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Rutina según Google Fotos
22/05/2024
Sombras
18/05/2024
Serafín
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| No es, pero bien podría ser. (foto:Renfe) |
| Creo que podría afirmar, con seguridad, que el recuerdo de la figura de Serafín, conjuntamente con la de mi madre enseñándome los números, son los primeros registros con suficiente fuerza en mi memoria como para llegar hasta el día de hoy, perfectamente nítidos. Se llamaba Serafín García. Un señor muy mayor que vivía en una casita en la parte sur de la ciudad. Mis padres, por aquel entonces, habían llegado a Girona (entonces Gerona) procedentes de Santiago de Compostela y anteriormente de San Antonio Abad (hoy Sant Antoni de Portmany), donde yo vine al mundo. Por aquel entonces mi padre era aún, un suboficial brigada del ejército del Excmo. General Francisco Franco. Y como tal, 12 años después de la finalización de la guerra in-civil (como diría Cartisano) y en la ciudad de la que hablamos, tenía alguna que otra innombrable dificultad para encontrar una vivienda ajustada a su economía y no demasiado lejana del cuartel al que había sido destinado. Y así fue, como fuimos a parar a la casita de Serafín García. Según me contó mi madre, décadas después, aquel señor nos alquiló toda la casa, excepto su habitación, a cambio de una módica cantidad de dinero, la alimentación y algún cuidado. Curiosamente, no quería que le lavaran la ropa de lo cual se encargaban Matilde, una hija viuda. Serafín apenas salía de su habitación y su presencia era de una discreción total. No quería comer con nosotros y lo hacía en su habitación. Para no molestar, decía; lo cual era un fastidio para mi madre, pues ensuciaba bastante su dormitorio. Mi recuerdo lo ve, sentado en el jardín de enfrente de la casa. Repleto de rosales que, claro, cuidaba mi madre y la vecina. (Aquel jardín era compartido por dos casas situadas en ángulo recto). El viejete adoraba el sol, que tomaba siempre con su gorra de ferroviario perfectamente encajada en su cabeza. Bien, de hecho incluso la llevaba dentro de casa. También vestía esa chaqueta típica con hombreras rojas. A mí, me fascinaba, él y sus cuentos que me explicaba y que ya no puedo recordar. También décadas después, mi madre me contó que un caballo de cartón que me trajeron los Reyes Magos, en realidad lo había comprado él. | Y la verdad es que no sé por qué diantres, hoy en la madrugada, entre sueño y vigilia, ha aparecido su recuerdo. Yo era muy niño y su muerte, fue el primer contacto que tuve con esa crudeza. Solo le pude ver por el espacio de su puerta mínimamente entreabierta, pero fue suficiente. Apareció muerto una mañana. Sin más. Se acostó la noche anterior y ya no amaneció. Tiempo después, murió su gato y mi hermano mayor y yo, influenciados por la primera muerte y el primer entierro, organizamos toda una parafernalia ritualera, enterrando al gato de Serafín en el jardín, bajo los rosales. Llegó un momento en que Matilde, de muy buenas maneras, tengo entendido, le pidió a mi familia que finiquitáramos el alquiler. Y así lo hicimos. Del sur de la ciudad, fuimos a parar al norte. Justo en el barrio, donde por aquel entonces estaba el Seminario y que hoy en día es la Universidad. La influencia de ese nuevo barrio, lleno de curas y seminaristas, tuvo una influencia de cierto peso en mi desarrollo. Permitidme que no entre en detalles, pero sin duda fue fundamental para que ya antes de la adolescencia, dejara de creer en cualquier cosa que vistiera sotana o parecido. Mi padre prosperó. Ascendió a oficial teniente y luego «siguiendo la cordial invitación del Caudillo sinvergüenza, opositó para ministerios. Un eufemismo de «búscate la vida que me sobran oficiales» Destino:La Delegación de Hacienda. Negociado: Renta de las personas físicas. Y fijaros como son las cosas de la vida: A los dos o tres años de ocupar su plaza de sufrido funcionario, a mi padre, el Sr. Pardo, le asignaron una ayudante. ¿Lo adivinas? —Si, sí...Matilde. ¿Tuvo algo que ver mi padre? —Sí, un empujoncito sí lo hubo. Entonces, en plena época franquista, los favores no se llamaban tráfico de influencias, ni malversación, ni carajadas parecidas. Sencillamente, el jefe del negociado, te pedía opinión y tú hacías lo que podías. ❖ |
05/05/2024
Universos Personales, ahora aquí
No deberías tener dos blogs diferenciados. Todo en uno, facilitaría las cosas, y no tener que ir de allí para acá y así además recibiríamos todas tus actualizaciones.(alert-error)
04/05/2024
Crucial y oportuno
Siento mucho agradecimiento por haber tenido estas oportunidades y pido disculpas por hablar de mí, aunque, claro, de esto va (entre alguna cosa más) este blog. (Las etiquetas en la portada, creo que son bastante descriptivas). En cualquier caso, gracias por leerme.
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| 1984. En un retiro. |
03/05/2024
Conversando con Okanuh
| Ricard Pardo |
30/04/2024
Historias de un Pub
H(caps)anna además de simpática, cosa apreciable, era muy decidida y descarada; lo cual ya no resultaba tan agradable. Hacía unas semanas que la conocía. Era nueva en el barrio y le gustaba pasar el final de la tarde en el pub.
No había mucho gilipollas para escoger. Los jóvenes eran candidatos imposibles. Ellos estaban por la labor de vociferar en la barra, aprovechando los momentos en que no estaban sorbiendo de la jarra de cerveza y si no era esa ocupación, se negaban con el argumento de que tenían pendientes unas partidas de dardos.
Entrada del 22 de junio 2022, trasladada desde mi otro blog.(alert-success)
28/04/2024
La caricia
23/04/2024
Tres espíritus
21/04/2024
Kiyoshi
Llevaba unos días dándole vueltas a la cabeza. Y es que Kiyoshi ya transitaba por la tercera de sus edades. El médico le había dicho textualmente —No mires hacia atrás, céntrate en todo aquello que tienes por delante. Céntrate en el camino que estás recorriendo aquí y ahora.
Kiyoshi, quizás por eso, decidió que debía visitar a su hermana Hiriko y pasar con ella el invierno que se acercaba. Al fin y al cabo, ella también vivía sola y en repetidas ocasiones le había pedido, casi suplicando que por los menos pasaran juntos, las estaciones más duras.

No pasó el invierno con Hiriko; pasó el resto de su vida. No fue mucha. Murieron ambos tres años después. Kiyoshi se durmió en su silla de ruedas un viernes por la tarde. Hiriko le siguió solo 21 días después. Tuvo tiempo de explicar a su única hija, que esos años habían sido los más felices de su vejez.
20/04/2024
Eufemismos bélicos
18/04/2024
Sin prisas, sin pausas, sin penas
...Cuando la inocencia era nuestra mejor armadura, ante un mundo regido por consignas y mandamientos....Ya no tengo prisa por llegar a donde sea...
06/04/2024
Flores
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De tu cuerpo descompuesto, quizás crezcan flores y tú estarás en ellas. Esa es toda la reencarnación o eternidad que puedes esperar. De tu alma, espíritu, consciencia o como le quieras llamar, no sé nada. Y tú tampoco; desengáñate. Sin embargo nuestra condición humana, nos permite fabular todo lo que queramos.
03/04/2024
Desfases temporales
Nací 100 años demasiado tarde y moriré 100 años demasiado pronto.
25/03/2024
Evoluciones
Han sido muchos años y gran parte de ellos dedicados -lo digo humildemente- a enseñar o quizás deba decir iniciar a personas que me ofrecieron ese privilegio. Algo más de un cuarto de siglo como profesional con tienda, estudio y laboratorio. Eran aquellos tiempos en que un fotógrafo tenía que saber, cuanto más mejor, de todo. Un día estabas cubriendo un reportaje de boda y al siguiente estabas fotografiando piezas minúsculas de reloj o realizando bodegones publicitarios de una pastelería industrial. Dos días después, te llevabas tu set de iluminación a un domicilio para hacer una hermosa y discreta fotografía de una joven mamá, dando el pecho a su bebé. 18/03/2024
Sueños lúcidos
A mí me hubiera gustado nacer en el Japón rural. A principios del siglo XX. En alguna pequeña aldea campesina, ayudando a la familia a cosechar el arroz en la plana y cultivar el té en la montaña.15/03/2024
Recuerdos borrados.
14/03/2024
Que poco dura la paz
Editado (18:10)
Es un servicio especializado, mucho más potente que el nativo de Blogger. Sé que a algunos de vosotros, poco amigos de los cambios, os echará hacia atrás y lo lamentaré. Al mismo tiempo, pienso que este pequeñísimo inconveniente asegura que el comentarista realmente desea dejar su impronta.
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