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04/03/2026

Recuerdas?

Yo sí que me acuerdo.

 

07/03/2025

Treinta y cuatro años

Este es uno de esos post recuperados. Significa que los publiqué dos años atrás en el blog Noxeus y lo traslado aquí. Y lo hago hoy por ser aniversario y a la hora en que nos dejó. Creo que está mejor en este blog, que es más personal. Al mismo tiempo desaparece de allí. He adaptado las referencias temporales
.
Tal día como hoy, siete de marzo, en el año 1991, murió mi padre.
Llevaba casi dos años luchando contra un cáncer que se manifestó en la próstata de la cual fue operado, con el tiempo se recrudeció, hizo metástasis y afectó al pulmón.
Como muchísima gente de su época, el tabaco forma parte de su vida. Recuerdo de niño, que me mandaba al estanco a comprar sus cajetillas de «Caldo», en ocasiones «Celtas» para un tiempo después cambiar esos venenos, por otro, no menos tóxico; «Ducados». Recuerdo como sus bolígrafos «Bic Cristal» amarilleaban por la nicotina, en la zona del agarre de los dedos.

Era un hombre vital que había sufrido una adolescencia muy cruda y una juventud enmarcada en los conflictos bélicos. Un hombre al que le tocó vivir la Batalla del Ebro y la División Azul en Rusia. Y esto último, -es preciso que se sepa- de voluntario, nada de nada.
Su pasión era la caza, pero no era un deporte; era una forma de proveer carne a su familia. Mi madre era una experta cocinera, adobando como nadie el conejo de monte antes de que llegaran las famosas fiebres que diezmaron a los orejudos.
A pesar de la quimioterapia, los días menos dolorosos, los aprovechaba para ir al pequeño pueblo de Gualta, donde tenían una casita y sus mejores amigos. Y eso fue lo que hizo en su último día. La quimio castigaba y se le veía débil, pero siempre resuelto a no dejarse vencer por la depresión y las incomodidades del tratamiento. 

Le costó conducir su Renault 12 de vuelta a casa. Al punto de que al aparcar en el parking, le dijo a mi madre que se adelantara, que él ya iría subiendo (una calle en cuesta y tres pisos).
Quince minutos después, mi madre alertada por su tardanza, bajo a buscarlo y lo encontró en la escalera, sentado y muy fatigado. Como pudo lo ayudó a subir hasta la vivienda. Se tumbó en el sofá. 
Mi madre me llamó muy asustada. 
—¿Has llamado a una ambulancia?—le pregunté.
Contestó que no y yo le dije que ya lo hacía yo y que también venía inmediatamente. 
Cerré mi estudio de fotografía y llegué al mismo tiempo que la ambulancia. Los chicos de la Cruz Roja nos dijeron que lamentablemente había muerto.
Mi madre, me explicó que sus últimas palabras fueron un reproche cariñoso:
—No llames a Ricardo, no molestes al niño—
Ese niño, era yo, que en aquel entonces tenía cuarenta y dos años.
Deduje que había hecho un doble esfuerzo. Primero para llegar conduciendo a casa y dejar a su mujer segura en el hogar. Luego hizo todo lo posible para morir en su casa y no en la calle. De esto, estoy muy seguro.

Al día siguiente, me tocó ir al depósito a recoger su cartera, el anillo de matrimonio y una medalla y cadena con la Virgen en una cara y Jesús en la otra. Fue allí, en aquella nave fría y solitaria, donde me despedí de él. Han pasado treinta y cuatro años y sigue vivo en mi corazón. 


21/02/2025

Brizna


Es solo una brizna de hierba. Fotografiada en el rocío de la mañana, en aquellos tiempos, cuando agacharme y trabajar a ras del suelo, no era una dificultad y el cuerpo aún respondía. Allí, en aquel territorio cercano y poco conocido, el fotógrafo descubría un mundo de detalles en ocasiones insólitos e inesperados. Parecía otro mundo.
Humildad es el título que recibió la foto y de la cual, como es costumbre, se crearon un buen número de versiones. Ninguna de ellas conseguía borrar o desvanecer el simbolismo que yo creía ver y leer:
Una humilde planta parece inclinarse respetuosamente, y recibía la «dádiva de lo alto» (esta sí es cierta). La «gracia» del agua que tanto necesita, envuelta en hermosos rayos de luz. La dádiva de la vida.

28/12/2024

Último abrazo

Todo mi cuerpo sintió lo mismo que sienten las plantas de los pies, cuando en la arena de la playa, en el rompiente, el agua retrocede momentos después de haber llegado la ola. Era como un desvanecerse suave, como una disgregación molecular, como un vaciarse, como un viaje hacia la nada.
Sentí por última vez la turgencia de tus senos clavándose en mi pecho y la húmeda lluvia de tus lágrimas sobre mi hombro y aspiré profundamente el cautivador perfume de tus cabellos. Sollozos y silencios. Gemidos reprimidos y llantos entrecortados.
En mi interior, una enorme presión se repartía entre el corazón y la garganta, impidiéndome pronunciar ni un solo sonido. Quise mirar aquellos ojos que tanta paz me habían dado y solo vi párpados cubriéndolos componiendo un gesto de sufrimiento que habitará en mi memoria, hasta que el final de la vida, me la apague. Traté de aferrarme a la sensación cálida que tu cuerpo me ofrecía, pero lo que estaba ocurriendo provocaba que pareciese licuarse y desaparecer de entre mis brazos. Dulcemente, te apartaste y te vi marchar. No nos dijimos adiós. No era necesario. Nunca más nos hablamos. En todos estos años, apenas te volvía a ver, solo al principio y siempre desde la distancia, tres o cuatro veces.
Aquel fue el último abrazo.
Más de medio siglo después, de vez en cuando, esa presión en la garganta, aparece cuando te recuerdo. Pienso qué misterio hay en que las brasas de aquel amor, sigan vivas, a pesar de que nos separamos entonces y ya hace unos años, me anunciaran que ya estabas viajando entre las estrellas. En vano, me pregunto que será de esas brasas cuando mi memoria se apague.

08/12/2024

La Purísima

Colegio marista La inmaculada (Girona)

Supongo que es irremediable, pero cuando llega la fecha de hoy, aparece fresco y nítido el recuerdo de aquellos años en el colegio marista La Inmaculada de Girona. Fueron los años comprendidos entre 1960 y 1966; lo que duró mi bachillerato. 
Estos días, 8 de diciembre, era la fiesta del colegio, coincidiendo con la festividad de la «Inmaculada Concepción de María». Por si alguien no sabe, la festividad celebra que María, madre de Jesucristo, fue concebida libre del pecado original, por obra y gracia de su hijo que nacería años después. Y esta tontería, para los que la quieran creer, sería convertido en lo conocido como el dogma mariano, proclamado por el Papa Pio IX en 1854.
Pero bien; a lo que iba. Este día, los hermanos maristas, organizaban un acto, cuyo tema central se desarrollaba en esa explanada que tenía la medida aproximada de una cancha de baloncesto. Al aire libre, con la obligación de vestir «la bata» (uniforme del colegio) sin abrigo, ni nada que se le parezca. Y os aseguro que aquí, el recuerdo es un tiritar constante de frío. En esa década, os aseguro que diciembre era frío; como se dice: frío de cojones.
Nos tenían allí en formación prácticamente militar. Al modo del ejército, la distancia con el que tenías delante se establecía extendiendo el brazo derecho y colocando la mano sobre su hombro. Órdenes a golpe de pito. A mí, ya no me tocó, pero pocos años antes, aún estaba establecido el canto del «cara al sol» falangista, al principio del acto. Parlamentos, entrega de premios a los «empollones», rezos a María y el pitido final que significaba: ¡venga, a la puta calle!

Ese colegio, ya no existe. Si visitáis Girona, este patio, lo veréis convertido en una plaza que es, además, un excelente mirador sobre la ciudad (izquierda) en la excelente remodelación del barrio antiguo que se ha ido llevando a cabo desde la alcaldía de Quim Nadal y en adelante.

Un recuerdo recurrente, que no solo no me abandona, sino que como suele ocurrirnos a los viejetes, cada año se vuelve más nítido. Al mismo tiempo, me invade una muy extraña interrogación:
¿Cómo hice para superar aquella educación religiosa llena de estupideces, al tiempo que las caricias en el culo del Hermano Marcelino?

03/12/2024

Aquella década de los 50'

Recuerdo y no sin una cierta nostalgia, aquellos tiempos de la niñez en la década de los años cincuenta.
Hacía poco más de once años que había finalizado la contienda de la vergüenza nacional. Eran aún tiempos de posguerra y las carencias eran los postres y el segundo plato de aquellos tiempos.



Tiempos de plato único y merienda de un poco de pan con aceite y quizás, si había suerte, otra tarde era, un trozo de pan y una onza de chocolate. Apenas nos separaba un lustro de la finalización de la otra guerra y el hongo radioactivo. En la radio aún no sabían mucho de las músicas que llegaban desde el otro lado del charco y a lo sumo escuchábamos a Nat King Cole o a Antonio Machín.

En aquellos tiempos, aquellos interruptores eléctricos de palomilla en las paredes, tenían todo el uso del mundo. Nunca había una luz encendida en una habitación deshabitada. Tampoco aquellas radios de válvulas, permanecían encendidas mucho tiempo. La novela de la madre y el «parte». También algún partido de futbol. Veo la imagen de mi padre, casi abrazado al aparato con poco volumen, para no molestar mientras escuchaba.

La primera nevera (de hielo) no llegó a casa hasta 1955. Que poco pueden imaginar las gentes de hoy día, como un niño de siete u ocho años tenía que acarrear un cubo de metal cincado con un par de trozo de hielo (una peseta) desde la fábrica de hielo hasta la casa. Afortunadamente a una distancia aceptable. Si te dejabas la puerta de la nevera abierta, recibías el correspondiente cachete.

Recuerdo aquella aglomeración de gente frente al escaparate de una tienda de electrodomésticos. El espectáculo era una simple televisión en blanco y negro.

En 1956 los boletos de los sorteos de la ONCE, no tenían cinco cifras como ahora; solo tenían tres y costaban media peseta (50 ctms.) que traducido a euros es algo así como 0,003 € 

Eran otros tiempos. A veces me asalta la duda de, si realmente eran peores, a pesar de las estrecheces. Solo el recuerdo de Franco despeja las dudas.

❖✜

foto:Robert Doisneau (Londres, 1950)





26/11/2024

Un perfume, desde la juventud a la vejez.


Dicen que el olfato es nuestro sentido más primitivo. Sentido reptiliano o lo que viene a ser lo mismo, heredado desde los reptiles.
Y explican los que entienden de estas cosas, que la información que recibimos desde ese sentido, va directo a las amígdalas, que al parecer es donde se producen las sensaciones neuronales que nos conducen hacia las emociones más fuertes y primarias, especialmente el miedo.
El ser humano primitivo, vivía una vida en constante alerta, especialmente cuando se distanciaba de su grupo y usaba mucho más que ahora el sentido del olfato.
 Todo ello ha conformado que a pesar de que el olfato ofrece al cerebro una señal más débil que otros sentidos, nos hace reaccionar, instintivamente, de una forma más eficiente.

Y es por eso que los olores tienen esa capacidad asombrosa de transportarnos a momentos o vivencias de nuestra niñez o juventud. Y lo hacen con tanta facilidad, que despiertan detalles que teníamos aparentemente olvidados. Porque no solo el miedo es una emoción primaria; otras como el amor o la compasión tienen el mismo o más peso específico.
❋❋❋

Cuando hice el servicio militar, estuve separado de Montse, mi novia por aquel entonces, durante once meses. Estuve destinado en el Sahara, sin permiso durante todo ese tiempo. Nos carteábamos prácticamente a diario y la emoción del reencuentro fue muy grande. Yo no sé si fue la correspondencia o que en aquella situación, alejado de mi entorno de siempre, me formé una imagen idealizada. El caso es que a los veinte días, más o menos, de los cuarenta que me correspondían de permiso, rompí con ella.
Me costó y sufrí, pero mucho más, lo sé, sufrió ella. Tengo una imagen clavada en mi corazón de aquella chica rota en llantos, saliendo de mi coche, corriendo hacia su casa. No la volví a ver en años. La vida, a veces, es muy cinematográfica. Lo digo porque mucho tiempo después, supe de ella y de que había abierto una panadería, cerca de donde vivíamos con mi segunda mujer. Un domingo (1995) me armé de valor y visité la panadería. Me reconoció de inmediato, aunque apenas me miró. Me entregó un pan, me cobró. Le dije— «adéu Montse»— y contestó «adéu», sin decir mi nombre, pero mirándome a los ojos sin desviar la mirada, segura y posiblemente frenando la emoción, fuera cual fuera. Quizás odio, quizás ya no.
Lo cinematográfico es que, dos meses después, supe que tenía cáncer y algo más de un año después, murió. (1997) Han pasado 27 o 28 años.
Pero a lo que iba. Poco antes de romper con ella (volvemos a 1971), le pedí que me diera un frasquito de la colonia/perfume, que usaba. 
Ese frasquito no viajó conmigo a África. Se quedó en casa de mis padres con cartas y regalos que le había hecho y que me devolvió mediante un amigo. Cumplí el resto de la mili. Volví, conocí a mi primera mujer, tuvimos a Sara, mi hija, el auténtico amor de mi vida. Me divorcié, me volví a casar y me volví a divorciar. El frasquito siguió en casa de mis padres.
Muere mi padre, luego fallece mi madre y me voy a vivir a la que había sido nuestra casa desde niño. 
Hace unos días, en Sils, donde vivo ahora, en una caja que después de instalarme en Sils, y que puse en un trastero sin darle importancia, encontré el frasco.
No puedo explicar lo que sentí al abrir aquella botellita. Me explotaron los sentidos. Lloré un buen rato y aunque ya lo había hecho en 1971, en mi mente solo quería volver a pedirle perdón. De golpe, un rostro que ya prácticamente tenía olvidado, volvió a surgir en mi mente con la nitidez propia de un retrato de estudio. Volvió el sonido de su voz, el brillo de aquellos ojos negros y morunos y aquella sonrisa que ya nunca volví a ver. Todo despertó al percibir el olor de aquel perfume.

20/11/2024

Amable

No es un nombre muy común, pero era el suyo; Amable.

Hija de pescadores desde generaciones que se hunden hasta tiempos remotos en una familia con siete tumbas marineras, del siglo XIX,  en el cementerio de Finisterre.
Con diecisiete años fue «invitada» a buscarse la vida fuera del hogar y consiguió un empleo en la casa de un oficial de la Guardia Costera en el Ferrol, en plena guerra civil, (y que aún no tenía la coletilla de Ferrol del Caudillo).
Tareas del hogar: limpiar, cocinar...

Ella, toda la vida, se refirió a este señor y su esposa, como «sus padrinos» Vivió con ellos hasta que se casó con mi padre. Yo lo conocí, cuando décadas después estaba en su lecho de muerte y Amable fue a visitarlo y despedirse. Hicimos un viaje en un «600» desde Girona hasta el Ferrol.
Era mi madre.
Tuvo cuatro embarazos, que dieron como fruto tres hijos varones y una niña que murió en el parto. Hubiera sido mi única hermana y fue la anterior a mí. Amable lo sufrió en sobremanera y en cierta ocasión me dijo que a mí me esperaba niña.
¡Vaya por Dios! Qué desilusión…

Ella, que apenas había aprendido a escribir, leer despacio y los cálculos aritméticos más elementales, fue la encargada de enseñarme a mí, antes de que con seis años pisara una escuela por primera vez. En mi mente aún guardo la imagen de aquel comedor diminuto y los cuadernos en la mesa, el lápiz, la goma y el desespero de la pobre mujer al ver que yo estaba por cualquier «mosca» y no por los renglones de la libreta.

Hoy, 20 de noviembre, hubiera cumplido 104 años, pero un ictus maldito se la llevó un 14 de abril de 2006, día de Viernes Santo, después de veintidós meses de sufrimiento.
Ahora descansa en paz en nuestros recuerdos; los de aquellos a quienes ofreció su amor.

16/11/2024

Luna

Pues verás, querido amigo o amiga (si dudas, mírate al espejo, aunque ni eso es seguro hoy en día), esta noche era la luna llena del Castor. La llaman así en nuestro geo-entorno cultural más inmediato y aunque lo ignoro, sospecho que en nuestro «este lejano», la deben llamar de otro modo.
Ya no me molesto en fotografiar esas lunas que ridículamente tanto llenan espacios en las noticias de la tele. ¿Para qué? 
Prefiero hablar con ella. Desde muy niño, me tiene inquieto una especie de visión onírica que me aparece —yo diría que siempre— cuando tengo fiebres altas: Una luna llena o gibosa (casi llena) en un paisaje muy oscuro cuyas formas son difíciles de ver. Esa visión se acompaña con la sensación de acercamiento. Luego parece como que tomo consciencia de lo que es (un sueño) y desaparece, pero vuelve. Puede aparecer varias veces en una sola dormida.
Recuerdo de niño, haberlo comentado con mi madre que lógicamente me decía: —No es nada hijo; no te preocupes— Y no me preocupaba. Pero claro, como sesenta y cinco, o más, años después, no es que me preocupe, pero sí me llama la atención. ¿Es lo que llaman sueños recurrentes?

El caso es que ver la luna, hoy, me desveló, al punto de que encendí la radio (una radio IP de Internet) en la que tengo programadas emisoras que ofrecen una música deliciosamente calma y meditativa. Okanuh (a partir de ahora OKANU) duerme como un león panza arriba, así que no hay incordio alguno que haga tropezar el diálogo interior más sensible de mi mente. Y no porque Okanu sea un ladrillo; no. Su misión es contrarrestar siempre la forma en que me expreso, buscando un equilibrio. Pero hoy dormía.
Y la luna, su luz, la música y hasta el dolor en la pierna, me han abrasado el corazón. Brasas de agradecimiento a la vida. Agradecimiento que, humildemente, creo que no deberíamos olvidar.

25/09/2024

Removiendo el archivo



El 7 de marzo de 2011, salía del Hospital (J.Trueta, Girona) con solo una tercera parte del pulmón izquierdo. Las otras dos terceras partes tuvieron que quedarse en los laboratorios para los análisis postoperatorios pertinentes. Y como que esto, no es como cuando vas a reparar algún electrodoméstico que suelen enseñarte (o entregarte) las piezas sustituidas, pues ya nunca más supe de esa parte de mi anatomía que tanto añoro, cuando tengo que realizar algún esfuerzo. 
Mi padre, solo 20 años antes, aquejado de la misma dolencia, hizo metástasis y a los 11 meses del diagnóstico —Y que meses, por Dios !!— le pusieron el traje de pino.
Gracias a la ciencia, sigo vivo, aunque resople de vez en cuando. Sí, gracias a esa ciencia que los ignorantes critican porque, según ellos, «no saben nada y están cambiando de parecer cada poco tiempo» ¡Joder! Cómo odio esas estupideces.

Y la foto, ¿qué pinta?
La foto, según mis registros, de los cuales no tengo duda alguna, es la primera foto que hice, cuando ya estaba bien recuperado. Su fecha es del 28 de mayo del mismo 2011.


20/06/2024

El árbol

Qué tristeza sentí aquellos días finales del otoño, contemplando las últimas hojas de aquel árbol que fue frondoso en nuestras primaveras, cuando tímidamente, bajo sus ramas, explorábamos nuestros cuerpos. Apasionados y escondidos de cualquier mirada indeseada. Qué misterio oculta ese pasar de los tiempos, los de una vida, en que el árbol que cobijó nuestro amor, apenas ha cambiado, mientras que nosotros ya no somos dos, sino uno y un recuerdo.
Caerá su última hoja, como cesará mi último suspiro. Llegará una nueva primavera para él, pero no para mí... yo solo seré otro recuerdo.




10/06/2024

Luces y sombras


El catorce de Agosto de 2017 aún estaba en pleno proceso de enamoramiento de mi nuevo entorno inmediato. Era algo así como un emigrante, un "nouvingut", un nuevo vecino para el pueblo de Sils. 
Y ese día hice esta foto. Son las geometrías que dibuja la luz sobre porciones de mis terrazas. Entonces ya intuía que esos espacios se convertirían en lugar de introspección, de lectura y también de salud. Son mi sala de meditación, mi gimnasio y mi salón de lectura. Incluso en ocasiones se convierten en auditorio (con cascos, que no me gusta molestar). Todo está en función de la calma y silencio que las envuelva. Y claro, es cambiante. 

Por aquel entonces un amigo, el mejor que he tenido sin duda, llevaba años sugiriéndome que después de la jubilación, estaría mejor cerca de él y su familia y del grupo de amigos que conformábamos entre los de Sils y Vidreras. A mí me daba una pereza enorme, pero finalmente el cambio de domicilio se llevó a cabo. La ironía de esto es que 23 días después de este en que tomé la foto y solo dos meses y medio después de haber llegado al pueblo, mi amigo, fallecía en un accidente de bicicleta. 
La vida es como la foto; un conjunto de luces y sombras que se proyectan y que forman el dibujo de nuestra existencia. 

04/05/2024

Crucial y oportuno

Aquel periodo que transcurrió entre 1979 y 1984 resultó crucial. Mi aproximación al mundo del orientalismo a través del Yoga, le dio un giro importante a mi vida.
Quizás sea necesario explicar que lo que mayoritariamente se entiende hoy en día por yoga, nada tiene que ver con el Yoga que tuve la oportunidad de conocer. Hoy, me desalienta ver esa multitud de videos en YouTube que con la pretensión de mostrar tutoriales, lo único que se muestra es el cuerpo de unas señoritas ligeras de ropa (cuando no desnudez directamente). 
En cualquier caso, no se trata ahora de profundizar en la realidad del yoga, sino de mencionarlo como algo que me marcaría para el resto de mi vida. 
Todo empezó con un simple apuntarse a un centro donde se impartían enseñanzas para la práctica del Hatha Yoga y la meditación.

El «hatha yoga» para los que no sepan es el yoga físico y que consiste básicamente en esas exóticas posturas (asanas) y la ciencia de la respiración (pranayama). Ambas cosas, el mantenimiento prolongado de esas posturas a las que debe llegarse por relajación y no por esfuerzo, sumado al control de la respiración, ofrece enormes ventajas para la salud, tanto del cuerpo como de la mente. 

Hay otros tipos de Yoga, algunos, fruto de la occidentalización de la disciplina y otros tradicionales como el Kundalini Yoga, el Ashtanga, el Tantra, etc. Pero como digo, ya es corriente ver la palabra Yoga antecedida de nominales como «fitness» «power» «aero», etc.

El que fue mi profesor por aquel entonces, Saúl Martinez, tuvo el enorme acierto de que, aunque yo era un simple principiante, me propuso seguir los estudios del programa de Profesores de Yoga que proponía la I.Y.T.A. por aquel entonces.  Nuestra conversación desde un buen principio dejó claro que a mí no me interesaba titulación alguna, sino el conocimiento que emanaría de seguir el currículo durante los próximos cuatro años. Lo aceptó. 
Eso suponía adquirir conocimientos sobre el Vedanta, suponía profundizar sobre técnicas de meditación, realizar excelentes retiros, suponía conocer el Pranayama (respiración). Suponía conocer las propuestas religiosas del hinduismo y sus simbologías, conocer las bases fundamentales de la religión sin dios (budismo) e incluso una visión panorámica de la astrología y la medicina tradicional china. 
Sobre la astrología, puedo añadir que cursé (aparte) tres años (un tiempo después -1986-89-) solo para corroborar (más allá de las opiniones de terceros) que ni la predictiva, ni la humanista, sirven para nada, aunque si reconozco que para determinadas personas, puede ser una notable herramienta psicológica.

Como decía al principio, el giro vital que todo esto produjo, fue importante. Con el tiempo fui entendiendo que yo no era una persona «religiosa» a pesar de haber nacido en una familia que si lo era y de haber estudiado en un colegio religioso y que cualquier intento de serlo (esto daría para todo un libro) solo conseguía hacerme daño. La meditación pasó a ser un componente de mi día a día, casi imprescindible, y mi directriz de vida tiene bastante que ver con el Zen.
Quizás este escrito sirva para que algunos puedan entender mejor mi pasión por Japón
Siento mucho agradecimiento por haber tenido estas oportunidades y pido disculpas por hablar de mí, aunque, claro, de esto va (entre alguna cosa más) este blog. (Las etiquetas en la portada,  creo que son bastante descriptivas). En cualquier caso, gracias por leerme.

1984. En un retiro.


15/03/2024

Recuerdos borrados.

No consigo recordar a mi madre abrazándome. Consigo ver la imagen mental de aquella buena mujer, abrazando al menor de mis hermanos, a mi hija y mis sobrinos. Consigo recordar su voz corrigiéndome. Incluso la llego a visualizar en mi infancia más lejana, en casa, enseñándome las letras y los números, también con bastante severidad. Pero no la recuerdo ni abrazándome ni besándome.
Me pregunto cuál pueda ser la razón que me lo impide, sabiendo como sé que fue una buena madre. 

No recuerdo a mis padres en actitudes cariñosas entre ellos. Creo que eran excesivamente celosos y cuidadosos de mostrarse así en nuestra presencia.
Me pregunto que influencia puede tener eso en nosotros.
Me recuerdo a mí mismo, angustiado, apenado y con el corazón encogido, acompañándola en su lecho de muerte. 
Tristeza.

22/02/2024

Besos recordados.

Quizás olvidados, quizás recordados. A veces me pregunto si esa piel guarda memoria de aquellos besos apasionados que repartí por ese vientre bronceado.

Me pregunto si otras caricias los habrán borrado o si el haber contenido dos hijos, habrán provocado el olvido. Solo sé que despertaste aquello noble que habita en el fondo de mi ser. Solícita modelo para mis fotografías, amante prudente y contenida. Te imagino entrando en la época donde los recuerdos casi cristalizan. Treinta años después, aún me estremeces. Tu mirada siempre fue aquel lago profundo que yo interrogaba. 

✤✤✤