaman “autoconocimiento”. Aprendemos sobre los demás escuchando lo que dicen. En su libro seminal de 1949, The Concept of Mind, Ryle sugirió que somos capaces de hacer lo mismo con nosotros mismos “escuchando a escondidas” nuestro propio discurso interior.
El fenómeno ha aparecido en otros contextos filosóficos, pero hasta hace poco no había sido objeto de una atención sostenida en este campo. Los filósofos se están dando cuenta de que hay ciertos aspectos de la voz interior que sólo pueden abordarse mediante un pensamiento claramente teórico.
A lo largo de los años, como hemos dicho, los psicólogos han prestado mucha más atención al tema que los filósofos. El psicólogo soviético Lev Vygotsky fue una figura muy influyente en la materia. Vygotsky observó –como sin duda todos hemos visto– que los niños de cierta edad suelen hablar consigo mismos en voz alta, pero que dejan de hacerlo gradualmente a medida que crecen. Sugirió que el habla interior se desarrolla a medida que esta práctica desaparece. Según Vygotsky, la voz interior no es más que la voz exterior interiorizada.
Muchos filósofos están de acuerdo, pero algunos ven el fenómeno de otra manera, ya que no hay, que sepamos, ninguna otra actividad que podamos realizar tanto interna como externamente. Algunos filósofos han pensado que el habla interior podría no ser realmente habla, sino una representación mental de la misma.
Ray Jackendoff, por ejemplo, ha sugerido que imaginamos cómo suena nuestra voz cuando producimos la voz interior, pero lo hacemos imitando cómo nos expresaríamos si habláramos en alto. No estamos hablando, sino simulando el habla.
Se trata de un razonamiento puramente teórico, pero no pretende cuestionar o refutar los planteamientos psicológicos. Al contrario, enriquece la investigación empírica al añadir una nueva y valiosa perspectiva.
Una pregunta a la que podemos responder, al menos en parte, es por qué producimos el habla interior, aunque nadie más pueda oírla. Hay varias ventajas.
Poner nuestros pensamientos en palabras puede ayudarnos a aclararlos y hacerlos más precisos. A veces sólo podemos elaborar nuestros verdaderos pensamientos diciéndolos en voz alta. A menudo hablamos con otras personas –o escribimos nuestras ideas– para intentar resolver un problema o afrontar emociones. Producir un discurso interior nos ayuda a desarrollar nuestros pensamientos de forma similar.
También puede tener otras ventajas. Hacer consciente un pensamiento o creencia existente expresándolo internamente puede ayudar a avanzar en un proceso de razonamiento, incluso sobre asuntos cotidianos. “Si llego a casa a las 6:30, podré preparar la cena a las 7:30”, puede decir en su fuero interno. Pero esto suscita el siguiente pensamiento: “Ah, pero el partido empieza a las 7. Mejor pido comida para llevar”.
Estas respuestas, sin embargo, siguen dejando una pregunta abierta: ¿estamos realmente hablando con nosotros mismos de la misma manera que hablamos con los demás? ¿O sólo “hablamos”?
Otro campo en el que cabe la reflexión filosófica es la cuestión de si producir la voz interior es una acción o algo que simplemente sucede.
Cuando hablamos físicamente en voz alta, se trata de una acción: podemos elegir hacerlo o no. No puede decirse lo mismo del habla interior, que a menudo no es provocada, o incluso es intrusiva e indeseada.
De hecho, puede ser difícil silenciar nuestro monólogo interno, y hacerlo a voluntad es casi imposible. Compruébelo usted mismo, ahora mismo: concéntrese en intentar no pensar en nada y deje de producir un discurso interno. Es probable que, paradójicamente, se encuentre produciendo más, y mayores esfuerzos para detenerlo sólo lo harán más difícil. Afecciones como el estrés, la ansiedad o la depresión también han demostrado tener vínculos psicológicos con el habla interior.
Podemos decidir producir un fragmento concreto de la voz interior –“decir” una palabra en nuestra mente–, pero a menudo parece que ocurre sin que hagamos nada en absoluto.
En mi investigación he sostenido que producir el habla interior casi nunca es una acción, aunque la cuestión de qué hace que algo sea una acción es en sí misma un tema de debate filosófico.
Una teoría prominente sostiene que las acciones son cosas que podemos intentar hacer o que requieren esfuerzo. Producir el habla interior a menudo no requiere esfuerzo y, como hemos visto, incluso nos cuesta detenerla. Esto parece indicar que no es algo que intentemos hacer, sino que simplemente “sucede”.
Otras teorías de la acción arrojan un resultado similar: el habla interior casi nunca se ajusta a la definición.
Se ha realizado una enorme cantidad de trabajo filosófico sobre el tema de la experiencia consciente en general. Sin embargo, los filósofos no siempre han prestado atención a fenómenos mentales específicos. La voz interior es un tipo único de experiencia consciente, que parece implicar una actividad típicamente externa –hablar– que tiene lugar en la mente. Investigarla nos llevará sin duda por caminos fascinantes en años venideros.![]()
Daniel Gregory, María Zambrano Postdoctoral Fellow, Universitat de Barcelona
Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation.
No te quejes nunca, si no eres capaz de hacerlo cantando y con versos rimados.
Q
| Y como decía Edu, hace unos años atrás en televisión: Hola, soy 🈺Okanuh, ¡feliz Navidad! |
![]() |
| El mundo se nos va a caer de un momento a otro. Solo nos faltaba ¡el Sr. Okanuh! 😓 |
Ya que estamos de estreno y novedades, aprovecho para poneros un "corto y pego" que procede del recién estrenado blog de mi identidad (a veces entidad) especular.
Si amig@s: el Sr. Okanuh Eslava estrena su propio blog.
No deberías tratar de convencer a nadie de lo que crees. Solo deberías hacerlo, de lo que sabes. En la historia de nuestra especie, la primera conducta, convencer de lo que crees, ha resultado ser una de las fuentes de conflictos y sufrimiento, más extendida y destructiva. En cambio convencer de lo que sabes, por muy relativa que pueda ser la verdad, ha resultado en algo que llamamos cultura científica. Y nos hace mucho bien.
Como quiera que ya sé que actualizará muy de tanto en tanto, estoy pensando en ponerle un Feed en la barra lateral. Así nos enteramos.
Se me cansaron las palabras.
Okanuh
A raíz de un hilo de comentarios en el blog de F. Puigcarbó, se me ha ocurrido hacer una consulta al Bard de Google (inteligencia artificial):
El tema está en diferenciar los conceptos «consciencia» y «conciencia»
El resumen más aceptable y universalmente aceptado dice:
La consciencia es la capacidad del ser humano para percibir la realidad y reconocerse en ella, mientras que la conciencia es el conocimiento moral de lo que está bien y lo que está mal, en base al conocimiento de sí mismo y de su capacidad para actuar sobre su entorno.
Uno, puede darse cuenta de lo complejo y confuso que es manejar estos dos conceptos, por ejemplo leyendo este articulo de la revista la Mente es Maravillosa. Pero hay muchas más, me ha sorprendido lo mucho que se habla de esta pareja de vocablos.
Ahora veamos mi conversación con Bard donde la misma IA, se confunde, mezcla los conceptos y a mi entender ofrece una explicación inválida.
—¿Puedes explicarme la diferencia entre consciencia y conciencia?—
| foto: Ricard Pardo |
Emprender el vuelo es lo mismo que despegar.La muerte no es un instante en el tiempo, sino un proceso.