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25/09/2024

Removiendo el archivo



El 7 de marzo de 2011, salía del Hospital (J.Trueta, Girona) con solo una tercera parte del pulmón izquierdo. Las otras dos terceras partes tuvieron que quedarse en los laboratorios para los análisis postoperatorios pertinentes. Y como que esto, no es como cuando vas a reparar algún electrodoméstico que suelen enseñarte (o entregarte) las piezas sustituidas, pues ya nunca más supe de esa parte de mi anatomía que tanto añoro, cuando tengo que realizar algún esfuerzo. 
Mi padre, solo 20 años antes, aquejado de la misma dolencia, hizo metástasis y a los 11 meses del diagnóstico —Y que meses, por Dios !!— le pusieron el traje de pino.
Gracias a la ciencia, sigo vivo, aunque resople de vez en cuando. Sí, gracias a esa ciencia que los ignorantes critican porque, según ellos, «no saben nada y están cambiando de parecer cada poco tiempo» ¡Joder! Cómo odio esas estupideces.

Y la foto, ¿qué pinta?
La foto, según mis registros, de los cuales no tengo duda alguna, es la primera foto que hice, cuando ya estaba bien recuperado. Su fecha es del 28 de mayo del mismo 2011.


20/07/2024

Trazos y borronazos

Vivir con un álterego, amigo imaginario, espejo, compañero de sombra y cien nombres más que le podríamos dar, es una moneda de doble cara. Tiene sus luces y sus oscuridades. 
Resulta que Okanuh, lleva unos días contemplando en silencio, mi proceso de recuperación de la letra caligráfica, en forma de curso y práctica. Y cuando ese fantasma, está callado, ya empiezo a temblar: Sé que el silencio durará poco. 
Y... ¡Efectivamente!
Ya tengo la cabeza como un bombo. El japonés lleva 24 horas seguidas dándome la vara con papeles de fibra de arroz, pinceles, y tinta china sólida. El muy jodido quiere convencerme de que en otra vida fue un maestro de Sumi-e 墨絵 y que así como yo quiero recuperar en lo posible mi caligrafía, él quiere recuperar el pintar a la tinta. 
De momento ya tengo el lavamanos lleno de tacas entre negras y gris oscuro, además de huellas de sus dedos sucios de carboncillo. 
He estado mirando precios de pinceles, barras de tinta y papel para la práctica del Sumi-e... ¡Dios tuyo, que ruina!


30/05/2024

Rutina según Google Fotos

Esta es la rutina que, según la IA de Google Fotos, cubre la mayor parte de mis días...
Y no va muy desencaminada, si tenemos en cuenta que voy del pueblo a la ciudad (Girona) una media de tres veces por semana. Pero, se le ha colado una foto que no tiene nada que ver. Ese fotomontaje de un Ryanair tratando de aterrizar en una carretera comarcal es para reírse un poco de la IA. Ya veo que no le gusta que le hagan la competencia. 
Por cierto, por si os llegara a interesar: Investigar un poco con el editor mágico de Google Fotos (todos lo tenéis ya en el teléfono, si es que os preocupáis de que se actualice). Es realmente mágico y divertido.


22/05/2024

Sombras

Hay días en los que el sol se hace luna. Días convertidos en noches, en los que las sombras se confunden en sombras mayores y acaban todas, siendo una sola sombra. Y también hay noches en las que siquiera una luna casi llena, pero escondida entre brumas, pueda aclarar mínimamente aquellas sombras. Menos aún darle vida al poeta. Hay días sin sol y noches sin luna; hay corazones que laten cansados.
Hay ocasiones en que todo parece conjurarse para apagar la débil llama de velas encendidas y cuando, en esos momentos, brumas, sombras y oscuridades, coinciden en la pequeña aldea que vive en el interior de un ser humano; entonces, también las luces de sus hogares se apagan.
Demasiadas cuerdas para un violín; cuatro estaban bien. Cuando son seis, la tensión quiebra el diapasón y el violín enmudece. Ahora, sombras y silencios bailan desnudos.

18/05/2024

Serafín

No es, pero bien podría ser. (foto:Renfe)

Creo que podría afirmar, con seguridad, que el recuerdo de la figura de Serafín, conjuntamente con la de mi madre enseñándome los números, son los primeros registros con suficiente fuerza en mi memoria como para llegar hasta el día de hoy, perfectamente nítidos.
Se llamaba Serafín García. Un señor muy mayor que vivía en una casita en la parte sur de la ciudad.
Mis padres, por aquel entonces, habían llegado a Girona (entonces Gerona) procedentes de Santiago de Compostela y anteriormente de San Antonio Abad (hoy Sant Antoni de Portmany), donde yo vine al mundo. 
Por aquel entonces mi padre era aún, un suboficial brigada del ejército del Excmo. General Francisco Franco. Y como tal, 12 años después de la finalización de la guerra in-civil (como diría Cartisano) y en la ciudad de la que hablamos, tenía alguna que otra innombrable dificultad para encontrar una vivienda ajustada a su economía y no demasiado lejana del cuartel al que había sido destinado. 
Y así fue, como fuimos a parar a la casita de Serafín García. Según me contó mi madre, décadas después, aquel señor nos alquiló toda la casa, excepto su habitación, a cambio de una módica cantidad de dinero, la alimentación y algún cuidado. Curiosamente, no quería que le lavaran la ropa de lo cual se encargaban Matilde, una hija viuda. 
Serafín apenas salía de su habitación y su presencia era de una discreción total. No quería comer con nosotros y lo hacía en su habitación. Para no molestar, decía; lo cual era un fastidio para mi madre, pues ensuciaba bastante su dormitorio. 
Mi recuerdo lo ve, sentado en el jardín de enfrente de la casa. Repleto de rosales que, claro, cuidaba mi madre y la vecina. (Aquel jardín era compartido por dos casas situadas en ángulo recto). El viejete adoraba el sol, que tomaba siempre con su gorra de ferroviario perfectamente encajada en su cabeza. Bien, de hecho incluso la llevaba dentro de casa. También vestía esa chaqueta típica con hombreras rojas. A mí, me fascinaba, él y sus cuentos que me explicaba y que ya no puedo recordar. 
También décadas después, mi madre me contó que un caballo de cartón que me trajeron los Reyes Magos, en realidad lo había comprado él.  
Y la verdad es que no sé por qué diantres, hoy en la madrugada, entre sueño y vigilia, ha aparecido su recuerdo.
Yo era muy niño y su muerte, fue el primer contacto que tuve con esa crudeza. Solo le pude ver por el espacio de su puerta mínimamente entreabierta, pero fue suficiente. Apareció muerto una mañana. Sin más. Se acostó la noche anterior y ya no amaneció. 

Tiempo después, murió su gato y mi hermano mayor y yo, influenciados por la primera muerte y el primer entierro, organizamos toda una parafernalia ritualera, enterrando al gato de Serafín en el jardín, bajo los rosales. 

Llegó un momento en que Matilde, de muy buenas maneras, tengo entendido, le pidió a mi familia que finiquitáramos el alquiler. Y así lo hicimos. Del sur de la ciudad, fuimos a parar al norte. Justo en el barrio, donde por aquel entonces estaba el Seminario y que hoy en día es la Universidad.

La influencia de ese nuevo barrio, lleno de curas y seminaristas, tuvo una influencia de cierto peso en mi desarrollo. Permitidme que no entre en detalles, pero sin duda fue fundamental para que ya antes de la adolescencia, dejara de creer en cualquier cosa que vistiera sotana o parecido.

Mi padre prosperó. Ascendió a oficial teniente y luego «siguiendo la cordial invitación del Caudillo sinvergüenza, opositó para ministerios.
Un eufemismo de «búscate la vida que me sobran oficiales» 
Destino:La Delegación de Hacienda.
Negociado: Renta de las personas físicas.

Y fijaros como son las cosas de la vida:
A los dos o tres años de ocupar su plaza de sufrido funcionario, a mi padre, el Sr. Pardo, le asignaron una ayudante. 
¿Lo adivinas? —Si, sí...Matilde. 
¿Tuvo algo que ver mi padre? —Sí, un empujoncito sí lo hubo. Entonces, en plena época franquista, los favores no se llamaban tráfico de influencias, ni malversación, ni carajadas parecidas. Sencillamente, el jefe del negociado, te pedía opinión y tú hacías lo que podías. 



05/05/2024

Universos Personales, ahora aquí

Debería resultar obvio, pero no lo es. Me refiero al escuchar a aquellos que generosamente te ofrecen algún consejo o sugerencia. Lo hago siempre, aunque no significa que siempre me convenzan. Pero esta vez sí y me explicaré:

Cuando presenté aquel segundo blog (Universos Personales), algunos de los que me ofrecen su presencia en este, mi primer blog, se enteraron y según sus preferencias (indudablemente muy lícitas) empezaron a seguirlo. Algunos incluso lo añadieron a su blogroll. 
Otras personas, que no son blogueros, se enteraron directamente y de forma presencial; ellos son, "los tangibles", esos que alguna vez se han tomado una caña conmigo. Ellos fueron informados. Algunos reciben las entradas directamente en su email, aunque aquí no figure formulario de suscripción alguno. Ellos están presentes allí, alguna vez me comentan o contrastan jugosas opiniones, también mediante el email. Ni tienen blog, ni seguramente lo van a tener. 

Con el tiempo he visto como Universos Personales, desaparecía de algunos blogrolls; señal inequívoca de un, también, lícito desinterés.

Ayer, cenando con uno de esos «tangibles» en su casa, uno de sus hijos, me sorprendió con su sugerencia:

No deberías tener dos blogs diferenciados. Todo en uno, facilitaría las cosas, y no tener que ir de allí para acá y así además recibiríamos todas tus actualizaciones.(alert-error)

Sinceramente, me sorprendió saber que mi amigo no solo me leía él, cosa que ya sabía, sino también su hijo de 26 años. Me alegraron la jornada.

Insisto mucho en que para mí, las presencias o comentarios en mis blogs, tienen una importancia relativa. Quizás lo explicaría con una frase: No son importantes (en el sentido de que si no tuviera ni uno solo, seguiría publicando), pero son deseados y se agradecen mucho.

En resumen: Lo medité. Me convencieron y a partir de ahora, aquel blog tendrá su continuidad en este. Las entradas que contiene han sido exportadas hasta aquí y ahora están clasificadas (tag, o etiqueta, según lo llames) que se llama  #universos-personales. Puedes ver su botón de acceso directo en la parte superior de la portada del blog.




04/05/2024

Crucial y oportuno

Aquel periodo que transcurrió entre 1979 y 1984 resultó crucial. Mi aproximación al mundo del orientalismo a través del Yoga, le dio un giro importante a mi vida.
Quizás sea necesario explicar que lo que mayoritariamente se entiende hoy en día por yoga, nada tiene que ver con el Yoga que tuve la oportunidad de conocer. Hoy, me desalienta ver esa multitud de videos en YouTube que con la pretensión de mostrar tutoriales, lo único que se muestra es el cuerpo de unas señoritas ligeras de ropa (cuando no desnudez directamente). 
En cualquier caso, no se trata ahora de profundizar en la realidad del yoga, sino de mencionarlo como algo que me marcaría para el resto de mi vida. 
Todo empezó con un simple apuntarse a un centro donde se impartían enseñanzas para la práctica del Hatha Yoga y la meditación.

El «hatha yoga» para los que no sepan es el yoga físico y que consiste básicamente en esas exóticas posturas (asanas) y la ciencia de la respiración (pranayama). Ambas cosas, el mantenimiento prolongado de esas posturas a las que debe llegarse por relajación y no por esfuerzo, sumado al control de la respiración, ofrece enormes ventajas para la salud, tanto del cuerpo como de la mente. 

Hay otros tipos de Yoga, algunos, fruto de la occidentalización de la disciplina y otros tradicionales como el Kundalini Yoga, el Ashtanga, el Tantra, etc. Pero como digo, ya es corriente ver la palabra Yoga antecedida de nominales como «fitness» «power» «aero», etc.

El que fue mi profesor por aquel entonces, Saúl Martinez, tuvo el enorme acierto de que, aunque yo era un simple principiante, me propuso seguir los estudios del programa de Profesores de Yoga que proponía la I.Y.T.A. por aquel entonces.  Nuestra conversación desde un buen principio dejó claro que a mí no me interesaba titulación alguna, sino el conocimiento que emanaría de seguir el currículo durante los próximos cuatro años. Lo aceptó. 
Eso suponía adquirir conocimientos sobre el Vedanta, suponía profundizar sobre técnicas de meditación, realizar excelentes retiros, suponía conocer el Pranayama (respiración). Suponía conocer las propuestas religiosas del hinduismo y sus simbologías, conocer las bases fundamentales de la religión sin dios (budismo) e incluso una visión panorámica de la astrología y la medicina tradicional china. 
Sobre la astrología, puedo añadir que cursé (aparte) tres años (un tiempo después -1986-89-) solo para corroborar (más allá de las opiniones de terceros) que ni la predictiva, ni la humanista, sirven para nada, aunque si reconozco que para determinadas personas, puede ser una notable herramienta psicológica.

Como decía al principio, el giro vital que todo esto produjo, fue importante. Con el tiempo fui entendiendo que yo no era una persona «religiosa» a pesar de haber nacido en una familia que si lo era y de haber estudiado en un colegio religioso y que cualquier intento de serlo (esto daría para todo un libro) solo conseguía hacerme daño. La meditación pasó a ser un componente de mi día a día, casi imprescindible, y mi directriz de vida tiene bastante que ver con el Zen.
Quizás este escrito sirva para que algunos puedan entender mejor mi pasión por Japón
Siento mucho agradecimiento por haber tenido estas oportunidades y pido disculpas por hablar de mí, aunque, claro, de esto va (entre alguna cosa más) este blog. (Las etiquetas en la portada,  creo que son bastante descriptivas). En cualquier caso, gracias por leerme.

1984. En un retiro.


03/05/2024

Conversando con Okanuh

Ricard Pardo


Y tú ¿Cómo lo haces?

—Muero cada día—Respondió Okanuh.

—Los días son un simbolismo de la vida. Amanece un sol en un horizonte y asciende mientras tú te sientes rejuvenecido por el descanso nocturno. Llega un momento en que el astro está en su cenit y comienza a descender. Tu energía ha estado siendo consumida por tu actividad y otras cosas en las que has puesto mucha fuerza y voluntad. En el día como símbolo, del que te hablo, ocurre igual que en la vida entera y real. Después de la tarde llega un ocaso repleto de luces cambiantes y que al mismo tiempo oscurecen y disminuyen de intensidad como disminuye también tu energía. 

¿La vejez?
—Sí, la vejez. Hoy te presento un simbolismo que se refiere a una vida afortunada, lo suficientemente larga como para que, al igual que ocurre en una jornada, los paisajes han transcurrido diversos, las nubes han recorrido el cielo dando momentos de brillo intenso y otros más oscuros o nublados. Y como en este ejemplo de la jornada, ahora la vida ha llegado a este tiempo donde los recuerdos se oscurecen, pero cubriéndose del color de las emociones, al tiempo que el rostro y la frente se llenan de arrugas.
En mi morir diario, sucede parecido. Cuando la luz se desvanece entre sombras y negruras, me recojo. Como sabes, no soy religioso ni creyente ni contemplo fe o esperanza alguna de trascendencia, pero eso no me impide percibir la fuerza en mi interior de un espíritu que no puedo negar y mientras me preparo para la muerte diaria, lo escucho. Es un diálogo hermoso entre él y mi mente, pues hace tiempo me di cuenta de que no eran lo mismo.  Y aunque tienen una voz muy parecida, si me concentro, en meditación, puedo distinguirlos. Él, ese espíritu, escucha mucho más que habla, mientras que la mente parece un pajarillo enjaulado saltando constantemente. No estoy seguro, pero creo que soy yo, el que sin imposiciones, consigo que el pajarillo calle un poco y tambien escuche.

¿Y mueres?

—Simbólicamente sí. Es abandonarse en los brazos del sueño. Dejarse ir. Situarse en un plano diferente, trasladarse a otra realidad. 

¿Y luego cuando despiertas, es como un renacimiento?

—De nuevo simbólicamente sí. Renacer no es un hecho comprobable; es solo una idea y como tal idea puedo plantearme el nuevo presente después de despertar, como una nueva vida y es lo que el simbolismo quiere dar a entender. Un día es una vida. La noche, la permanencia en eso que los budistas llaman el Bardo y el despertar es un nuevo renacer; otra vida. Y muy posiblemente desde los principios de los tiempos esta idea se ha ido convirtiendo en la semilla de las creencias sobre la reencarnación. Y para huir de la ácida realidad del desaparecer, somos capaces de imaginar y desarrollar en cientos de generaciones, escapatorias como los cielos, paraísos, nirvanas, reencarnaciones…
Pero yo solo utilizo la idea del renacer como una especie de ritual litúrgico para afrontar el día.  Tiene la misma sacralidad que la que pueda tener, ver la agenda o escuchar las noticias por la radio mientras desayuno. 

Okanuh, con esto ¿me dices que no crees en la reencarnación?

—Eres muy pesado, hermano. Vivimos en espacios mentales paralelos y, por lo tanto, sabes perfectamente que yo vivo de contemplar las posibilidades y las imposibilidades. No me interesa creer; me interesa conocer y nuestra naturaleza no nos permite conocer todo. Entonces, intenta imitarme. Vive tranquilo. Contempla impasible tu mente y la de los demás. Aprende. 
Posiblemente, lo más parecido a una reencarnación que llegues a vivir sea el despertar de las mañanas. Y si La Vida quiere (no, dios) reencarnarás toda la semana, posiblemente más allá de una semana. 

¿No tienes miedo de estar equivocado?

—Quién, ¿yo o tú?
Creo que quieres que te responda a una pregunta que en realidad, deberías hacerte y tratar de responderte tú mismo. En cualquier caso te diré que tengo el mismo temor de estar errado que el de estar acertado. 

30/04/2024

Historias de un Pub

H(caps)anna además de simpática, cosa apreciable, era muy decidida y descarada; lo cual ya no resultaba tan agradable.  Hacía unas semanas que la conocía. Era nueva en el barrio y le gustaba pasar el final de la tarde en el pub. 

El pub de pomposo nombre (Grail House, la Casa del Grial) tenía mucho más de taberna porteña que de pub escocés, pero por supuesto no faltaba el rincón de los dardos ni el billar de grandes dimensiones donde se jugaban todas las tardes después de las siete, partidas cortas de Snooker .  Así conocí a Hanna. Ella buscaba desesperadamente un "asshole" (gilipollas) que le enseñara el juego de billar, ya que los dardos los tenía prohibidos desde que le clavó accidentalmente  un hermoso dardo al no menos hermoso trasero de la camarera de noche. 
No había mucho gilipollas para escoger. Los jóvenes eran candidatos imposibles. Ellos estaban por la labor de vociferar en la barra, aprovechando los momentos en que no estaban sorbiendo de la jarra de cerveza y si no era esa ocupación, se negaban con el argumento de que tenían pendientes unas partidas de dardos. 
Otras posibilidades apuntaban a Karen, una mujer de unos 110 kilos de peso que presumía de haber hecho el eructo más largo del siglo: seis segundos y treinta centésimas. Según ella, podía haber sido aún más largo, si no se hubiera distraído por culpa de una ventosidad que se le escapó casi al final del esfuerzo. Sinceramente; era mejor "propulsora de vientos corruptos" que jugadora de snooker.

Así se entretenían lsa gentes del barrio y Hanna consiguió finalmente convencerme para que, jugando, le diera unas lecciones básicas de esa modalidad de billar.
La verdad es que no manejaba mal el taco, pero su control de la bola blanca era un jodido desastre. 
No sé si te puedes imaginar lo que supone explicar la mecánica del juego, los valores de las bolas y lo que se puede y lo que no se puede hacer, a una mente dispersa por defecto de nacimiento y nublada por culpa de las "pilsen" (pilsner para más ortodoxia)

—Voy a mear—me dijo con su elegancia característica—No te escapes que te invito a una pinta. 

No sentamos en la mesa justo al lado de Brian. El tipo es de esa especie más paranormal que normal, que se sienta en su rincón, frente a su mesa, con la pinta (la penúltima) medio llena, un cigarro en la boca, mirando hacia las jarras que cuelgan encima de la barra y sin mover ni un pelo de esa barba de dos palmos. Por regla general, siempre acaba despertando de su letargo, gracias a que se quema los labios con el cigarro o se pega una hostia de cuidado en la frente, golpeándose con la jarra en la mesa. Y es que de natural, ya tiene cierta propensión a dormitar y con los tragos acumulados, más.
 
La conversación con Hanna, fue divertida hasta que apareció su descaro.
—¿Qué le pasó a tu mujer; de qué murió?
No sabía si contestar, pero no quise ser antipático. 
 —Fumaba mucho y pilló un cáncer de pulmón que hizo metástasis. En seis meses la enterramos.
No se inmutó y con toda la naturalidad del mundo empezó a explicarme que ella se chupaba cajetilla y media al día, que estaba divorciada, que tenía un hijo, que vivía de la pensión de su marido y de su trabajo de auxiliar de enfermería. 
No llevábamos media hora conversando, cuando de golpe me dice:
— ¿Y no tienes pareja? ¿Cómo es que vives solo?
No recuerdo que le dije, pero solo sé que no fue suficiente para cortar ese rollo que se estaba desplegando. 
—Así, tengo que imaginar que duermes solo ¿verdad?
—No que va, en mi enorme cama, duermo yo y mis circunstancias— le solté con la esperanza de que se cortara un poco y no fuera tan directa. Fracasé.
—Bien; acabo de decidir que yo soy tu más reciente circunstancia—dijo, como si cantara y poniendo cara de Kim Basinger cruzando las ancas... 

Han pasado veintidós días y no dejo de pensar que la camarera con el dardo en el culo fue muy afortunada comparada conmigo. Ese tiempo también me ha ofrecido la posibilidad de descubrir que a Karen le ha salido una seria competidora, en la cuestión de las «propulsiones». 
Creo que me he metido en un lío. Si salgo vivo de esta, cambiaré la cama por una más pequeña.

Entrada del 22 de junio 2022, trasladada desde mi otro blog.(alert-success)

28/04/2024

La caricia

Eran hijas del mismo padre y habían crecido juntas en aquel soleado rincón del jardín, delimitado por blanquecinos cantos rodados que trajimos del riachuelo de la montaña, y repleto de hermosas vecinas, entre las que competían, a fin de ser el centro de atención de abejas y otros seres volantes. 
La cercana mata de hortensia, presumía de sus tonos de diferentes magentas y a sus pies, entre los tallos, se escondían los gatos jugueteando entre ellos. Joaquín, el niño de la casa, había hecho de las plantas su escondite. Así de grande era aquella mata.
Y transcurría el tiempo de su juventud, cuando constantemente se comunicaban entre ellas, de la única forma que les era posible; lanzando al viento su perfume. En esto, la señora hortensia era menos locuaz, más reservada, pero escuchaba atenta las fragancias que le llegaban.
De ese aromático diálogo disfrutábamos todos. Los bonsáis, que siempre parecían estar meditando, se dejaban acariciar por la brisa del mediodía con la que también podían percibir el dulce olor de las rosas. Los gatos, traviesos, siempre alertas y dispuestos a saltar sobre cualquier pajarillo distraído, encontraban su momento para erizar sus bigotes. Incluso Manolo, el pez de colores del estanque, saltaba de vez en cuando como si quisiera husmear en el viento.

Pero ya eran muchas las veces que el señor Sol, las había despertado de su letargo nocturno y ni las fragancias, ni las energías eran ya las mismas. Los silencios aromáticos cada vez estaban más presentes y la vecina hortensia perdía sus pequeños pétalos magentas que ya empezaban a alfombrar el suelo. 
Quizás fue por eso, por lo que la hermana mayor, una tarde con una encendida puesta de sol,  en un esfuerzo casi final, dejó caer un poco,  uno de sus pétalos buscando el contacto de su hermana. Quiso alargarse, ayudada por el viento, hasta poder ofrecerle una leve caricia. Ambas estaban débiles y empezaban a mostrar marchitez.
 
Dicen las ninfas, las  que saben de las lenguas ocultas, que escucharon un susurro que decía: 
—Hemos tenido una buena vida; el jardinero nos respetó. No conoceremos maceta y volveremos a la tierra.




23/04/2024

Tres espíritus


Todo apuntaba a que eran tres espíritus del bosque. Es lo que pensaban los lugareños; que se había materializado en un grupo de árboles a medio camino de lo alto de la loma. Era un bosque repleto, pero el resto de los árboles no eran mágicos como estos tres. Los lugareños aseguraban que en las tardes ventosas, como era natural, se podían ver el follaje y las ramas de todos los árboles, balanceándose mecidas por fuertes ráfagas que en ocasiones ocasionaban roturas que quedaban esparcidas por el bajo bosque. Pero aseguraban que las ramas y las hojas de estos tres, a pesar de las ráfagas, permanecían en una quietud que hacía estremecer a cualquiera. Sin embargo, Kimura, para sus adentros, pensaba —mis vecinos beben demasiado shake—

Preguntaron al monje, cómo era posible, aquella magia. El monje se despojó teatralmente de su capa raída y sucia y se abrazó a uno de los árboles y permaneció con su oído derecho pegado a la corteza. Pasaron más de diez largos minutos hasta que el viejo se movió. La intriga de los que le acompañaban se transformó en frustración cuando, vistiéndose de nuevo aquella capa raída y sucia y rascándose la oreja, simplemente dijo:
No pasa nada; los muertos nunca mueven ni una pestaña. 

La expresión de asombro entre los presentes, recordaba a las de los actores del teatro Kabuki y se incrementó aún más, cuando aquel viejo chamán les propuso una explicación extendida, después de la puesta del sol, en la choza principal de la aldea. Había una condición: Que organizaran una buena cena en la que no debía faltar su shake favorito. 

Kimura era el único soltero del pequeño poblado. Un joven despierto e inteligente que desconfiaba del monje, del cual, tenía el total convencimiento de que era un sinvergüenza que trataba de vivir a costa de los crédulos. Nunca había conseguido una curación destacable y sus rogatorias para la lluvia, jamás ofrecían un resultado satisfactorio. Eso sí; cada mañana, en la puerta de su choza, no faltaba el cesto donde se esperaba que aquellas buenas gentes depositaran presentes, limosnas y viandas apetecibles. 

Cuando Kimura se presentó en la reunión, sudoroso y con el hacha en la mano, todos volvieron a mostrar aquellas caras de asombro como máscaras de teatro

—Tenías razón, monje. Los muertos no mueven ni las pestañas. Por eso, ya que estaban muertos, los he cortado. Ya no hay magia. No he visto espíritu alguno ni nada que se parezca y en cambio, he visto un buen montón de leña para calentar las chozas de los ancianos. Hoy no habrá shake en tu barriga. Quizás mañana, si nos ayudas a recoger la leña.—
Nika, la única soltera de la aldea, a pesar de su timidez, no pudo reprimir unas risitas nerviosas.

El monje, muy inquieto y con rostro desencajado, tratando inútilmente de convencer a alguien, solo atinó a decir:
Pero las hojas no se movían con el viento...
—Ahora tampoco, aunque te aseguro que se movieron con los golpes del hacha—replicó Kimura.


Pequeño relato rescatado y trasladado desde mi otro blog.

21/04/2024

Kiyoshi

Esta es una entrada «trasladada». La publiqué originalmente el 11 de julio, 21 en Wordpress y posteriormente en mi blog Noxeus. Creo que algunas, como esta, están mejor aquí.
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Llevaba unos días dándole vueltas a la cabeza. Y es que Kiyoshi ya transitaba por la tercera de sus edades. El médico le había dicho textualmente —No mires hacia atrás, céntrate en todo aquello que tienes por delante. Céntrate en el camino que estás recorriendo aquí y ahora.

Kiyoshi, siempre se había recreado en su mundo mental. Le gustaba, a sus 78 años, sumergirse en sus recuerdos. A su modo revivía las historias de su vida, sus amores de juventud, la infancia de sus hijos y otros episodios pasados con los que construía sus paisajes mentales fruto de una mezcla de verdades, imaginaciones y deseos que al fin y al cabo es lo que suele hacer la memoria. Pero le hacían feliz.
Ahora, el psicólogo le había aconsejado que se centrara en su momento presente y que no mirara hacia atrás. A él le sonaba a la cantinela zen del aquí y ahora. Según su terapeuta, eso le ayudaría a fijar mejor los eventos de presente en su mente, que ya comenzaba a mostrar signos de una incipiente demencia; nada alarmante (o sí), simplemente propia de la edad (o no).

Kiyoshi, quizás por eso, decidió que debía visitar a su hermana Hiriko y pasar con ella el invierno que se acercaba. Al fin y al cabo, ella también vivía sola y en repetidas ocasiones le había pedido, casi suplicando que por los menos pasaran juntos, las estaciones más duras.


La autopista E17 le llevaría desde Numata hasta Sakado; un pueblo ahora ya absorbido por la metrópolis de Tokio.
El tráfico es intenso en esa autopista, especialmente a las primeras horas de las jornadas y Kiyoshi conduce una furgoneta corta, muy típica de los automóviles populares japoneses. Apenas tienen morro en su parte delantera y por detrás acaban con un portón totalmente vertical.
Todo fue muy rápido. Aquella moto ocupaba el carril e iba demasiado lenta.  Había que adelantarla y eso hizo. Un golpe seco desde detrás lo devolvió al carril y se llevó la moto por delante. Salió rebotado hacia los carriles de la derecha y esta vez el golpe fue definitivo. No excesivamente fuerte, pero suficiente como para que el anciano quedase mal parado.
Al parecer no entendió bien las indicaciones de su médico. En su mente, más afectada de lo que pensábamos, no mirar hacia atrás, incluía haber anulado los retrovisores de su vehículo.
No pasó el invierno con Hiriko; pasó el resto de su vida. No fue mucha. Murieron ambos tres años después. Kiyoshi se durmió en su silla de ruedas un viernes por la tarde. Hiriko le siguió solo 21 días después. Tuvo tiempo de explicar a su única hija, que esos años habían sido los más felices de su vejez.

20/04/2024

Eufemismos bélicos

Después de once mil años de historia escrita y seguramente muchos más sin escritura, aún hay mentes con la suficiente candidez, como para estar convencidos de que las guerras, nacen después de la muerte de las negociaciones.  Que son el resultado del fracaso de los diálogos. 
Posiblemente en algunas, esto sea cierto, pero lamentablemente la mayoría de las guerras ya están en la mente del atacante, mucho antes que cualquier diálogo o conversación.
Las guerras responden a una voluntad que ya es manifiesta en el momento en que un estado se equipa de armamento; las guerras están, cuando a los jóvenes son sistemáticamente reclutados. 
Que nadie se llame a engaño ante el eufemismo que supone hablar de un «ministerio de defensa». Sería mucho mejor sincerarse y llamarlo como lo que es «ministerio para la guerra»
No hay muchas cosas tan ingenuas como pensar que ante la tecnología del siglo XXI y la presencia de determinadas potencias militares, se pueda concebir una defensa nacional. Incluso me atrevo a pensar que posiblemente ni a nivel europeo. 
No hay más que ver el conflicto que supone una Ucrania atacada por Rusia. Es muy triste, pero es también inevitable que muchos ciudadanos ucranianos, cuando finalice la contienda, opinarán aquello del «si nos hubiéramos rendido cuando empezó, nos hubiéramos evitado mucha muerte y sufrimiento»

Y esta sola idea: el pragmatismo de una rendición temprana, asusta. Y lo hace porque pone de manifiesto una impotencia que es una realidad para cientos de naciones que al menos, en teoría, está a la merced de los caprichos de las superpotencias, llámense como se llamen. No hace falta nombrarlas; están en la mente de todos. 
Esta es la realidad: Que a pesar de las supuestas instituciones supranacionales como ONU, NATO, etc. si quieren entrar en tu casa y arrasar con todo, lo harán. Ya se va viendo que tener la esperanza de su ayuda sirve más bien poco.

Hubo una vez un tiempo en que en otros conflictos, había la presencia de unos señores, con un casco azul enfundado en sus cabezas. ¿Eficaces?—Poco. Pero... ¿Dónde están?

18/04/2024

Sin prisas, sin pausas, sin penas

Las luces y las letras del admirado Juan, comienzan su escrito lanzando un grito de sabiduría. 
¡Basta de prisas! — Exclama, para luego sumergirse en la belleza de los recuerdos y en la realidad del momento. ¿Quién no puede hacer suya esta afirmación?

...Cuando la inocencia era nuestra mejor armadura, ante un mundo regido por consignas y mandamientos.
...Ya no tengo prisa por llegar a donde sea...
Hago mío su discurso. Incluso la foto que encabeza este blog simboliza ese estadio mental. Una carretera que se desvanece en la niebla, como se desvanece poco a poco, la visión de lo inmediato en los finales de este viaje. Un sereno aquí y ahora; en paz.
Di que sí, querido amigo. Sin prisas y recreándonos en los colores de lo vivido. Dejando que florezca el alma como florecen los bordes de los caminos, llenando sus lindes de humildes florecillas.


Yo, que soy más bruto que el que mató al César, le solté la siguiente cháchara a una sufrida cajera del supermercado.

Me dice:
— Discúlpeme un momento que cambio el rollo de la caja. No tendrá prisa, ¿verdad?
No señorita, no se preocupe, no tengo prisa
—Se lo agradezco, será solo un momento.
Tómese su tiempo. ¿Sabe? Estoy tan convencido de que los del cementerio no se van a marchar y de que tienen toda una eternidad para esperarme, que me lo tomo con toda la calma. No creo que se pongan impacientes.
 

06/04/2024

Flores


No debería darnos miedo alguno.
No es duro. Solo, es.

De tu cuerpo descompuesto, quizás crezcan flores y tú estarás en ellas. Esa es toda la reencarnación o eternidad que puedes esperar. De tu alma, espíritu, consciencia o como le quieras llamar, no sé nada. Y tú tampoco; desengáñate. Sin embargo nuestra condición humana, nos permite fabular todo lo que queramos.


03/04/2024

Desfases temporales

✶✶✨✶✶

Nací 100 años demasiado tarde y moriré 100 años demasiado pronto.

Es una forma de expresar cierta disconformidad con la época que me ha tocado vivir y también esconde un doble deseo de una vivencias que nunca podrán cristalizar. Si a un ser humano se le concediera esa amplitud temporal, la riqueza de sus vivezas sería envidiable.

Por supuesto que si a esa cifra le añadiéramos un cero o incluso dos ceros, entonces estaríamos ante un tratado de historia vivo. Un ser que llevaría en su mente, la totalidad del Pleistoceno, el paso de nuestra condición cazadora y carroñera hacia la recolección, el nacimiento de la ganadería y agricultura, el nacimiento de los imperios, el nacimiento de la época industrial... mucha más historia.

 

Me resulta fácil imaginar esta fantasiosa posibilidad, pero la incertidumbre se me apodera, cuando intento mirar hacia la línea temporal del futuro. Pienso que los 100 años de extensión que me autoproponía seguramente serán difíciles, aunque posiblemente estén repletos de avances científicos y tecnológicos. Pero, me repito a mí mismo, serán difíciles.
¿Acaso no lo fueron los anteriores, los del pasado? —me pregunto.
Pero no sé por qué razón, cuando quiero ir más allá, añadiendo un cero y avanzando un milenio, ya no veo tanto brillo, ni tanto progreso. Y si añado dos ceros, diez milenios, ya no veo nada. Y entonces, la pregunta que me surge es:
¿En qué nos habremos convertido?

25/03/2024

Evoluciones

Creo que los primeros síntomas fueron evidenciándose paulatinamente. El primero de ellos, posiblemente, era aquella actitud dudosa en el momento de salir de casa. —¿Qué cámara me llevo?—Solía preguntarme y en ocasiones, ante la puerta del ascensor, retrocedía para entrar otra vez en casa y cambiarla.
Luego fue llegando la fobia hacia la exposición en los fotoblogs. Me molestaban esos comentarios insustanciales que llegaban desde diferentes partes del mundo y que no me aportaban nada. Y no porque fueran críticos, al contrario; eso es lo que hubiera querido. Pero abundaban poco. Los que abundaban parecían mantras en boca de monje: Beautiful colors, amazing, awesome image...  Todos ellos con la clara intención de ser correspondidos y escasos de sinceridad. De vez en cuando alguna pregunta o el reflejo de alguna opinión desacorde con las fotos editadas. Casi siempre lo mismo. Cansa.



Han sido muchos años y gran parte de ellos dedicados -lo digo humildemente- a enseñar o quizás deba decir iniciar a personas que me ofrecieron ese privilegio. Algo más de un cuarto de siglo como profesional con tienda, estudio y laboratorio. Eran aquellos tiempos en que un fotógrafo tenía que saber, cuanto más mejor, de todo. Un día estabas cubriendo un reportaje de boda y al siguiente estabas fotografiando piezas minúsculas de reloj o realizando bodegones publicitarios de una pastelería industrial. Dos días después, te llevabas tu set de iluminación a un domicilio para hacer una hermosa y discreta fotografía de una joven mamá, dando el pecho a su bebé. 
En ocasiones la jornada no daba de sí y te ibas a casa a medianoche apestando a hiposulfito de sodio, después de unas horas en el laboratorio.

Cuando me jubilé y dispuse de tiempo "a porrillo" me sentí como en una nube. Por fin, podía fotografiar lo que y como me apetecía. Era como un reencuentro con aquella vibración de la juventud, cuando era un simple aficionado, entusiasmado e inquieto.
Desgraciadamente, duró menos de lo previsto. La salud empezó a ponerle vallas y puertas al campo. Al principio, las puertas se podían abrir fácilmente, pero con el tiempo, ya no abren fácil y las vallas son difíciles de saltar.
Pero debo reconocer que hay mucho amor hacia este invento que es catalogable como de los que "cambió la humanidad". 
Tengo muy pocas ganas de llevar la cámara encima, la actitud ha cambiado. Y es algo que sorpende a los que me han visto prácticamente toda la vida con ella colgada. Ya no hay espíritu de cazador-recolector de imágenes y lo poco que hago ya no siento como antes la necesidad de compartirlas. Y no es porque no me satisfagan; sencillamente prefiero volver —como decía— al espíritu fotográfico que viví en los años sesenta. Las escogidas no aparecerán ni en Facebook, ni en Instagram, ni el fotoblog alguno. Unas pocas en Tumblr y en vez de esa exposición social, que ahora me parece estéril, prefiero gastar mi dinero y hacer copias físicas en papel y en formatos dignos. ¿Qué haré con ellas? —Aún no lo sé. 

Y mientras, he descubierto otra pasión relacionada: El estudio de la fotografía como fenómeno antropológico. El análisis de autores, el estudio de las tendencias, las definiciones gráficas que nacen según las diferentes sociedades y culturas. Me pregunto si todos estos años no habrán sido más que la preparación para este capítulo final. Al fin y al cabo, la vida hace lo mismo… creo.

18/03/2024

Sueños lúcidos


Idealizamos las cosas; lo sé. Y les solemos buscar más significados de los que en sí mismos puedan tener. Son esas ideas que navegan por los ríos tortuosos que serpentean entre barrancos de imaginación y las empinadas laderas del deseo. Pero están ahí y a mí, me han acompañado prácticamente desde la infancia. 
Docenas de veces he soñado despierto con ello. 



A mí me hubiera gustado nacer en el Japón rural. A principios del siglo XX. En alguna pequeña aldea campesina, ayudando a la familia a cosechar el arroz en la plana y cultivar el té en la montaña.
Hubiera tenido que aprender desde la infancia, el valor del esfuerzo y el precio personal de cada logro. Hubiera caminado kilómetros cada día, para asistir a la escuela y al final de la adolescencia, posiblemente hubiera migrado a la ciudad para estudiar alguna ciencia; posiblemente biología o medicina. Me habría casado con alguna estudiante de la universidad y habríamos formado una familia duradera, feliz y con dos o tres hijos. Muy posiblemente en Hiroshima.
No me cave la menor duda de que estaría afiliado a algún movimiento disidente con la divinidad del emperador, y habría hecho lo imposible por evitar el ejército. 
Hubiera sufrido con el ascenso del militarismo y el auge del ultranacionalismo. Sin duda hubiera estado muy preocupado con la invasión de Manchuria y aún peor con los hechos de Pearl-Harbor y la guerra mundial, la llamada guerra del Pacífico. Todos sabemos como se sufre por los hijos. 
Pero una luz cegadora y un calor inmenso, apagan para siempre esos sufrimientos, una soleada mañana de un 6 de agosto, después de una calurosa y húmeda noche de verano, desintegrando los cuerpos de los míos y desapareciendo al instante. 
Un final contundente para un sueño lúcido.

15/03/2024

Recuerdos borrados.

No consigo recordar a mi madre abrazándome. Consigo ver la imagen mental de aquella buena mujer, abrazando al menor de mis hermanos, a mi hija y mis sobrinos. Consigo recordar su voz corrigiéndome. Incluso la llego a visualizar en mi infancia más lejana, en casa, enseñándome las letras y los números, también con bastante severidad. Pero no la recuerdo ni abrazándome ni besándome.
Me pregunto cuál pueda ser la razón que me lo impide, sabiendo como sé que fue una buena madre. 

No recuerdo a mis padres en actitudes cariñosas entre ellos. Creo que eran excesivamente celosos y cuidadosos de mostrarse así en nuestra presencia.
Me pregunto que influencia puede tener eso en nosotros.
Me recuerdo a mí mismo, angustiado, apenado y con el corazón encogido, acompañándola en su lecho de muerte. 
Tristeza.

14/03/2024

Que poco dura la paz

Hace un mes y dos días que inicié este blog y ya estoy pensando en tomar una decisión. Esta última semana, concretamente desde el pasado viernes, he tenido que borrar 11 comentarios, uno más uno menos.
Siete eran de una persona, que me temo que conocéis muchos y que no quiero darle el gusto de verse mencionado. Los otros, de corte parecido, que muy probablemente responden a perfiles falsos e incluso sospecho que pueden ser del mismo individuo.
Configurar los comentarios como «moderados» soluciona una parte del problema, pero añade el inconveniente y la molestia de tener que estar pendiente de lo que recibes.
Voy a tener que pensar que hago. Seguramente la solución no será del agrado de nadie. Este es el talón de Aquiles de Blogger. Deberían añadir la posibilidad de —en los comentarios con cuenta gmail— se pudieran bloquear las cuentas molestas.

Editado (18:10)

Pues sí; decisión tomada. Voy a utilizar el sistema de comentarios de Disqus en este blog.
Es un servicio especializado, mucho más potente que el nativo de Blogger. Sé que a algunos de vosotros, poco amigos de los cambios, os echará hacia atrás y lo lamentaré. Al mismo tiempo, pienso que este pequeñísimo inconveniente asegura que el comentarista realmente desea dejar su impronta.
Se puede comentar con una cuenta identitaria de Disqus, muy fácil de crear y por supuesto gratuita. Se puede comentar con la fórmula nombre y email, e incluso como invitado. Eso ya es vuestra elección.