Recuerdo con frescura aquellos tiempos teñidos de verde esperanza, cuando nuestra juventud suspiraba anhelosa, por la llegada de vientos frescos, tras la muerte del dictador, como los que veíamos en otros países y que se llamaba democracia.
Pero si procuro no abandonar la objetividad, ahora, con el paso del tiempo, veo que ya por entonces, deberíamos habernos dado cuenta de se empezaba a establecer un retorno de la triste contienda; esta vez sin armas ni cañones, pero contienda igual y con iguales bloques. Un bloque rojo y un bloque azul o, como se decía en los tiempos bélicos: rojos y nacionales. Ahora usamos un eufemismo: Izquierdas y derechas.
Medio siglo después, aquellos vientos de frescura, huelen a mierda y cementerio. Seguimos en una guerra civil sin armas ni sangre (de momento), pero que está ahí presente en una sociedad adormecida.
Con un agravante: Al principio de los años treinta del pasado siglo, los índices de analfabetismo, lejos de ser un factor desencadenante, eran un freno que posibilitaba una reflexión más lenta y serena. Ante la duda y una información escasa, la gente rumiaba aquello que le daban a conocer, sin prisa, con tiempo. Solo después tomaba criterio. (Evidentemente, no estoy defendiendo el analfabetismo)
Hoy, casi cien años después, prácticamente todos sabemos leer. El problema es que no sabemos qué leemos ni qué veracidad tiene. Y, por si fuera poco, cientos de opinadores acuden a la cuestión, sobresaturando la información. El resultado es que aquella reflexión lenta y serena ha mutado a reacciones viscerales. Y así nos luce.

Me quedo con el titular. Seguimos igual (de mal)
ResponderEliminarSeguimos de Guatemala a Guatepeor. Desmejorando lo presente.
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